Semana Santa
La Semana Santa de Vilagarcía: una celebración que une con el impulso de la fe y la tradición
La cofradía Segunda Estación, nacida en 1987, es el corazón de la Semana Santa de Vilagarcía. Muchos de sus miembros asumirán estos días el trabajo de portar las pesadas imágenes procesionales. Un duro esfuerzo que asumen gustosos y con ilusión

Integrantes de la cofradía Segunda Estación, ayer junto a la imagen de la Borriquita. | NOÉ PARGA
Para José Celio, la Semana Santa es «la semana mayor del año». Es un hombre muy creyente, «desde pequeño», y de hecho ya era costalero en su Colombia natal. Desde hace 12 años, siempre que puede, es portador en la Semana Santa de Vilagarcía de Arousa, una de las más solemnes y concurridas de la comarca. Carlota Rodil, que acaba de cumplir los 18 años, también se define como una persona creyente, y participa desde niña en las procesiones de la capital arousana, que organiza la cofradía Segunda Estación. De pequeña, iba vestida de blanco y portaba un cojín con motivos de la Pasión; más tarde, participó en las procesiones descalza con el uniforme de los cofrades, de color morado y con capa y capuchón negros; este año, por primera vez, será costalera.
José Celio y Carlota Rial forman parte de la Cofradía de Semana Santa Segunda Estación. A media tarde de ayer, un buen número de cofrades se citaron en el local parroquial situado junto a la iglesia de Santa Eulalia de Arealonga para preparar los últimos detalles de la primera procesión, la de la Borriquita, que saldrá esta mañana después de la bendición de los ramos, poco después de las 10.30 horas de la mañana.
Había mucho que hacer: limpiar y vestir las andas, preparar las imágenes, pegar las etiquetas de los botellines de agua que se reparten entre los feligreses el Sábado Santo... Muchos de ellos son costaleros desde hace años, una actividad a la que llegaron por tradición o fe y, en algunos casos, por ambas. Sin ellos, la Semana Santa no sería lo que es.
Luis Durán, uno de los más veteranos, empezó hace unos 20 años. Su mujer ya estaba en la cofradía, y cuando le preguntaron si podría echar una mano aceptó sin dudarlo. «A mí, cuando me llamó Eladio, hasta me hizo ilusión», cuenta a su vez Ramón Barcala, que lleva en la cofradía desde 1992. Su padre también había sido portador. Por eso, para él, participar en la Semana Santa ha sido una manera natural de seguir un camino que ya había recorrido su padre, pero también un sacrificio que acepta por fe. Se describe a sí mismo como una persona muy devota, y explica por ejemplo que en cuaresma respeta a rajatabla el ayuno, y no come hasta las 3.
¿Hay que ser creyente para ser costalero? José Celio cree que sí, y de hecho, en su opinión, cada año que pasa es más difícil encontrar portadores porque mucha gente joven se está alejando de la fe. Aunque siempre hay excepciones. Carlota Rodil sí es creyente, y participa desde niña en las procesiones. Ahora se enfrenta, por primera vez, al reto de portar las pesadas imágenes de la Dolorosa y la Soledad, que salen el Jueves y el Viernes Santo, respectivamente. Sabe que son pasos grandes, pesados, y más de una vez ha pensando en si podría aguantar el esfuerzo. Pero finalmente, las dudas se apagaron. «Sí, pensé en el peso de las imágenes, pero la verdad es que tengo muchísimas ganas de ser costalera... Yendo con calma seguro que todo sale bien». Como en el caso de otros muchos compañeros de cofradía, en su caso también pesa la tradición familiar, pues su madre fue igualmente portadora.
Porque en Vilagarcía, hombres y mujeres trabajan juntos por igual. Ellas, de hecho, son mayoría portando los pasos de la Dolorosa y la Soledad. «Aquí tenemos portadoras desde hace años, y las apoyamos completamente», explica Luis Durán. Ayer tarde, el ambiente en el local parroquial era de alegría, de expectación. Porque para ellos, estos días que se avecinan son mucho más que un puente largo. Es, quizás, la semana más importante del año.
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