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La aplicación de tratamientos en la vid empieza precipitadamente y mal

Preocupa el empleo de fungicidas con viento, material inadecuado y al lado de ríos y viviendas

Ya se han visto los primeros casos en la DO Rías Baixas

Aplicación de tratamientos fitosanitarios en el viñedo, esta mañana.

Aplicación de tratamientos fitosanitarios en el viñedo, esta mañana. / Iñaki Abella

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Val do Salnés

Aunque el riesgo de evolución de plagas como el mildiu no exista actualmente y únicamente se aconsejen tratamientos fitosanitarios con carácter preventivo durante los próximos días –en caso de que lleguen las lluvias–, resulta que hay viticultores que ya llevan días aplicándolos.

Lo llamativo es que mientras con cada vez más las bodegas y cooperativas que abogan por reducir el empleo de fungicidas, hay productores empeñados en cargar las plantas de productos químicos, en muchos casos dejándose llevar por criterios o creencias ancestrales.

Y no solo eso, sino que, incumpliendo todas las leyes y normas de seguridad existentes, los hay que lanzan el sulfato a diestro y siniestro, sin importarles el viento que haga ni la proximidad a cauces fluviales, pozos o viviendas.

Es una amenaza para la salud y el medio ambiente que, aunque venida a menos, sigue preocupando a la ciudadanía, como también al propio sector vitivinicultor.

De ahí que ahora salgan a relucir la quejas de algunos productores, bodegueros y vecinos que en la última semana han podido comprobar que hay viñedos de la Denominación de Origen Rías Baixas en los que se está repartiendo producto fitosanitario «sin necesidad».

Y no solo eso, sino que, a pesar de lo escasa y pequeña que es aún la hoja y de que la brotación solo empieza a arrancar, algunos lanzan los fungicidas empleando atomizador, lo cual, además de no servir de nada desde el punto de vista preventivo, supone un derroche económico y un ataque medioambiental evitable.

Aplicación de fungicidas con atomizador en Ribadumia, esta mañana.

Aplicación de fungicidas con atomizador en Ribadumia, esta mañana. / Iñaki Abella

Sobre todo en el caso de aquellos que emplean los fungicidas al lado de ríos y sin importarles las fuertes rachas de viento que se registran desde hace días.

Por poner un ejemplo concreto, cabe citar el caso de un viticultor de Ribadumia que esta mañana aplicaba sulfato cuando soplaba viento a una velocidad de 13,4 kilómetros por hora, registrándose rachas de hasta 27, según constaba en la estación meteorológica de Barrantes. Y no hay que olvidar que «nunca deben aplicarse tratamientos con vientos superiores a 10,8 kilómetros por hora», como bien se encargan de recordar los técnicos de la Estación Fitopatológica de Areeiro (EFA).

Los mismos, por cierto, que recomiendan usar pistola en lugar de atomizador en las parcelas de menor tamaño y «no tratar nunca en zonas próximas a viviendas y cursos de agua».

El viticultor antes aludido no solo usaba atomizador y aplicaba el tratamiento con más viento del permitido, sino que lo hacía a escasos metros del río Umia.

Al hilo de esto, recordar que en los últimos años se han registrado multitud de quejas vecinales en diferentes ayuntamientos vinculados a la DO Rías Baixas relacionadas con el uso de atomizadores muy cerca de sus viviendas, llegando a provocar que las partículas que se desprenden de los plaguicidas alcancen el interior de las casas.

Ni que decir tiene que este tipo de prácticas, detectables tanto en la subzona productora de Val do Salnés como en las de Soutomaior, O Rosal, Condado y Ribeira do Ulla, son claramente contrarias a lo establecido por el Real Decreto 1311/2012, de 14 de septiembre, en el que se establece el marco de actuación para conseguir un uso sostenible de los productos fitosanitarios «mediante la reducción de los riesgos y los efectos del uso de los productos fitosanitarios en la salud humana y el medio ambiente».

Ese real decreto establece que «cuando se apliquen productos fitosanitarios se respetará una banda de seguridad mínima, con respecto a las masas de agua superficial, de 5 metros, sin perjuicio de que deba dejarse una banda mayor, cuando así se establezca en la autorización y figure en la etiqueta del producto fitosanitario utilizado».

Para añadir que «se evitarán todo tipo de tratamientos con vientos superiores a 3 metros por segundo (10,8 km/h)» y «se tomarán todas las medidas necesarias para evitar la contaminación puntual de las masas de agua».

Medidas tales como «no llenar los depósitos de los equipos de aplicación directamente desde los pozos o puntos de almacenamiento de agua, ni desde un cauce de agua, excepto en el caso de que se utilicen equipos con dispositivos antirretorno o cuando el punto de captación esté más alto que la boca de llenado».

Además, y esto es algo que tampoco se cumple siempre, «los puntos de agua susceptibles de contaminación por productos fitosanitarios, tales como los pozos situados en la parcela tratada, deberán cubrirse de forma que se evite su contaminación».

Aplicación de tratamientos antimildiu en viñedos de la DO Rías Baixas.

Aplicación de tratamientos antimildiu en viñedos de la DO Rías Baixas. / M. Méndez

El real decreto también es concluyente cuando prohibe sulfatar zonas que nada tiene que ver con la viña que se está tratando, de ahí la necesidad de saber elegir entre boquilla y pulverizador, la prohibición de actuar con viento excesivo y la exigencia de «interrumpir la pulverización en los giros y, en su caso, al finalizar las hileras de cultivo».

Otro dato a tener en cuenta: «Las operaciones de regulación y comprobación del equipo de tratamiento se realizarán previamente a la mezcla y carga del producto fitosanitario, y al menos a 25 metros de los puntos y masas de agua susceptibles de contaminación».

Eso sí, tomando siempre las medidas que sean necesarias «para que la mezcla y llenado del depósito del equipo de tratamiento no suponga un peligro para la salud humana y el medio ambiente».

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