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Agricultores y viticultores tratan de recuperar el tiempo perdido

Tras las borrascas que inundaron las fincas y viñedos, el rural cobra vida con la preparación de los nuevos cultivos y la finalización de la poda

Una mujer en plena poda.

Una mujer en plena poda. / Iñaki Abella

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Manuel Méndez

Manuel Méndez

Val do Salnés

Debido al tren de borrascas que castigó a Galicia en los últimos meses, en la comarca quedan aún demasiadas plantaciones pendientes y una buena cantidad de viñedos en los que no se ha podido realizar una poda que ya debería estar terminada hace semanas.

El mal tiempo impidió trabajar en la huerta y las viñas, al igual que dejó el suelo completamente inundado o, en el mejor de los casos, demasiado blando como para meter los tractores, tanto en propiedades particulares como en explotaciones comerciales de verduras y hortalizas.

De ahí que agricultores y viticultores se vieran obligados a posponer tanto las plantaciones de todo tipo de especies como las labores de poda.

Los tractores ya pisan terrenos encharcados. Hay zonas que se vieron completamente inundadas, donde el suelo quedó del todo impracticable. En los últimos días los tractores empiezan a pisarlo de nuevo para acondicionarlos e iniciar los cultivos.

Los tractores ya pisan terrenos encharcados. Hay zonas que se vieron completamente inundadas, donde el suelo quedó del todo impracticable. En los últimos días los tractores empiezan a pisarlo de nuevo para acondicionarlos e iniciar los cultivos. / Iñaki Abella

Razón por la cual la mejoría de las condiciones meteorológicas propicia que desde hace días la actividad resulte frenética en el rural, donde tanto el viernes como ayer podía verse a una gran cantidad de ciudadanos podando y atando las cepas, quemando rastrojos, abonando el terreno, reparando invernaderos, empezando a plantar y, en definitiva, tratando de recuperar el tiempo perdido.

Sobre todo en el caso de las plantaciones de zanahoria, nabo, rábano, espinaca, acelga, puerro, guisante, ajos, cebollas tempranas y pimientos.

Ya se explicaba en enero que las incesantes lluvias complicaban en exceso las cosas en la huerta y las viñas, donde tuvieron más suerte aquellos que empezaron a podar en noviembre y diciembre. Y las cosas siguieron igual de mal durante todo el mes y en febrero, de ahí el retraso acumulado por muchos de los viticultores.

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