Los productores de mejillón temen al sargo, una «piraña» que amenaza la cría en las bateas gallegas
Los acuicultores alertan sobre la voracidad del pez, que arrasa la mejilla, no solo arrancándola de las piedras, sino también de las cuerdas

Imagen de archivo del encordado de cría (mejilla) en una batea. / M. Méndez

Como cada año por estas fechas, el sargo común (Diplodus sargus sargus) vuelve a hacer de las suyas. Este voraz pez de fuertes y afilados dientes incisivos, con potentes molares que emplea para triturar la concha de sus presas, se alimenta de moluscos y otros pequeños invertebrados bentónicos que desentierra del sedimento, arranca de las piedras o extrae directamente de las cuerdas de cría de mejillón.
Esa, la mejilla, es la que más sufre la presencia de esta especie que alcanza la madurez sexual al llegar a los dos años –17 centímetros– y se reproduce entre enero y marzo.
De ahí el apetito que ahora tienen los ejemplares juveniles y su creciente presencia en las bateas de cultivo de mejillón, tal y como destacan los bateeiros, entre quienes se conoce a este pez como «una especie de piraña».

Así recolectan mejilla los bateeiros gallegos. / M. Méndez
Llega a pesar 4 kilos y vive en fondos de piedra, entre 2 y 50 metros, aunque los más jóvenes ocupan zonas de arena y fango, a menor profundidad, siendo la bateas de mejillón y ostra uno de sus refugios preferidos en las rías gallegas.
Los juveniles forman bancos numerosos que pueden verse con relativa facilidad cerca de la orilla, en puertos, arrecifes, rocas de rompiente y prados de posidonia, mientras que los adultos son solitarios y, según los expertos, suelen frecuentar la zona del rompeolas, sobre todo de madrugada.
«En esta época del año siempre suelen comer la cría (mejilla), pero esta vez parece que se está notando más de los habitual, tanto en las cuerdas de las bateas como en las piedras de la costa», esgrime uno de los bateeiros consultados.

El sargo es un pez frecuente en la costa rocosa y las bateas que tiene cuerpo ovalado, comprimido por los lados, y boca pequeña. De color gris plateado, con líneas estrechas verticales, En la cola luce una gran mancha negra. A través de la plataforma pescadeRías de onde senón?, la Consellería do Mar indica que «puede llegar a medir 45 centímetros, aunque lo normal son los 20 o 25». / FdV
A su juicio, el de los sargos es «un problema añadido» a la escasez de cría y a todos los daños y pérdidas sufridos por el sector desde hace medio año, tanto a causa del fuerte episodio tóxico otoñal como a consecuencia del posterior tren de borrascas, que no solo causó destrozos en los viveros flotantes, sino que también provocó importantes desprendimientos de mejillón comercial y una preocupante mortandad a causa del descenso de la salinidad, a su vez derivado del aumento de agua dulce.
«¡Y ahora las pirañas!», exclama otro de los productores consultados por FARO DE VIGO al referirse a la acción de los sargos.
«Cuando llega la primavera y suben las temperaturas se dispara la presencia de los sargos en las bateas y las piedras, causando estragos tanto en las cuerdas de cría como en sus poblaciones naturales», esgrime.
Cita como ejemplo este acuicultor que la semana pasada un compañero había identificado una zona rocosa de la costa atlántica repleta de semilla. «No era grande, pero la piedra estaba totalmente cubierta, así que decidimos ir a la mañana siguiente para recogerla y empezar a encordar», argumenta.
Su sorpresa llegó cuando, tras personarse en el lugar, comprobaron que «la piedra había sido arrasada por los sargos».
«Les encanta la cría y no solo la arrancan de las piedras, sino también de las cuerdas», apunta otro productor.

Tarci Ávila, con uno de los ejemplares capturados en la primera gira. En Cabo Udra /
En este caso los sargos destrozan la fina red biodegradable con la que se sujeta la mejilla a la cuerda para que se agarre y siga creciendo. Al hacerlo no solo comen y/o rompen parte de esos alevines de mejillón, sino que hacen que los demás se caigan al fondo.
«En una ocasión trasladamos cestos con cuerdas de cría de una batea a otra y volvimos a por más, encontrándonos al llegar con el segundo cargamento de mejilla con la desagradable sorpresa de que los sargos ya habían atacado el primero, y dado que la cría recién encordada no se sujeta por sí sola, habían dejado la cuerda limpia», manifiesta otro acuicultor.

Manuel Méndez
«Es un problema enorme que se agudiza en las bateas que están cerca o encima de piedra porque a los sargos les encanta la mejilla –añaden en el sector–, y si además coincide que estamos realizando el encordado –cuando se sujeta la cría a las cuerdas– o bien el desdoble –cuando se manipula el mejillón para distribuir el peso de una cuerda en varias y que siga creciendo–, lo que se consigue es atraer a más sargos, ya que siempre rompe mejillón y acuden al alimento como si fueran pirañas atraídas por la sangre».
Es tan compleja la situación que «desde marzo hasta octubre hay bateas en las que resulta imposible desdoblar sin sufrir el ataque de los sargos», sentencian los bateeiros.
Los mismos que, preguntados sobre la situación actual del sector, esgrimen que «el mejillón sigue muy delgado –está en pleno desove– y la cría que nos estamos encontrando en las piedras es demasiado pequeña».
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