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O Ramal, el aula donde el móvil enseña a diario

En O Ramal, el teléfono móvil deja de ser un misterio para convertirse en una herramienta útil y cercana. El curso que imparte Juan Antonio Vicente en Vilagarcía ayuda desde hace siete años a decenas de alumnos, sobre todo mayores, a manejar su smartphone con seguridad y autonomía

Uno de los grupos de alumnos que acuden semanalmente a O Ramal a recibir la formación.

Uno de los grupos de alumnos que acuden semanalmente a O Ramal a recibir la formación. / Iñaki Abella

Vilagarcía

En un mundo cada vez más digital, el teléfono móvil se ha convertido en una herramienta imprescindible para gestiones cotidianas que van mucho más allá de llamar o enviar mensajes. Pedir una cita médica, consultar la tarjeta sanitaria, orientarse con el GPS, hacer una transferencia, acceder a la Carpeta Ciudadana o protegerse frente a un fraude digital forman parte de una rutina para la que muchas personas no recibieron ninguna explicación cuando compraron su smartphone. Ahí es donde entra en juego el curso de uso del móvil que imparte Juan Antonio Vicente en el centro sociocultural de O Ramal, en Vilagarcía, y que se ha convertido en un refugio en el que se generan fortalezas para manejarse en un mundo que avanza al ritmo de la digitalización.

El taller se desarrolla de septiembre a junio, con dos clases semanales de una hora y tres turnos. Las sesiones se celebran los lunes y miércoles por la tarde, entre las 16.00 y las 19.00 horas, y los martes y jueves por la mañana, entre las 10.00 y las 13.00. En total, unas 40 personas participan de manera regular, con un coste mensual de 12 euros. En O Ramal también se ofrecen cursos gratuitos promovidos por la Fundación La Caixa, ampliando así la oferta formativa de un centro que cuenta con un gran componente socializador para muchas personas.

Juan Antonio Vicente, técnico de informática y profesor del curso, lleva siete años al frente de esta formación. Recuerda que el origen de la iniciativa fue natural. «El primer año empecé con unas clases de informática y el director me dijo que hiciera también una formación del uso del móvil». El interés fue creciendo a través del boca a boca. En un principio coincidían en un mismo grupo quienes acudían a informática y quienes querían aprender a manejar el teléfono, pero la demanda fue aumentando. «El primer año hicimos un turno y en el segundo ya empezamos con los tres turnos que tenemos ahora», explica.

El perfil del alumnado responde a una necesidad concreta: personas que estrenan un teléfono nuevo y quieren aprender a utilizarlo con autonomía. La mayoría son jubilados y cerca del 70 % son mujeres, aunque en los últimos tiempos también se ha incorporado gente más joven. Hay incluso alumnos que regresan curso tras curso «porque la tecnología no deja de cambiar y siempre hay algo nuevo que aprender y ponerse al día», señala Vicente.

Ese carácter cambiante obliga al profesor a renovar contenidos constantemente. Existe una base común para que los asistentes aprendan el uso básico del móvil, pero a partir de ahí el programa se adapta a las inquietudes del grupo. La aplicación del Sergas es una de las primeras herramientas que despierta interés. Llevar la tarjeta sanitaria en el teléfono es para muchos uno de los aprendizajes más útiles. También ocurre con la Carpeta Ciudadana, la aplicación del Estado que permite consultar documentación e información administrativa como el carné de conducir, certificados de empadronamiento o bienes inmuebles.

La filosofía del curso es práctica. Buena parte de lo que se trabaja en clase tiene una aplicación directa en la vida diaria. Los alumnos realizan gestiones con el móvil y van ganando seguridad para moverse en entornos que antes les imponían respeto, desde operaciones como Bizum o transferencias hasta consultas administrativas y sanitarias. Según explica el docente, muchas personas llegan al aula desubicadas ante la rapidez con la que ha cambiado el mundo. Otras sienten miedo a la tecnología por temor a equivocarse o hacer algo que no deben.

No faltan tampoco las dudas del día a día. Juan Antonio Vicente señala que es habitual dedicar los primeros diez o quince minutos de cada clase a resolver cuestiones concretas que plantean los asistentes. A veces son problemas sencillos, como activar o desactivar el modo avión; otras, consultas más complejas relacionadas con aplicaciones, configuraciones o trámites.

Existe una base común para un uso básico, pero a partir de ahí el programa se adapta a cada inquietud que surja

Uno de los aspectos en los que más insiste el profesor es la seguridad. Proteger los datos personales y aprender a reaccionar ante intentos de estafa se ha convertido en una parte esencial del temario. El phishing, las llamadas spam, los mensajes sospechosos o los enlaces desconocidos forman parte de los riesgos que afrontan a diario los usuarios. De hecho, la Policía Nacional acude en ocasiones al curso para impartir charlas sobre timos y ciberseguridad.

La irrupción de la inteligencia artificial también ha encontrado su lugar en las aulas de O Ramal. Juan Antonio Vicente explica que, una vez la conocen, muchos alumnos descubren su utilidad para tareas cotidianas. «Poder hablar con una herramienta de forma natural y obtener ayuda para recetas de cocina u otras consultas prácticas despierta mucho interés», señala el profesor.

Juan Antonio Vicente lleva siete años impartiendo el curso sobre uso del smartphone.

Juan Antonio Vicente lleva siete años impartiendo el curso sobre uso del smartphone. / Iñaki Abella

Entre los hallazgos que más sorprenden a los asistentes figura el GPS del móvil. Hay quien lo descubre en clase y se pregunta por qué nadie le explicó antes algo tan útil cuando compró el dispositivo.

¿Puede una formación así derivar en un uso excesivo del móvil? El profesor no lo ve como un riesgo real entre su alumnado. Según indica, por perfil habitual rehúyen de las redes sociales y rara vez superan la hora de pantalla. Se trata, afirma, de personas que buscan un uso funcional del teléfono, vinculado a necesidades del día a día y no al ocio permanente.

Tras siete años de experiencia, Juan Antonio Vicente tiene claro cuál es la mayor satisfacción que le deja esta labor: comprobar cómo los alumnos avanzan y hacen suyas herramientas que les resultan útiles. En O Ramal, el smartphone deja de ser un aparato lleno de incógnitas para convertirse en un aliado útil, cercano y cada vez más necesario como herramienta para facilitar el día a día.

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