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Conflicto laboral

Trabajadoras de la Escola Infantil Municipal de Vilagarcía protestan de nuevo por la incertidumbre del servicio

La plantilla del centro exige respuestas y el cumplimiento de los compromisos políticos

Un momento de la concentración de ayer en Ravella. | FIRMA

Un momento de la concentración de ayer en Ravella. | FIRMA

Vilagarcía

La situación de la Escola Infantil Municipal de Vilagarcía volvió ayer a la calle. Las trabajadoras del centro protagonizaron una nueva concentración ante el Concello para visibilizar un conflicto que, lejos de encauzarse, sigue abierto entre la incertidumbre sobre el modelo de gestión, la demora en la regularización del servicio y las consecuencias económicas que, según denuncian, está soportando la plantilla. La movilización fue la segunda celebrada en pocas semanas y sirvió para reiterar la exigencia de una respuesta inmediata por parte del gobierno local.

El malestar del personal se apoya, sobre todo, en la ausencia de pasos concretos después de los compromisos políticos adquiridos a comienzos de año. Las trabajadoras recuerdan que en enero se dio luz verde en pleno a la celebración de una reunión con los grupos municipales para abordar el problema de la escuela, pero aseguran que, a día de hoy, ese encuentro sigue sin convocarse. Esa falta de movimientos alimenta la sensación de que el conflicto continúa enquistado y de que las promesas siguen sin traducirse en decisiones reales.

La protesta de ayer se produce además en un momento clave, con el curso ya muy avanzado y con la vista puesta en los próximos meses. Desde el entorno de la plantilla se insiste en que el tiempo se agota y en que el Concello no puede permitirse llegar a un nuevo arranque de curso sin haber despejado el futuro del servicio. Sobre la mesa siguen apareciendo las dos salidas que vienen reclamando desde hace tiempo: recuperar la gestión directa o impulsar cuanto antes una nueva licitación que ponga fin a la situación actual.

Junto a esa reclamación de fondo, las trabajadoras ponen el acento en el impacto laboral del retraso administrativo. Sostienen que la falta de regularización del servicio ha terminado afectando a sus nóminas, hasta el punto de cifrar en varios miles de euros la cantidad dejada de percibir por cada empleada desde la entrada en vigor del nuevo convenio del sector. Para una plantilla con retribuciones ajustadas, subrayan, ese desfase supone un golpe importante en la economía doméstica y una muestra más de la precariedad con la que aseguran estar afrontando el conflicto.

La reivindicación no se limita al terreno salarial. El personal reclama también más estabilidad en la organización del trabajo, refuerzo de medios humanos, horarios más amplios que respondan mejor a las necesidades de conciliación de las familias y mayores garantías para sostener la calidad de un servicio que consideran esencial. En su opinión, prolongar el actual escenario no solo perjudica a la plantilla, sino que acaba debilitando la propia respuesta pública que presta la escuela.

Con esta segunda concentración, las trabajadoras dejan claro que no están dispuestas a rebajar la presión mientras no se concrete una salida. Su intención es mantener las movilizaciones de forma periódica hasta que el conflicto deje de moverse en el terreno de los anuncios y empiece a resolverse con hechos.

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