La brotación de la vid hará preciso tratamiento antimildiu en cuanto lleguen las lluvias
El desigual desarrollo de los predios hace innecesaria una intervención global, pero se puede actuar preventivamente en los más avanzados

La aplicación de los primeros tratamientos en abril del año pasado. / M. Méndez

Aunque la poda finalizó no hace mucho en los viñedos que sufrieron las consecuencias del tren de borrascas, hay predios podados ya en noviembre y diciembre donde el desarrollo foliar y la brotación están ya avanzados.
Es por ello que si bien ahora mismo no hay riesgo de expansión de patógenos como el mildiu, será necesario empezar a aplicar tratamientos fitosanitarios con carácter preventivo en cuanto lleguen las precipitaciones, que se esperan para la próxima semana y, a priori, serán débiles.
En las viñas más avanzadas –con las hojas más desarrolladas–, y sobre todo, en las menos aireadas, incluso podrían empezar a utilizarse fungicidas sistémicos antes de esas lluvias, pero sin que esto deba preocupar en exceso a los viticultores.

La poda del viñedo alcanza su ecuador. / M. Méndez
En ello abundan los técnicos de la Estación Fitopatológica de Areeiro (EFA), donde explican que si a partir del lunes se registran lluvias durante cuatro o cinco días seguidos, «habrá que aprovechar los posibles periodos secos que se puedan producir para aplicar un potencial tratamiento».
Hay que tener presente, y así lo destacan también desde el centro dependiente de la Diputación de Pontevedra, que las temperaturas tampoco están siendo lo suficientemente elevadas como para favorecer la evolución del patógeno, de ahí que la calma impere ahora mismo en el sector vitivinicultor.
Más aún tras constatar que en las parcelas de seguimiento de la propia EFA no se encontraron todavía síntomas de la enfermedad.
En cuanto aparezcan quizás lo hagan primero en la subzona de O Rosal, teniendo en cuenta las precipitaciones registradas allí el pasado 21 de marzo.

Los viticultores ya se emplean a fondo para luchar contra el mildiu. / M. Méndez
Sea cuál sea la decisión que adopte cada viticultor o bodega sobre el momento de empezar a aplicar tratamientos preventivos, lo que hay que hacer es respetar siempre las normas y buenas prácticas establecidas, tales como «adecuar el volumen de aplicación y el tipo de boquilla» al aún reducido desarrollo vegetativo, además de «usar pistola mejor que atomizador en las parcelas de menor tamaño».
La EFA insiste en ello, como también en la necesidad de evitar cualquier tratamiento con vientos superiores a 10,8 kilómetros por hora y «tener máxima precaución en las zonas próximas a viviendas o lugares de uso público y cursos de agua».
Se trata, lógicamente, de actuar aplicando el sentido común para, como indican desde la EFA, que la protección de los cultivos resulte compatible con la protección de las personas y el medio ambiente.
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