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De O Grove a Laxe, el pesquero «Ariño» vuelve a coquetear con el hundimiento

Se quedó sin máquina cuando navegaba con seis tripulantes a bordo

En 2024 sufrió una vía de agua tras romperse el casco

Además de centollos y rapes gigantes, pescó un esturión que los científicos llevaban 7 años estudiando

El pesquero «Ariño» durante su etapa en el puerto de O Grove.

El pesquero «Ariño» durante su etapa en el puerto de O Grove. / FdV

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

El «Ariño» es un barco construido en madera en el año 1985 que entró en servicio en mayo de 1986 y tiene permiso para el manejo de trasmallos, miños, vetas y nasa de pulpo.

Unas autorizaciones que en su día animaron a un armador de Laxe a adquirirlo. La operación se concretó hace un par de años en O Grove, que es donde estuvo prestando servicio siempre esta nave y donde, al menos sobre el papel, conserva su puerto base, puesto que así consta aún en el Registro de Buques Pesqueros de Galicia.

Muchos se acordarán de esta embarcación de casi 16 metros de eslora total por haber sido una de las más importantes de la ría de Arousa en lo que a pesca de centollo se refiere.

El «Ariño» siendo remolcado tras sufrir una vía de agua, en 2024.

El «Ariño» siendo remolcado tras sufrir una vía de agua, en 2024. / FdV

Pero otros habrán oído hablar del «Ariño», con un arqueo bruto de 21 toneladas, porque a punto estuvo de hundirse en 2024 tras sufrir una vía de agua.

Ahora vuelve a ser noticia, esta vez por haberse quedado sin máquina cuando navegaba a unas tres millas al norte de Punta Langosteira.

El Centro Zonal de Salvamento Marítimo de A Coruña respondió al «mayday» y movilizó a la patrullera «Salvamar Betelgeuse», que consiguió remolcar al «Ariño» hasta el muelle coruñés de A Palloza, en el que también desembarcaron los seis tripulantes que en el momento de la avería se encontraban a bordo.

Fue la falta de relevo generacional lo que en 2024 propició la venta de tres míticos barcos grovenses, como eran el «Xon», el «Catelo» y el «Ariño», adquiridos para faenar en Cangas, Porto do Son y Laxe respectivamente.

El «Ariño» era el más conocido, no solo por haber logrado el premio al mejor centollo vivo de la lonja meca en 2020, sino también porque en 2019 pescaba un rape de 38 kilos de peso y 1,5 metros de longitud.

Pero eso no es todo, sino que en 2017 subió en sus redes y entregó a la comunidad científica un esturión europeo (Acipenser sturio) que formaba parte de un proceso experimental que se llevaba a cabo en el «Institute National de Recherche en Sciences el Technologies pour l’environnment et l’agriculture» de Burdeos, en el sur de Francia.

Lo más llamativo de aquella captura fue que aquel esturión estaba siendo seguido por la comunidad científica desde siete años antes.

Al margen de por sus sonadas capturas, el «Ariño» también fue noticia, como se decía antes, a causa de una vía de agua que sufrió en mayo de 2024 tras romper el casco mientras faenaba frente a la costa de Corrubedo y la isla de Sálvora.

«Finalmente todo se quedó en solo un susto y los tres tripulantes que estábamos a bordo nos encontramos en perfectas condiciones», indicaba quien era entonces el patrón del barco, Paco Padín, mientras estaba siendo trasladado al puerto ribeirense de Aguiño por la lancha de rescate «Salvamar Régulus».

Había sido enviada en su ayuda desde el Centro Zonal de Salvamento Marítimo, con base en Monte Enxa (Porto do Son).

El rape gigante pescado por el «Ariño» en su época dorada.

El rape gigante pescado por el «Ariño» en su época dorada. / FdV

Al igual que había salido en su ayuda el helicóptero Pesca 1, adscrito al servicio de Gardacostas de Galicia y desplazado al lugar de los hechos desde su base en el aeropuerto de Vigo.

La tripulación de la aeronave llevó al barco en apuros la bomba de achique necesaria para evitar su hundimiento y mantenerlo a flote mientras era remolcado hasta el puerto de Aguiño, desde el que logró llegar a O Grove.

Esta vez el «Ariño», ya en otras manos, volvió a librarse del hundimiento o cualquier otro problema derivado de la pérdida del motor justo cuando está a punto de cumplir cuarenta años.

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