Sanidad
Daniel Dorado libra una batalla judicial por su padre tras un presunto error médico
La familia de Agapito Dorado, vilagarciano de 49 años, reclama 1,5 millones para costear terapias y cuidados tras el daño cerebral sufrido después de una reacción anafiláctica por metamizol

Agapito Dorado pasa ahora sus días en una residencia en Vigo sin poder hablar ni moverse. / Cedida
Daniel Dorado lleva año y medio sosteniendo una lucha que mezcla dolor, desgaste económico y una carrera contrarreloj por garantizar unas condiciones de vida dignas a su padre, Agapito Dorado de la Fuente, un vilagarciano de 49 años cuya salud cambió de forma radical tras un ingreso hospitalario por pancreatitis aguda. La familia ha emprendido acciones judiciales y reclama una indemnización de 1,5 millones de euros para afrontar los tratamientos y cuidados que precisa de por vida, después de que, según sostiene, se le administrase metamizol pese a antecedentes previos de reacción anafiláctica.
El relato de Daniel sitúa el origen de todo en el 15 de julio de 2024. Su padre había ingresado por una pancreatitis que, según explica, logró estabilizarse en apenas cuatro días. Sin embargo, durante la hospitalización se le suministró un medicamento al que ya había reaccionado gravemente en ocasiones anteriores. «Mi padre ingresó por una pancreatitis y se le administró accidentalmente un metamizol al que ya había tenido una reacción anafiláctica previa», resume. Según detalla, constaban episodios anteriores en 2020 en O Salnés, en 2022 en Ourense y en 2024 en Montecelo.
A partir de ahí, la evolución fue devastadora. La reacción anafiláctica derivó en un shock severo y en una parada cardiorrespiratoria que, según la versión de la familia, se prolongó durante unos 15 minutos. Agapito permaneció en coma dos semanas y pasó cerca de nueve meses ingresado en Montecelo. Las secuelas fueron irreversibles: daño cerebral severo, tetraparesia y afasia de Broca. Hoy comprende lo que se le dice, pero no puede hablar ni moverse con autonomía. «Me decían que no iba a salir, que no iba a responder a ningún tipo de estímulo ni orden», recuerda su hijo, que denuncia además la incertidumbre vivida durante aquel proceso, con pronósticos distintos según el facultativo que lo atendiese cada día.
La familia sostiene que el propio Sergas admite lo sucedido en los informes clínicos y que la demanda ya fue presentada y admitida a trámite. El principal frente se libra ahora contra la aseguradora. Daniel asegura que la valoración del daño realizada por su perito se sitúa en torno a los 800.000 euros, dentro de una reclamación global cercana al millón y medio, mientras que la compañía rebajaría esa cifra a 200.000 euros al aplicar una esperanza de vida de cinco años. «Mi padre no tiene una enfermedad terminal. Nadie tiene una bola de cristal. Lo están tratando como una cifra», lamenta.

Daniel Dorado defiende ahora judicialmente la situación de su padre. / Cedida
Tras perder una plaza en neurorehabilitación en Quirón Salud al no recibir el alta cuando estaba prevista por un proceso febril, Agapito fue derivado primero a una residencia en Santiago y después al CRAPD Vigo I, un centro público en el que permanece actualmente. Daniel denuncia que los gastos cotidianos siguen recayendo en la familia. «Tengo que poner yo medicamentos, cremas y productos de aseo para todo», afirma. También critica la falta de continuidad asistencial durante los traslados entre Santiago, Montecelo, O Salnés y Vigo, así como la ausencia de seguimiento especializado. «En año y medio que mi padre está con daño cerebral nunca ha venido un neurólogo a verlo ni a valorarlo», sostiene.
La batalla judicial convive con otra igual de dura: la económica. Daniel ha impulsado campañas de micromecenazgo, sorteos solidarios y venta de pulseras y llaveros bajo lemas como «Todos con Agapito», además de difundir la historia en la cuenta de Instagram «Luchando por mil sonrisas de mi papá». Gracias a esa movilización logró llevar a su padre a una terapia centro de neurorrehabilitación en A Coruña, con un desembolso «de unos 10.000 euros entre terapias, desplazamientos y el alquiler de una furgoneta adaptada». Ahora busca fondos para mantener la logopedia y otros apoyos privados que considera imprescindibles. «Las terapias son cruciales. El tiempo es oro», insiste.
Mientras aguarda por la audiencia previa antes del juicio, Daniel se aferra a una idea: que su padre reciba los cuidados que necesita y que la compensación sirva para sostener una atención de por vida. «No estamos pidiendo nada que no le corresponda», subraya. Su lucha, asegura, no es solo por una indemnización, sino por evitar que Agapito quede reducido a una cama y a un pronóstico. «Si es por ellos, mi padre se muere en cinco años. Lo dejarían en una cama tirado».
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