Medio Ambiente
El colegio Sagrada Familia Filipenses de Vilagarcía convierte el cuidado del entorno en una experiencia educativa de primer nivel
Cerca de un centenar de alumnos de Primaria del colegio Filipenses participaron en una plantación de castaños y madroños, una iniciativa con la que el centro refuerza su compromiso medioambiental

Un momento de la plantación de uno de los árboles. | IÑAKI ABELLA
El colegio Sagrada Familia Filipenses de Vilagarcía volvió a convertir el cuidado del entorno en una experiencia educativa de primer nivel con una nueva jornada de plantación de árboles desarrollada ayer en el bosque del propio centro. La actividad reunió a cerca de un centenar de alumnos de 1.º y 2.º de Primaria, que participaron de forma activa en una iniciativa con la que el colegio refuerza su compromiso medioambiental desde las edades más tempranas.
La plantación contó con la implicación del grupo de voluntariado medioambiental del centro y también con la presencia de efectivos de Medio Rural, que tutorizaron la acción y acompañaron a los escolares durante todo el proceso. Entre todos llevaron a cabo la plantación de once ejemplares, entre castaños y madroños, en una intervención que se enmarca dentro de la línea de concienciación, sensibilización ecológica y repoblación que el colegio impulsa.

Los técnicos de Medio Rural dirigiéndose a los alumnos. | IÑAKI ABELLA
La jornada tuvo además un valor simbólico especial. En esta ocasión, el centro optó por implicar a niños de entre 6 y 7 años. No en vano, se trata de alumnos que podrán continuar formándose en el colegio hasta los 16 años, de manera que serán testigos directos del crecimiento de unas especies que ya forman parte de su propia memoria educativa y vital.
La iniciativa no fue aislada. La pasada semana, el colegio ya había participado en otra plantación en Cornazo, prolongando así una dinámica de trabajo que busca inculcar a los alumnos el respeto por la naturaleza a través de experiencias prácticas. En el caso del bosque escolar, la actuación estuvo precedida además por una tala previa de árboles, paso necesario para acondicionar el espacio y favorecer una mejor repoblación.

La experiencia fue de lo más formativa para los alumnos. | IÑAKI ABELLA
Con gestos como este, Filipenses sigue dejando claro que la educación ambiental no se limita al aula, sino que se cultiva también con las manos en la tierra y con la mirada puesta en el futuro.
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