Mercado de Vilagarcía
Los ambulantes tratan de revivir tras el invierno: «Echamos tres meses en casa»
Los continuos temporales imposibilitaron la celebración de numerosos mercados, y la facturación de los vendedores se redujo hasta un 70 %
Temen una nueva crisis económica por la guerra

Puestos del mercado en la calle Vista Alegre. | NOÉ PARGA
El mercado ambulante de Vilagarcía de Arousa, el más importante de la comarca, atrajo ayer a cientos de personas. El tiempo soleado y la proximidad de los festivos de Semana Santa espolearon las visitas al entorno de la plaza de abastos, permitiendo disfrutar de un ambiente que se vio pocas veces durante los últimos meses.
Y es que el sector de la venta ambulante ha sufrido también con mucha dureza el riguroso invierno pasado. «Hemos echado tres meses en casa, sin poder vender», afirmaba ayer un ambulante. En la misma calle, Diego Jiménez, otro vendedor, cifraba en un 70 por ciento la disminución de la facturación experimentada este año con respecto a otros inviernos.

Un puesto de venta de calzado. | NOÉ PARGA
Vilagarcía celebra sus mercados ambulantes los martes y sábados. Con la llegada de la primavera, los vendedores confían en que su situación mejore. «Esperamos el verano como agua de mayo», sostiene Rocío Florez, que tiene un puesto de bisutería frente a la plaza de A Peixería.

Un grupo de vendedores, ayer en Vilagarcía. | NOÉ PARGA
El sector de la venta ambulante enfrenta en estos momentos numerosos desafíos. En primer lugar, este año ha padecido más que nunca los rigores meteorológicos; con la interminable secuencia de temporales que pasaron por las Rías Baixas, la mayoría de los días no pudieron trabajar. «Perdimos las Navidades y el mes de enero», añade Florez.
Son muchos los vendedores que se quejan de que están solos ante la administración, y que mientras otros sectores van a recibir ayudas para paliar las pérdidas o se les van a perdonar las cuotas de la Seguridad Social, ellos no tienen derecho a ninguna de estas medidas. Pero las perspectivas a corto y medio plazo tampoco son del todo halagüeñas. El inicio de la guerra en Oriente Medio ha puesto sobre el horizonte la amenaza de una nueva crisis económica.
La primera consecuencia es la subida de los combustibles, algo que afecta de modo directo a la venta ambulante por las características de su oficio. «Nosotros podemos gastar tranquilamente 40 euros de gasoil al día», sostiene Rosa Andrea Feijóo, que tiene un puesto de ropa en la plaza de O Castro. Diego Jiménez advierte de que la subida general de la vida les afecta por partida doble: a ellos como ciudadanos, y a sus clientes, que ven mermado su poder adquisitivo. «Nosotros vivimos de la gente obrera, y esa gente lo está pasando muy mal».
«La guerra, los daños colaterales de la guerra, le afectan a todo el mundo... Nosotros en estos momentos estamos sobreviviendo día a día», sostiene Carlos Salazar. Junto a él, Marcos Jiménez advierte de que, «somos el último escalón».
Cara y cruz
En clave local, los vendedores están contentos con el Ayuntamiento de Vilagarcía porque es de los pocos que solo les cobra por cada día que venden (unos 13 euros por cada seis metros de puesto), lo que les ha permitido reducir un poco los gastos en este invierno tan duro; además, sostienen que las tasas de Vilagarcía están entre las más bajas de los grandes mercados.
Sin embargo, también hay vendedores decepcionados con el Concello por la apertura al tráfico de Alexandre Bóveda (la calle paralela a la plaza de abastos), pues consideran que esa decisión ha sido enormemente perjudicial para el mercado, traduciéndose en una gran pérdida de clientes y de puestos de venta.
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