La caída de la natalidad en Vilagarcía enciende las alarmas en los colegios por la falta de alumnos
En 2023 solo se registraron 184 nacimientos en la ciudad, lo que se acusa en muchos centros que no superan ni los 6 nuevos alumnos tras cerrarse ayer el periodo de reserva para menores de 3 años

Las dificultades para captar nuevos alumnos alcanza este año una evidencia indiscutible. | IÑAKI ABELLA
La caída de la natalidad en Vilagarcía, agudizada en los años posteriores a la pandemia, ya tiene un reflejo directo en las aulas. La generación nacida en 2023, llamada ahora a incorporarse a las clases de 3 años, es la menos numerosa de la que existe constancia oficial en el municipio desde que hay registros comparables. El Instituto Galego de Estatística sitúa en 184 los nacimientos contabilizados ese año en Vilagarcía, el mínimo de toda la serie histórica disponible desde 1975, muy lejos de las 581 criaturas nacidas aquel año inicial de la estadística y también por debajo de ejercicios que rozaron los 600 alumbramientos, como 1979.
Esa realidad demográfica empieza a traducirse ahora en una preocupación palpable en los colegios del municipio, pendientes de cerrar las matrículas de Infantil con cifras muy ajustadas y, en algunos casos, claramente insuficientes para respirar con tranquilidad. El problema no se limita a un centro concreto ni a una zona determinada. Se trata de una tendencia generalizada que compromete la estabilidad futura de las escuelas, especialmente en una etapa en la que captar alumnado de 3 años resulta decisivo. En muchos casos, esos niños completan toda la Primaria en el mismo centro y, en determinados colegios, prolongan además allí su recorrido educativo hasta la ESO.
La importancia de esa primera matrícula va mucho más allá del arranque de un curso. Perder una hornada entera de alumnos de 3 años significa abrir una grieta difícil de cerrar durante mucho tiempo. Los equipos directivos son conscientes de que una cohorte que no entra ahora difícilmente podrá recomponerse después con incorporaciones aisladas. La consecuencia es evidente: menos alumnado hoy puede traducirse en menos unidades mañana y, con ello, en un debilitamiento estructural del centro a medio plazo.
Entre los colegios de línea 2, aquellos que ofertan dos aulas por curso, Filipenses presenta por el momento el comportamiento más sólido. De las 40 plazas disponibles para 3 años, ha logrado reservar 35, una cifra alta dentro de un contexto de retroceso general. Su director, Rubén Rivas, lo resume así: «el año pasado tuvimos 40 nuevas matrículas, el descenso se localiza en que tenemos menos hermanos de otros alumnos en el centro que sí tuvimos el año pasado». Incluso en uno de los centros que mejor resiste, por tanto, se percibe ya con claridad el impacto del descenso demográfico.
Muy distinta es la situación en otros colegios del mismo grupo. En el CEIP A Lomba, de las 40 plazas ofertadas solo se habían reservado 24. Y aún más delicado es el escenario del Anexo A Lomba, también vinculado al centro, donde no se alcanza ni el 30 % de las 20 plazas disponibles. Algo parecido ocurre en el CEIP Arealonga, que suma 21 reservas para 40 plazas. En este caso, el centro supera por un solo alumno la barrera de los 20 escolares, una referencia especialmente sensible para mantener las dos aulas.
La esperanza de todos ellos pasa por el período de matrícula abierto tras la fase de reserva, a la espera de que las familias terminen de formalizar solicitudes y se incorporen nuevas peticiones. El calendario ordinario de admisión y matrícula en Galicia contempla precisamente esa secuencia de fases, con la formalización posterior de las matrículas una vez resuelto el proceso. Pero en los colegios nadie oculta que el margen de maniobra es cada vez menor porque el problema ya no está en la competencia entre centros, sino en la falta de niños.
En los colegios de línea 1 la fotografía tampoco invita al optimismo, aunque aparecen algunas excepciones parciales. El Rosalía de Castro de Carril ha cubierto una parte importante de sus 20 plazas, con 16 altas en 3 años. Su directora, Esther Torrado, explica algunos de los factores que juegan a favor del centro: «Tenemos adscrita a la escuela unitaria de Bamio y el hecho de tener plan madruga y comedor juega a nuestro favor. Además, abarcamos un área importante de población y tenemos muchos hermanos, pero aún así se nota que hay menos niños y eso no es bueno para los colegios».
Ese diagnóstico se repite, con distintas intensidades, en el resto del mapa educativo local. En Rubiáns la reserva se ha quedado en solo 8 alumnos. O Piñeiriño mejora algo esa cifra, mientras San Francisco alcanza los 16. En A Escardia también existe inquietud al no haberse llegado a la decena de inscripciones. Pero es en Vilaxoán donde la situación se observa con mayor preocupación: apenas seis nuevos alumnos inscritos. Un registro tan bajo hace temer una posible unificación de aula con el actual grupo de 4 años, que hoy cuenta con siete escolares. Si entre ambas edades no se supera un determinado umbral, la Administración puede plantear una agrupación que alteraría de forma muy sensible la estructura del centro.
Los responsables de los colegios coinciden en una idea de fondo: lo que hoy parece una dificultad puntual de matrícula es en realidad la manifestación más visible de un desafío de gran alcance. La caída de nacimientos no solo tensiona la red escolar, sino que anticipa problemas en otros ámbitos de la vida colectiva de Vilagarcía. Los clubes deportivos, las asociaciones y, en general, todas las entidades que dependen del relevo generacional acabarán notando también la estrechez de una base demográfica menguante.
La cuestión, por tanto, trasciende el debate de ratios, aulas y unidades. Lo que está en juego es la capacidad de la ciudad para sostener su tejido social en el futuro. Hoy la alerta se enciende en los colegios. Mañana puede extenderse a muchos otros espacios. Porque detrás de cada plaza que queda vacía no solo falta un alumno: falta también una parte del Vilagarcía que está por venir.
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