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Vandalismo y abandono

Más pintadas, carteles, vallas y baldosas rotas en Vilagarcía

Los problemas causados por el paso de coches, los gamberros, los temporales y la falta de respeto a las normas se extienden por la ciudad

Las vallas, las pintadas y la pegada de carteles en todas partes afectan a la imagen de la ciudad.

Las vallas, las pintadas y la pegada de carteles en todas partes afectan a la imagen de la ciudad. / M. Méndez

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Vilagarcía

Una vez más hay que hablar de problemas en las calles de Vilagarcía de Arousa. Unos problemas, dicho sea de paso, que vienen de lejos y no parecen tener fácil solución, porque hay automovilistas empeñados en invadir con sus coches las zonas peatonales, aunque no puedan hacerlo, al igual que hay gamberros que creen que emborronar las paredes y el mobiliario es arte, cuando en realidad es una chapuza.

Hace días se hablaba del atentado patrimonial cometido por los vándalos en el yacimiento Castro de Alobre, y ahora hay que aludir a otras pintadas aparecidas en edificios públicos y privados, papeleras y farolas de la localidad vilagarciana, donde ya en ocasiones anteriores se alertó de la mala imagen que proyectan este tipo de acciones.

La pegada de carteles en paredes y mobiliario afea la ciduad.

La pegada de carteles en paredes y mobiliario afea la ciduad. / M. Méndez

Como también se habló hasta la saciedad del destrozo de calles a causa del paso de vehículos, detectándose ahora que este problema ya se nota en la recientemente estrenada calle de Clara Campoamor, donde el piso también empiezan a partirse.

A todo ello se suma una ingente cantidad de vallas que siguen esparcidas por toda la ciudad, ya sea para señalar obras o para impedir el paso de los peatones por zonas donde hay riesgo de desprendimiento desde fachadas o tejados, siendo ésta una amenaza ahora mayor, después de un invierno tan duro como el vivido.

Todo ello, hay que insistir, son viejos problemas que no acaban de encontrar solución. Como tampoco el de la pegada de carteles en farolas, paredes, bancos y papeleras, que es otra práctica prohibida que está tristemente arraigada en la ciudad.

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