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Naufragio del supuesto surtidor de un narcosubmarino

El pecio del «Nuevo Santa Irene», condenado a pudrirse en el lecho marino

El casco del barco hundido hace seis semanas ya funciona como biotopo

El titular de la batea afectada exige su retirada, pero nadie se hace cargo

Uno de los submarinistas de Náutica Medusa inspeccionando el pecio.

Uno de los submarinistas de Náutica Medusa inspeccionando el pecio. / Náutica Medusa

Manuel Méndez

Manuel Méndez

O Grove

La vida se abre camino en la ría de Arousa, y seis semanas después de su hundimiento en aguas de Meloxo (O Grove), el «Nuevo Santa Irene» empieza a ejercer de biotopo.

Se fue a pique cuando, supuestamente, iba a abastecer con unos 12.000 litros de combustible a un narcosubmarino, y aunque no se registraron víctimas –sus tres tripulantes fueron rescatados–, el naufragio causó preocupación por el vertido y la contaminación que generó inicialmente.

A estas alturas el riesgo contaminante parece haber desaparecido y el barco –de madera– se pudre poco a poco a unos veinte metros de profundidad, llamando poderosamente la atención que aún siga en pie la grúa de cubierta.

Así se observa en las imágenes filmadas por el centro de buceo y turismo Náutica Medusa, de Vilagarcía de Arousa, donde consideran que la acción de las corrientes acabará destrozándolo.

Captura de pantalla de vídeo en la que se aprecia que la grúa sigue en pie.

Captura de pantalla de vídeo en la que se aprecia que la grúa sigue en pie. / Náutica Medusa

Al igual que puede partirlo el roce constante del casco con las cadenas que sujetan a su muerto la batea de cultivo de mejillón bajo la que se hundió la nave, tal y como explican los submarinistas de Náutica Medusa que hace días realizaron una inmersión en la zona.

Visto lo visto, y después del tiempo transcurrido, lo más probable es que nadie quiera hacerse cargo del reflotamiento, salvo que se considere que han cambiado las condiciones de la concesión bateeira afectada y su titular consiga que la concesionaria –la Xunta– o bien el Gobierno central se hagan cargo de la retirada de los restos.

«El barco sigue siendo un foco de contaminación y un peligro, por eso creo que el Estado debe hacerse cargo de reflotarlo y después que reclame a la armadora o a quien tenga que reclamar», explica Raúl Mascato, el bateeiro encargado de la explotación bajo la que se hundió el «Nuevo Santa Irene».

Ya ha solicitado esa retirada, alegando también que el pecio perjudica su explotación bateeira, aunque por ahora su demanda no ha sido atendida.

El puente del barco y parte de la cubierta.

El puente del barco y parte de la cubierta. / Náutica Medusa

Y eso que «solo es cuestión de voluntad, ya que reflotar ese barco, que es relativamente pequeño y está en una zona de fácil acceso, no es complicado y puede hacerse en un par de días», esgrimen las empresas de servicios marítimos consultadas por FARO DE VIGO.

De cualquier modo, en Capitanía Marítima consideran que la contaminación no existe, y el riesgo para la navegación, tampoco.

«Es un barco pequeño que está a 20 metros de profundidad y en una zona donde no hay ningún riesgo de que otra embarcación pueda tocar el pecio», explica el capitán marítimo, Juan Andrés Pérez.

«Otra cosa es que suponga un problema para el bateeiro y quiera que se lo saquen de allí, pero esa ya no es una competencia de Capitanía», esgrime.

Lo que quiere decir es que «si por ejemplo el pecio estuviera a diez metros, en un canal de paso y con mil litros de gasóleo en sus tanques, ya lo habríamos sacado hace tiempo, puesto que existiría un claro riesgo para la navegación y sería un potencial foco contaminante»,

«Pero no es el caso», insiste, sabedor de que los bidones en los que trasladaba el combustible para, supuestamente, abastecer a un narcosubmarino, fueron inmediatamente recuperados por la empresa Noroeste Sub con el barco «Insuiña Rande».

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