La tregua meteorológica permite a las aves afrontar la migración prenupcial
El tren de borrascas había complicado los primeros desplazamientos desde sus cuarteles de invierno a las zonas de cría norteñas

El conservacionista y fotógrafo de naturaleza Juan Diéguez, observando aves desde el barco "Chasula". / M. Méndez

La mejoría experimentada en las condiciones meteorológicas no solo permite a las aves iniciar o retomar su desplazamiento migratorio primaveral hacia las zonas de cría, sino que facilita mucho las cosas a los ornitólogos y amantes de la naturaleza en general, ansiosos por disfrutar del espectáculo que supone dicho movimiento.
Algo a tener muy en cuenta en el conjunto de las Rías Baixas, que durante el invierno son refugio para multitud de especies que escapan de las gélidas temperaturas de sus países de origen, y que tanto ahora, en la migración prenupcial, como durante la otoñal o posnupcial, son testigo del paso de miles de aves en su desplazamiento desde África y/o el sur de la Península Ibérica hacia Groenlandia, Siberia u otras zonas del norte del continente europeo, o viceversa.

La penetrante mirada del alcatraz es fácil de observar desde el Chasula. / Xabier Vázquez Pumariño / Birding.gal / Chasula Birds
En ello influyen, y mucho, el Complejo Ons-O Grove, el Complejo Intermareal Umia-O Grove, el Parque Nacional de las Islas Atlánticas de Galicia, el Parque Natural Dunas de Corrubedo e Lagoas de Carregal e Vixán y tantos otros espacios protegidos de las Rías Baixas.
Como también el Banco de Galicia, una Zona de Especial Protección para las Aves situada frente a la costa de las Rías Baixas cuyo punto central se sitúa a unos 220 kilómetros del litoral.
Esta montaña submarina, que se extiende desde las llanuras abisales situadas a 5.000 metros de profundidad hasta una cota mínima, con la cumbre situada a una profundidad de 600 metros, goza de tal riqueza que se ejerce como hogar de invernada vital para todo tipo de aves marinas, tanto por la alimentación que allí encuentran como por ejercer de punto de avituallamiento durante cada paso migratorio.

Un paíño de Wilsom fotografiado desde el barco "Chasula". / Xabier V. Pumariño
De ahí la presencia regular de aves migradoras y/o invernantes como la pardela cenicienta atlántica (Calonectris diadomea borealis), paíño europeo atlántico (Hydrobates pelagicus pelagicus), paíño de Madeira (Oceanodroma castro) y paíño de Leach o boreal (Oceanodroma leucorhoa), que se distribuye por el norte de los océanos Atlántico y Pacífico, reproduciéndose en Norteamérica, Islandia, islas Lofoten, islas Feroe e islas Británicas, según detalla la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife).
Junto con la gaviota enana (Larus minutus), que únicamente aparece en España durante los pasos migratorios y se extiende desde Escandinavia y las repúblicas bálticas hasta el este de Siberia, a través de Rusia, con poblaciones más pequeñas en Países Bajos, Polonia, Rumanía y Ucrania, así como en Norteamérica.
Al igual que puede citarse al charrán común (Sterna hirundo) y al charrán ártico (Sterna paradisaea), que durante la época de cría «se distribuye por regiones muy boreales, situadas principalmente por encima del Círculo Polar Ártico», esgrime SEO.

Un alcatraz visto en las expediciones a bordo del "Chasula". / Xabier V. Pumariño / Birding.gal / Chasula
Sin olvidar a la pardela sombría (Puffinus griseus), pardela capirotada (Puffinus gravis), fulmar boreal (Fulmarus glacialis) ni al paíño de Wilson (Oceanites oceanicus), que cría en las costas antárticas y en los archipiélagos subantárticos del Atlántico sur: Crozet, Georgia del Sur, Kerguelen, Malvinas, Shetland del Sur y Sandwich del Sur, esgrime SEO.
El portentoso alcatraz atlántico (Morus bassanus) también frecuenta el Banco de Galicia, al igual que hace el falaropo picogrueso (Phalaropus fulicarius), que inverna en mar abierto y es propio de las costas de Norteamérica, Groenlandia y Asia que rodean el Ártico.

Rutas ornitológicas a bordo del "Chasula" / Xoán Diéguez / Xabier Vázquez Pumariño / Chasula / Hábitat
El págalo pomarino (Stercorarius pomarinus), págalo rabero (Stercorarius longicaudus) y págalo parásito (Stercorarius parasiticus) se suman a un listado del que forma parte el págalo grande (Stercorarius skua), que cría habitualmente en las costas de Escocia, Islandia, las islas Feroe y Noruega e inverna entre las costas occidentales de Francia y el suroeste de África.
Igual de llamativa resulta la gaviota de Sabine (Larus sabini), propia del Ártico norteamericano –norte de Canadá y Alaska– y que cría también en Groenlandia y Siberia, dejándose ver durante el otoño en el oeste de Europa, principalmente en las islas Británicas, así como en Islandia, islas Feroe, las costas de Europa occidental, el mar Báltico y, puntualmente, el Banco de Galicia.
Además de estas especies, en esta ocasión hay que resaltar al frailecillo atlántico (Fratercula arctica), toda vez que se trata de una de las que más sufrieron en las últimas semanas a causa de los incesantes temporales, localizándose miles de ejemplares muertos en la costa gallega.

Manuel Méndez
Cría por todo el Atlántico Norte y el Ártico, con significativa presencia en Escandinavia, Islandia, Gran Bretaña y el norte de Francia. No se reproduce en España, pero alcanza las costas atlánticas durante el paso migratorio y la invernada, de ahí su presencia frente a las Rías Baixas, pues pasa el invierno en alta mar y solo se acerca a los acantilados costeros, laderas cubiertas de vegetación herbácea o islotes para criar.
Aunque también se aproxima al litoral e incluso se introduce en las rías gallegas en caso de desatarse fuertes temporales, como ha sucedido este invierno.
Es ahora, al llegar la época de cría, cuando los frailecillos que han conseguido sobrevivir regresan a países como Noruega, donde se concentra el 20% de las parejas reproductoras, situándose el 50% en Islandia y el 10%, en Gran Bretaña.
Al aludir a las especies que abandonan las Rías Baixas para irse a sus zonas de cría, como también al hablar de las aves que llegan desde África para anidar aquí, hay que insistir en que esta zona del litoral gallego es «un punto clave para observar este fenómeno migratorio» que, en el caso de ciertas especies, puede prolongarse hasta mayo.
Así lo destaca SEO/BirdLife, donde aconsejan la visita a la Reserva Ornitológica que gestiona en O Grove para disfrutar de la presencia de las especies en ruta hacia el Norte europeo.
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