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Área sanitaria de Pontevedra- O Salnés

Enfermos de covid persistente exigen atención: «Hay cientos de infradiagnosticados, perdidos, pululando por las consultas»

Según el índice usado por Asgacop, en el área sanitaria de Pontevedra-O Salnés podría haber más de 3.800 afectados

Reclaman diagnósticos y protocolos específicos porque «no son secuelas, es una nueva enfermedad»

El vilagarciano Xosé Freire es uno de los afectados y miembro de la asociación gallega Asgacop.

El vilagarciano Xosé Freire es uno de los afectados y miembro de la asociación gallega Asgacop. / Noé Parga

Vilagarcía

Para la mayoría, el covid solo es una pesadilla pasada, pero una parte de la población sigue sufriéndolo y conviviendo con sus síntomas más incapacitantes ante una administración impasible, según denuncian. Tanto es así que se han organizado en colectivos como la Asociación Galega de Covid Persistente (Asgacop).

Uno de sus miembros es el vilagarciano Xosé Vicenzo Freire, que en estos años se ha convertido en uno de los rostros visibles del problema en el área sanitaria de Pontevedra-O Salnés. Hasta parece el único ante sus múltiples apariciones en los medios, pero está convencido de que no, de que muchos «pululan perdidos» por las consultas de la Atención Primaria sin saberlo.

El infradiagnóstico y la «falta» de una asistencia específica son dos de los principales caballos de batalla del colectivo tras el desmantelamiento de las unidades multidisciplinares para atender a estos enfermos crónicos y por lo cual, recientemente registraron una queja ante la Valedora do Pobo.

Los datos oficiales indican que en Galicia hay unos 400 diagnosticados, pero Asgacop aplica los índices de incidencia de organismos internacionales, como la OMS, teniendo en cuenta el número de contagios. Así, aunque hace tiempo que dejaron de contabilizarse, estiman que está muy lejos de la realidad, elevando los afectados a más de 100.000.

En el caso del área sanitaria Pontevedra-O Salnés, aplicando la fórmula, es decir, que entre un 5% y un 20% de los contagiados desarrolló la enfermedad, y cruzándolo con los infectados contabilizados a febrero de 2023 -a partir de entonces llegó la desescalada-, que era de 77.000, se podría estar hablando de que hay por los menos 3.800.

Una cuestión que quieren dejar clara es que «no son secuelas», como si fuera una gripe mal curada, «sino una enfermedad crónica que se desarrolló tras la infección y que continúa dañando el organismo. Confundir ambas realidades minimiza el problema y transmite una imagen incorrecta» de la situación, lamentan.

Diagnóstico por descarte

Una nueva patología que, como ya sucedió con la fibromialgia, trae retos consigo. De hecho, el diagnóstico «se hace por descarte, basado en la clínica, no en pruebas objetivas, no hay un marcador», explica la secretaria de la asociación, María Fernández Pita, reconociendo también la dificultad, teniendo en cuenta que han llegado a documentarse más de 300 síntomas diferentes. Sin embargo, no comparten el trato del Sergas ante tales cifras de incidencia.

La lidia que relata este vilagarciano, exprofesor e investigador de Historia, dibuja un trasiego por especialistas y pruebas como sin ton ni son que casa con una de las principales reclamaciones del colectivo: «Un enfoque diferente ante sus efectos sistémicos y multiorgánicos, con un protocolo de asistencia integral, circuitos asistenciales específicos, criterios unificados de diagnóstico y una atención coordinada entre centros de salud y hospitales, programas de rehabilitación…».

Reconocen también que en su camino han topado con profesionales voluntariosos y sobre todo destacan a la unidad de Ourense donde, precisamente, se realizó el mayor número de diagnósticos. Pero claman contra que los afectados por «una enfermedad altamente incapacitante» estén sujetos a esta suerte de azar.

Xosé Vicenzo aún se siente algo afortunado porque desde 2023 ha notado una «leve» mejoría. Al principio «casi no podía andar y tenía que tirarme en la cama tras llegar a casa del trabajo» y «ahora puedo andar, pero vivo con muchas limitaciones. No puedo correr, en absoluto; de repente me invade un cansancio tremendo, se me abre la boca continuamente como si llevara dos días sin dormir y siento taquicardia como si hubiera corrido un maratón. Luego está la niebla mental, no te acuerdas de las cosas como antes. Y eso que no fui un caso gravísimo de tener que llegar a la intubación», explica, describiendo algunos de los síntomas más frecuentes.

«Olvidó varios idiomas»

Y aunque cada palo aguanta su vela, también se siente así cuando escucha a otros afectados de la asociación: gente que vive con una botella de oxígeno, otro que «sabía varios idiomas y los olvidó…». E incluso con el hecho de que le pilló cerca de la jubilación, pues explica que prevalecen las personas de entre 40 y 50 años: «Mucha gente en edad laboral que debe conseguir la incapacidad permanente absoluta, que no es fácil, la Seguridad Social suele ser reticente y en todo caso se tarda o tienes que acabar recurriendo a los tribunales. Y en la privada puede ser peor, puede que te despidan. Como mínimo se debería hacer un censo porque estoy convencido de que hay mucha gente infradiagnosticada, perdidos por las consultas sin saber lo que tienen».

Esta es una de las principales luchas, pues la Xunta cerró la última unidad alegando una reducción de la demanda asistencial y derivando los posibles casos a los hospitales de referencia, el mismo año que el Ministerio de Sanidad reconocía el covid persistente como enfermedad crónica.

Según Fernández Pita, ciertamente la incidencia se fue reduciendo con las últimas olas y por la «consecuencia positiva innegable» de las vacunas en términos pandémicos. También hay quien «se recupera relativamente, otros mejoran en el manejo de sus síntomas, pero muchos otros no y otros fallecieron». Por eso pelean, porque aún hay gente viviendo la pesadilla seis años después.

«Me aconsejaban intentar hacer algo de ejercicio y yo no podía ni andar»

El vilagarciano Xosé Vicenzo Freire era uno de lo usuarios de la unidad multidisciplinar habilitada en el área Pontevedra- O Salnés y no comparte una experiencia muy buena. «El médico siempre me decía, tranquilo, ya mejorarás. Me llegó a decir que intentara hacer ejercicio, que usara una bicicleta estática cuando no podía ni andar. Estaba deseando darme el alta, aunque he conseguido que aún me atienda otra vez, que por lo menos me siga haciendo pruebas a modo de control de mi estado de salud. Yo creo que esta unidad nunca funcionó realmente, solo estaba en el papel. Sinceramente, tengo la sensación de que la intención es negar que existe la enfermedad y así desaparece el problema para la administración. Llegué a pedir que me mandaran a Barcelona donde al parecer había algo que funcionaba mejor, pero claro, eso es un gasto para el Sergas. Te sientes abandonado». Este profesor de instituto se contagió en 2023 e intentó seguir trabajando, pero llegó a un momento que lo vio «imposible», por él y por los trastornos ocasionados a la labor docente. Lo que mantiene es su faceta de investigador, «lo que puedo, pero si me canso puedo parar sin fastidiar a nadie».

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