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Los catamaranes se erigen como una de las grandes bazas turísticas de la ría
Las navieras que operan en O Corgo pasean a miles de visitantes entre bateas y delfines

Gente bailando a bordo del catamarán «Fly Delfín». / M. Méndez

Los catamaranes de O Grove vuelven a posicionarse como una de las principales bazas turísticas no solo de esta localidad, sino de toda la ría y de Galicia entera, recibiendo a miles de visitantes durante toda la Semana Santa llegados desde diferentes partes del mundo y de casi todas las regiones de España.
Turistas que se suben a bordo para saborear mejillones y ostras a bordo, además de familiarizarse con el cultivo en batea y deleitarse con el paisaje.
Una decena de barcos pertenecientes a las diferentes navieras que operan en el puerto de O Corgo están «haciendo su agosto» en abril, gracias al buen tiempo reinante y el indudable atractivo de la Ruta de los Mejillones.

Degustación de mejillones tras la visita a Sálvora. / M. Méndez
Como también gana adeptos la visita a la isla de Sálvora, donde disfrutar del contacto con la naturaleza casi en estado salvaje, acercarse al ya remodelado faro y adentrarse en la enigmática aldea de esta joya del Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia.
A esas visitas a Sálvora y la popular ruta entre bateas y embarcaciones tradicionales, que generan un constante zarpar y amarrar de catamaranes, se suma el funcionamiento de restaurantes marineros como el de Cruceros do Ulla Turimares.

Una viajera ofrece un mejillón a una gaviota. / M. Méndez
En este caso a bordo del «Fly Delfín», y con un precio de 40 euros, permite surcar la ría y acercarse a la costa de Punta Moreiras, O Carreiro y As Pipas mientras se degustan mejillones, ostras en vinagreta, abundante arroz de mariscos, tarta de Santiago, vino, refrescos y chupitos.
Cabe destacar, igualmente, la posibilidad de surcar la ría al lado de delfines mulares (arroaces) que no dejan de acercarse a los barcos de pasaje grovenses.

Los catamaranes de O Grove fueron uno de los grandes atractivos del Viernes Santo. / M. Méndez
Ni que decir tiene que la diversión a bordo está asegurada, y no solo por la belleza del entorno, sino también por el vino y la música, capaces de conseguir que la imagen del regreso a puerto sea casi siempre la misma: viajeros cantando, bailando y saltando en cubierta.
«Es la primera vez que venimos a Galicia y estamos viendo que esto es absolutamente maravilloso e inolvidable», explicaba Alejandro, un ciudadano venezolano que junto a su pareja tinerfeña y su hija viajaron desde Barcelona para recorrer la geografía gallega y el norte de España.
«De todo lo que hemos visto, O Grove y esta ría es lo más bonito que nos hemos encontrado», sentenciaba a su regreso a puerto en el «Fly Delfín» tras realizar la ruta del restaurante marinero.
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