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Entrevista | Gonzalo Lores Buezas Chapista jubilado

Gonzalo Lores, chapista jubilado: «Mi padre reparó la chapa y pintó el coche de Pelé en Brasil»

«Calculo que pude haber reparado chapa y pintura en más de 10.000 vehículos»

Gonzalo Lores Buezas.

Gonzalo Lores Buezas. / T. Hermida

Meaño

Gonzalo Lores Buezas encarna la segunda generación de Talleres Loyca, una de las tres empresas más antiguas de Dena (Meaño). Gestada en el seno de dos humildes familias se mantiene hoy activa tras casi 60 años ininterrumpidos. Se legó de padres a hijos y, en el horizonte, asoma la generación de los nietos. Este taller de automoción es el más antiguo del municipio.

Con su jubilación se cierra la segunda generación de Talleres Loyca. ¿El fin de esta etapa compromete la continuidad?

Para nada. En lo que a mí respecta, cumplidos los 67 años sí toca el fin en el plano laboral. Pero, con casi 60 años a cuestas, el taller continuará con ese espíritu familiar, con Toño Camiña, que sigue al frente de esa segunda generación. Yo seguiré ahí, vinculado emocionalmente y, de alguna forma, fiel el espíritu de mi padre, fallecido en 2017, contribuyendo a prolongar el legado.

Toda una vida la suya como chapista de carrocería le convirtieron en las mejores manos del municipio meañés. ¿Calcula cuántos coches reparó a lo largo de su vida?

Yo me inicié con 15 años aprendiendo el trabajo de mi padre, que era el chapista. Ininterrumpidamente, hasta los 67 años, sin saber ni lo que eran vacaciones de verano, calculo que pude haber reparado chapa y pintura en más de 10.000 vehículos, puede que hasta unos 12.000.

¿Estudió este oficio o lo aprendió poco a poco?

En los años 60 e inicios de los 70, en el rural pocos chavales cursábamos estudios, eso era un privilegio. Simplemente aprendíamos un oficio. En mi caso, fue el de chapista, con mi padre, José Lores Camaño, que a su vez lo aprendió trabajando en la posguerra en el taller de señor Juanito «O Brichirijo» en el centro de Dena.

¿Qué le refirió su padre de aquel taller en la posguerra?

Era un taller a pie de la hoy PO-550,a su paso por Rúa de Galicia, a la altura del hoy Recambios Dena. En realidad, era un taller de carpintería de madera. Precisamente allí fabricaban por dentro y en madera la parte dañada del vehículo, la cual luego debía recubrirse de chapa. En esta última labor de la chapa se forjó mi padre de aquel taller. Unos años después conoció al que, a la postre, fue socio, José Camiña Alfonso, afincado en Vilalonga. Juntos, empezaron a trabajar en un galpón en Vilalonga, a la altura del hoy Gaseosas Salgueiro, donde se dedicaban sobre todo a arreglar camiones de de la empresa de Epifanio Campos.

¿Cuándo se asienta el taller en Dena?

Fue en 1958 que mi padre abrió un pequeño taller aquí mismo, al lado de casa, bajo el nombre de Talleres José Lores Camaño. Él como chapista, y como mecánico, José Camiña. Pero en 1960 mi padre, que vio una oportunidad, decidió emigrar a Brasil para procurar dinero para la familia. José Camiña se quedó en Dena al frente, pero en 1963 le tocó hacer la mili y tuvo que cerrar. Los dos volvieron a unirse cuando mi padre regresó de Brasil en 1967.

¿Se había ido a Brasil para trabajar como chapista?

Si, a finales de los años 50 e inicios de los 60 Brasil demandaba mucha mano de obra. Muchos gallegos emigraban aprovechando que pagaban bien. Mi padre tuvo noticias y otros vecinos que estaban ya allí le animaron. Fue de los últimos movimientos para «hacer las Américas». Y allá se fue mi padre en septiembre de 1960, con solo 26 años, dejando aquí mujer y dos hijos. Yo, que era el mayor, y mi hermano Manolo. En Brasil trabajó siete años como chapista en talleres de Sao Paulo y Santos, donde mi padre estaba justo al lado de campo de fútbol Vila Belmiro, del club en el que jugaba Pelé. Mi padre solía contar como en un ocasión arregló la chapa y pintó luego el coche del propio Pelé, un Cameron que llevara a reparar el mítico jugador, que acababa de proclamarse por segunda vez campeón del mundo con Brasil.

¿Y aquellos siete años le resultaron rentables?

Lo que se dice «hacer las Américas» no, pero le sirvieron para hacerse con algo de dinero y volver con la familia, dispuesto a darle un empujón a todo esto. Así, el 4 se septiembre de aquel 1967, de nuevo con José Camiña en sociedad, abrieron Talleres Loyca, un nombre que respondía a la unión de la primera sílaba de sendos apellidos, Lores y Camiña. Siguiendo la tradición, aún seguimos conmemorando la fecha del 4 septiembre con una comida de empresa.

Y luego entraron sus hijos a trabajar en el taller...

Sí, yo empecé en 1973 o 1974 como chapista, luego mi hermano Manolo en la parte de administración, en los 90. Toño Camiña, también en administración… Mi padre se jubiló en 1999, José Camiña en 2007, y ahí nos quedamos ya la segunda generación. Al cabo, de esa segunda yo soy el primero de abrir el relevo a una tercera.

¿Se complican hoy las cosas para los pequeños talleres?

No son los años dorados que fueron las décadas de los 80 y 90: coches, maquinaria agrícola… Reparábamos de todo. Ahí los talleres doblaron con su papel de ventas como agentes oficiales de una marca. Nosotros fuimos Peugeot entre 1982 y 1991, luego Opel hasta 2014… Llegamos a ser 10 personas trabajando en taller.

¿Qué lleva a que en la última década desaparezcan de un plumazo tantos servicios oficiales?

Son políticas globales de las empresas de automoción. Para seguir te ponían condiciones draconianas, objetivos inasumibles, cambios e inversiones económicas que tenías que asumir. En definitiva, o te ibas o te echaban, no cabía otra.

¿Cómo fueron cambiando las cosas para un chapista?

Al principio eran las pinturas más básicas. Luego llegó el reto de las metalizadas, donde la tonalización aún se hacía a mano para igualar con el resto del coche y ahí había que tener muy bien entrenado el ojo. A inicios de los 80 nos llegó la primera máquina de colorimetría, que supuso un avance para hacerlo más fácil. Ahora estamos en la generación de los colores fosforitos, que son colores tricapa, realmente muy complicados.

¿Es difícil en el taller dar con el relevo en la vertiente de chapista?

Sí, mucho. En los ciclos de mecánica, a los alumnos se les forma sobre todo en motor, reparación y mantenimiento. La formación que reciben en la faceta de chapa y pintura es meramente testimonial. Lo percibes cuando recibes alumnos de la FP Dual, que cursan cuatro meses estudiando y otros cuatro trabajando en taller. Su conocimiento de chapa y pintura es muy bajo, prácticamente nulo. Tienes que formarlos en el taller.

¿Tiene «mono» de trabajo”?

Lo que se dice «mono» no... uno se van desconectando. De vez en cuando, bajo por el taller, alguna conversación, algún consejo, llevar a algún vecino a casa cuando deja su coche... ¡Ah! Y está el disponer de tiempo para poder dedicarme a aficiones creativas, pasión que heredé de mi padre. Él disfrutaba mucho con la familia ataviando un coche o preparando una carroza para la procesión de San Cristóbal o la Cabalgata de Reyes. Le gustaba esa implicación con la parroquia. Este año se me dio por hacer un «espantallo» para el concurso de Entroido en Dena y, lo que son las cosas, me llevé el primer premio (sonríe).

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