Urbanismo
Comunidades de propietarios ya piden créditos para reparar sus fachadas
Los arreglos de edificios afectados por desprendimientos se eternizan por varios motivos, entre ellos la saturación que viven las empresas constructoras

La calle Bubela (en el entorno de la rotonda de la Luz Salgada) permanece cortada desde hace meses. / Noe Parga
Cuando caen a la calle tejas o fragmentos de la fachada de un edificio, lo primero que se hace es colocar unas vallas para evitar que los peatones caminen por esa zona y puedan resultar alcanzados por nuevos materiales desprendidos. Esos vallados, que proliferan en aceras y calles de cualquier pueblo o ciudad, y que resultan imprescindibles por motivos de seguridad, son sin embargo profundamente antiestéticos.
Pero algunos, además, suponen un grave incordio para los vecinos, pues les cortan zonas de paso habituales, y hasta calles enteras; les obligan a caminar por la calzada y les roban plazas de aparcamiento. Un incordio que, además, puede prolongarse muchos meses y, en en determinados casos, más de un año. «Hay tres razones principales por las que las comunidades de propietarios tardan tanto tiempo en reparar las cubiertas o las fachadas y no se pueden retirar antes las vallas», explica Teresa Suárez Agrasar, presidenta del Colegio Oficial de Administradores de Fincas de Galicia (Coafga).

Una mujer camina por la carretera en Rosalía de Castro. / Noe Parga
Estas tres razones son de índole económica; la falta de empresas que puedan acometer con garantías este tipo de trabajos; y la lentitud burocrática en algunos Ayuntamientos. «Pero de los tres motivos, el que más pesa suele ser el económico», añade la presidenta de los administradores de fincas gallegos. Y es que este tipo de reparaciones de cubiertas y fachadas suelen ser obras de muchos miles de euros. A menudo, son importes que sobrepasan con mucho el dinero que tienen en el banco las comunidades de propietarios, lo que les impide actuar tan pronto como desearían.
Habitualmente, se opta por aprobar en junta una derrama extraordinaria, pero en ocasiones la cantidad que se pide a cada dueño es tan elevada que esa opción queda descartada. Otro camino que se suele explorar es aprobar una subida de la cuota mensual, más o menos soportable, y esperar unos meses a juntar el dinero suficiente. Y, más recientemente, se está popularizando otra vía: la del endeudamiento colectivo.

Un desprendimiento reciente junto a la capilla de San José. / Noe Parga
«Cada vez son más las comunidades de propietarios que recurren a esta alternativa», explica Suárez Agrasar. De este modo, sostiene, se evitan derramas inesperadas de miles de euros, se puede afrontar antes la obra y en ningún caso peligra el patrimonio personal, ya que si hay impagos por parte de algún propietario, la comunidad sí tiene que adelantar todo el dinero (como haría igualmente en una derrama convencional), pero después los deudores deberían saldar todos sus impagos o responder con su piso.
En Vilagarcía, la calle Bubela está cortada desde hace meses y una valla obliga a caminar por Rosalía de Castro
Sin embargo, el económico no es el único problema que eterniza las obras de arreglo de las fachadas y los molestos vallados. «Las comunidades de propietarios también se encuentran con una enorme falta de empresas que puedan hacer este tipo de trabajos con unas mínimas garantías. Pepe Goteras y Otilios hay muchos, pero hay que pensar que en este tipo de obras, a veces lo barato termina saliendo caro».
En Vilagarcía hay más de una decena de espacios vallados. La cifra creció mucho después de los temporales de invierno, y algunos son especialmente problemáticos, como el situado junto al balneario de la playa Compostela, que obliga a los peatones a caminar unos metros por una carretera tan transitada como es Rosalía de Castro; o el de la Rúa Bubela, que mantiene la calle cerrada desde hace meses.
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