La isla que no necesita presentaciones
A Toxa, un estandarte del turismo que se resiste a morir
Este preciado territorio insular sigue siendo un imán para los visitantes

Ambiente en A Toxa esta Semana Santa. / M. Méndez

La isla grovense de A Toxa, para muchos La Toja, está a rebosar esta Semana Santa. Su nombre, tanto en gallego como en castellano, es sinónimo de turismo, por muchos defectos que presente en la actualidad y a pesar del deterioro acumulado en los últimos años.
Pero «A Toxa es A Toxa», como bien dicen muchos, y su visita es obligada para buena parte de los turistas que hacen una escapada a Galicia y también para no pocos gallegos que se desplazan a O Grove, Pontevedra u otros puntos de las Rías Baixas.
Si a esto se suma que están en la isla casi todos los que tienen en ella su segunda residencia, es fácil de explicar lo abarrotada que está estos días, a pesar de que esté cerrado un establecimiento tan emblemático como el cinco estrellas Gran Hotel La Toja, que no reabrirá sus puertas hasta principios del mes que viene.

Una mujer disfrutando del descanso en A Toxa. / M. Méndez
Los que sí están operativos son el cuatro estrellas Isla de La Toja y el Talaso Louxo La Toja, también pertenecientes a la cadena Eurostars, del grupo hotelero Hotusa.
Abierto está, igualmente, el Beach Club La Toja, con instalaciones como las canchas de tenis y pádel –junto con un campo de croquet– a escasos cincuenta metros del puerto deportivo gestionado por el Club Náutico Isla de La Toja.
Son todos ellos algunos de los atractivos de la turística isla meca. Instalaciones y servicios que estos día se benefician de la masiva afluencia de visitantes y del buen tiempo reinante, al igual que sucede con el Real Club de Golf Isla de La Toja, otra de las joyas insulares que atraen visitantes.
Sin salir de A Toxa, que hace tiempo perdió gran parte de su potencial, al suspenderse los afamados campeonatos de tiro de pichón y desmembrarse el Casino La Toja, hay que decir que el turista se deja ver y se fotografía al lado de la capilla de San Caralampio, popularmente conocida como capilla de conchas.

Un cuatriciclo ante el Gran Hotel La Toja. / M. Méndez
Y hablando de conchas y joyas, no pueden faltar las «collareiras», que con sus collares, pulseras y demás abalorios artesanales –la mayoría hechos a mano– forman parte de la historia de la isla y el pueblo de O Grove.
Una actividad que se complementa con la ofrecida en el centro de artesanía O Redondo y en el centro comercial La Aldea, aunque, cabe insistir, nada de esto es ya lo que era.
Aún así, no dejan de recibir turistas, como también sucede en el espacio museístico de la Fábrica de Jabones La Toja, acaparando tantas miradas como el parque infantil de la Aldea Grobit y, por supuesto, la parcela que al lado ocupan los burros «fariñeiros» (Equus asinus).
Estos últimos no dejan de recibir visitantes. Sobre todo familias que, con niños pequeños, se acercan a esos mansos animales que se dejan acariciar y alimentar, aunque esto último no esté permitido.

Una familia observando y acariciando a los burros «fariñeiros». / M. Méndez
Cientos de personas, más bien miles, pasean estos días alrededor de ese privilegiado terreno ocupado por los pollinos –justo a la entrada de la isla– y por la red de senderos que serpentean a lo largo y ancho del Parque Forestal Xoaquín Álvarez Corbacho, así como por las diferentes calles existentes en la isla meca.
Pasean o dan pedales, ya que los tradicionales cuatriciclos de A Toxa non dan abasto esta Semana Santa, también aprovechada por los ornitólogos y amantes de la naturaleza en general, ya que esta isla constituye una atalaya privilegiada para observar aves.
Especialmente ahora que se desarrolla el movimiento migratorio prenupcial, con el que se enriquece la ya importante presencia de limícolas, ánades y demás especies en este punto del Complejo Intermareal Umia-O Grove.

Jugadores en el campo del Real Club de Golf La Toja. / M. Méndez
Puestos a citar atractivos no hay que olvidarse tampoco del Casino La Toja, que además pone en marcha esta Semana Santa una nueva estrategia, consistente en sumar a su oferta tradicional actuaciones socioculturales complementarias, tales como el monólogo con el que Manu Partida animó el Viernes Santo.
La idea es «ofrecer una programación en directo orientada a ofrecer nuevas experiencias de ocio y entretenimiento en un enclave diferencial», sostiene Ángel Expósito, gerente de Casino La Toja.
«Estamos trabajando en una programación pensada para acercar a la isla propuestas de ocio diferentes, atractivas y alineadas con una experiencia de entretenimiento de calidad», añade.

Uno de los puestos de collares y demás abalorios. / M. Méndez
El monólogo del sevillano Manu Partida, por cierto, «fue un espectáculo que combinó humor, improvisación y una conexión constante con el público durante 90 minutos que logró superar todas las expectativas en una sala entregada a las carcajadas».
Los asistentes «disfrutaron de una propuesta fresca, dinámica y muy participativa, salpicada de momentos de improvisación», esgrimen en el Casino.
En definitiva, que sin ser lo que fue en sus tiempos de esplendor, la isla de A Toxa sigue teniendo mucho que decir en el panorama turístico de O Grove y Galicia. Y eso se nota de nuevo esta Semana Santa.
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