Celebraciones
San Benito: de los pocos con dos fiestas al año, pero siempre en multitud
La comarca de O Salnés celebró ayer una de sus festividades religiosas más destacadas, las de San Benito de invierno. Cambados y Lores (Meaño) fueron dos de sus principales escenarios

Procesión de San Benito en Cambados. / Iñaki Abella
La primavera pilló las celebraciones del San Benito de invierno con unas temperaturas y un radiante sol que contribuyeron a la ya siempre masiva afluencia de fieles.
La festividad se corresponde con su fecha de fallecimiento, pero al coincidir con el tiempo de Cuaresma, que es momento penitencial, de reflexión, en preparación de la Semana Santa, y al ser tan relevante la devoción que despierta en todo el mundo, también se le celebra el 11 de julio, rememorando el traslado de sus reliquias.
El padre de la regla monacal más popular, que durante siglos rigió la vida monástica en Europa, es también el patrón de esta y otros muchos lugares, como Cambados, que junto a Lores (Meaño) fue ayer de los lugares con mayor asistencia a las misas y procesiones.

Asistentes a la procesión de Cambados. / Iñaki Abella
Sube el petróleo y los gallos
Exvotos de cera de diferentes partes del cuerpo o dinero en metálico fueron las ofrendas más populares, aunque en el atrio meañés las tradicionales poxas fue lo más expectante.
Unas 300 personas acudieron a la subasta y algunas de más avanzada edad hasta se aprovisionaron de sillas para seguir el ritual desde de las primeras filas. El buen ambiente animó los sanos piques a las primeras de cambio.

Un momento de las poxas de Lores, en Meaño. / Tino Hermida
De partida, salieron dos cabras, de ellas una «mona» sin cuernos que fue la más preciada, fallándose en 90 euros. Pero la más codiciada resultó ser una oveja preñada que se adjudicó en 140 euros tras un sano mano a mano en el que se retaron una vecina de Lérez y otra de Lores, que curiosamente es quien la había ofrecido y le prometió al santo que volvería a casa con ella.
Luego fue el turno de once parejas de gallos y las tres primeras se cotizaron al alza. «Será por la subida del petróleo», bromeaba una vecina.

Ofrendas a San Benito en el santuario de Fefiñáns. / Iñaki Abella
El resto quedaron en una horquilla de entre 60 y 70 euros y la comprada por Manolo Filgueiras volvió a convertirse en ofrenda. «Cuando vengo no hago acopio de carne, sino que llego con una idea en mi cabeza: llevarme una pareja en la puja, que el dinero quede como donativo al santo y que la pareja se puje otra vez».
Luego quedaba los «kikos», aves menores, docenas de huevos y la testimonial puja de dos palomas cuyo ganador adquirió el compromiso de liberarlas al aire ante el aplauso del público.
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