Parar o trabajar a pérdidas, la disyuntiva del transporte ante la subida del gasóleo
Los profesionales creen que se enfrentan a la situación más complicada de los últimos años e instan al Estado a adoptar medidas de forma urgente

Dos camiones cargando mejillón en el muelle de Vilanova de Arousa. / Noe Parga
El espectacular encarecimiento que han experimentado los combustibles en tan solo una semana han golpeado de forma directa al sector del transporte por carretera, dinamitando por completo las tarifas de los portes y convirtiendo en inviable más de un viaje para muchos transportistas. El impacto es de tal magnitud que hay un buen número de autónomos y pequeñas empresas de transporte que ya asumen que van a tener que parar o trabajar a pérdidas, ya que la mayor parte de los transportistas tienen un acuerdo cerrado con sus clientes por un período de tiempo determinado que, en muchos casos, ha quedado obsoleto por esta nueva situación que algunos consideran incluso más complicada que lo ocurrido poco después de la pandemia, a finales de 2021 y los primeros meses de 2022, cuando el sector se acabó movilizando ante los costes de los combustibles y obligando al Gobierno a adoptar medidas para abaratar el combustible.
Víctor Poza, camionero autónomo de A Illa de Arousa apuntaba ayer que «a los más pequeños no nos va a quedar otra que limitar los viajes y los portes porque con este precio resulta totalmente imposible trabajar». Incide en el hecho de que aplicar los nuevos costes a los clientes «no es tan sencillo, ya que lo normal es tener un acuerdo, que suele ser trimestral, con las empresas con las que trabajas en las que los márgenes de variación por el coste del gasóleo son muy pequeños y lo que ha pasado esta semana ha sido una auténtica bestialidad que a muchos nos masacra». El isleño reconoce que ya hay empresas importantes de transporte que «ya han decidido no coger más viajes ante el hecho de que se disparen los costes de una manera brutal y aguardando que esta situación no se mantenga en el tiempo».
De hecho, Poza resalta el hecho de que «hemos pasado de llenar los depósitos a 1,31 euros, céntimo arriba o abajo, a encontrarnos con el litro de gasóleo por encima de los dos euros en algunas gasolineras» y critica a los mayoristas de los combustibles que «aplicaron las subidas antes de que los primeros barriles salidos después del inicio de la Guerra de Irán llegasen a los mercados».
A mayores del gasóleo, Poza también destaca el fuerte impacto que esto está teniendo en el mantenimiento del vehículo que conduce, ya que el precio de elementos fundamentales como las ruedas o los aceites también se ha disparado desde que comenzó la Guerra de Irán.
Víctor Estévez, de Transportes Estévez, empresa asentada en el polígono vilanovés de Baión es muy claro con esta situación: «aquel que tenga ahorros va a poder tirar un tiempo, siempre y cuando no se extienda esta situación y asumiendo que va a perder dinero, pero el que no los tenga va a tener que parar, hay que darse cuenta que llenar un depósito de un camión son entre 1.000 y 1.200 litros que, a dos euros por litro, es una auténtica barbaridad». Estévez reconoce que para las empresas de transporte parar no es una decisión sencilla, ya que «tenemos asalariados a los que hay que pagarle y este incremento, aunque hay muchas variables en este sector, lo cierto es que nos ha descuadrado a todos».
Es por ello que reclama que el gobierno del Estado tome decisiones de forma inmediata vía «eliminar parte de los impuestos con los que están gravados los combustibles con el fin de permitirnos subsistir mientras se alarga esta situación, porque superar estas fluctuaciones para la mayor parte de las empresas y autónomos del transporte por carretera, no va a resultar nada sencillo». En el caso de su empresa, Estévez apunta que de que no van a parar porque «porque tenemos clientes fijos a los que no podemos dejar sin servicio, pero entiendo que otras empresas adopten esa decisión».
La mayor parte del sector coincide con Estévez a la hora de reclamar que se adopten medidas que sirvan para evitar el impacto del precio del carburante en un sector que juega con unos márgenes de beneficio muy limitados. Existen antecedentes de situaciones similares, como ocurrió en el mes de marzo de 2022 cuando, tras el inicio de la Guerra de Ucrania, el Ejecutivo puso en marcha el Plan Nacional de Respuesta las Consecuencias Económicas y Sociales de la Guerra, dotado con 16.000 millones de euros, de los que 1.000 se destinaron al transporte por carretera. Estas medidas consistieron en una bonificación directa al combustible de 20 céntimos por litro, ayudas directas por vehículo y medidas estructurales y de liquidez.
Denuncian «precios especulativos» en el gasóleo agrícola
La crisis de los carburantes también se ceba con otros sectores, como es el caso del agrícola. El Sindicato Labrego Galego (SLG) denunciaba ayer que se están encontrando con «precios especulativos» tras detectar como esta semana los precios del gasóleo agrícola cambiaba de hora en hora. En la primera semana de guerra, los agricultores se encontraron con que el precio pasaba de 0,85 litros a 1,20, un 41% de encarecimiento del producto. Pero la sorpresa llegó esta misma semana, cuando varios integrantes del sindicato contactaron con varias gasolineras en las que los precios oscilaban entre 1,47 hasta 1,62 euros el litro, un incremento, denuncian, de más del doble que en otras partes del Estado.
No dudan en denunciar que «las cuatro provincias gallegas están entre las 20 más caras de todo el estado en el precio del combustible, unos incrementos que se están aplicando sobre stocks comprados a bajo precio que ya tenían en los almacenes, algo realmente preocupante, no solo por el impacto actual, sino por el que puede suceder en las próximas semanas»
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