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Polígono de Vilagarcía

La ruinosa atalaya de O Pousadoiro pasa a la historia y con destino al reciclaje

La empresa Embalaxe encarga el desguace y liberación de la parcela vecina para construir una nave que satisfaga sus necesidades de ampliación

Trabajos de desguace de la antigua fábrica de hormigón Taboadela en O Pousadoiro.

Trabajos de desguace de la antigua fábrica de hormigón Taboadela en O Pousadoiro. / Iñaki Abella

Vilagarcía

La empresa Embalaxe ha iniciado el desguace de la cementera quebrada de Taboadela para cubrir sus necesidades de ampliación en el polígono de O Pousadoiro. Prevén iniciar la construcción de una nueva nave de almacenamiento de 1.200 metros cuadrados, aproximadamente, a finales de este año.

La compañía especializada en embalajes de madera para exportación llevaba tiempo buscando espacio y siempre con la intención de no abandonar Vilagarcía, donde se fundó hace veinte años y de donde es su plantilla. Pero a la vista de que la ampliación del polígono no acababa de materializar -ahora se han dado pasos- y de que su vecino de parcela estaba sin actividad, decidió hacer una oferta.

La fábrica de hormigón de Taboadela vivió una época dorada, siendo una de las más punteras de Galicia y aún se recuerda la salida de hasta 20 caminos diarios de hormigón, pero no fue capaz de superar la crisis del ladrillo y el desplome de la obra civil y acabó cerrando. Sus instalaciones acabaron en manos de otra firma, pero nunca volvió a funcionar y tras muchos años de abandono acabó siendo pasto de los ladrones y de la ruina. De hecho, durante el desmontaje se echó en falta todo el cableado del sistema eléctrico e incluso la grifería de la caseta auxiliar.

Los trabajos empezaron el lunes y lo más llamativo ha sido el desguace del depósito de hormigón que coronaba el outeiro del parque industrial, que ya es historia. Desde la gerencia de Embalaxe, Joaquín Santamaría explica que por el momento están preparando la parcela y la previsión es poder construir la nueva nave a finales de año.

Juan Francisco Vilela, uno de los operarios del dispositivo.

Juan Francisco Vilela, uno de los operarios del dispositivo. / Iñaki Abella

Esta nueva instalación, que será de unos 1.200 metros cuadrados sobre la parcela, que es de más de dos mil, les servirá para reorganizar su planta actual, que se les ha quedado pequeña. Se las ven tan mal que tienen que apurar la salida del género una vez fabricado.

La empresa encargada de ejecutar la operación ha sido Francisco Mata SA, una firma dedicada a la recuperación y venta de chatarra con 76 años de experiencia y que espera terminar la próxima semana. Ya tienen todo derribado, así que Juan Francisco Vilela, que es uno de los operarios de su plantilla de medio centenar de personas, se afanaba ayer en despiezar todo para transportar el hierro y acero extraídos.

Sin chatarra para todos

Curiosamente, tendrán una segunda vida, pues están destinados a su venta a fundiciones para su reutilización en la construcción de vigas y otros materiales. No obstante, primero pasarán por una de las tres plantas con las que cuenta en Galicia para la selección y corte en piezas menores.

Se trata de un sector apreciado, pues la mayoría de las fundiciones españolas son de arco eléctrico, es decir, obtienen su materia prima de la chatarra no de la explotación minera. Hasta el punto de que España tiene que importar grandes cantidades.

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