«Teia Branca», el último vínculo del narcotráfico entre Arousa y Portugal
La detención de un vilanovés muestra la estrecha colaboración entre los grupos criminales de uno y otro lado de la Raia

Traslado de detenidos en una operación contra el narcotráfico desarrollada en Arousa / Iñaki Abella
La detención de un vecino de Vilanova en una reciente operación contra el narcotráfico en Portugal ha vuelto a poner en evidencia los vínculos históricos que las mafias del narcotráfico han tenido con los grupos asentados en el país luso.
Esa relación se ha materializado siempre de tres formas diferentes: el desembarco de la mercancía, donde clanes gallegos han utilizado las costas lusas para alijar la carga, contando con la colaboración de grupos locales; el traslado de la mercancía de un lado a otro de la frontera, sorteando la presión policial; y, sobre todo en los últimos años, la fabricación de narcolanchas, una actividad a la que se dedicaba el vilanovés detenido por la Polícia Judiciária en febrero, y que son clave para la introducción de la cocaína o el hachís a través de las costas occidentales de la Península Ibérica.
Para frenar esta colaboración, no solo existe una importante colaboración policial entre los dos países, sino que también se ha comenzado a caminar hacia una unificación de criterios jurídicos, escenificada en la norma que ilegaliza la posesión de narcolanchas en el país luso, algo que ya ocurre en España desde 2018.
La operación «Teia Branca» se suma a otras como la «Ceira» o la que propició la última caída del Clan de Os Piturros y que demuestran que esos vínculos entre ambos lados de la Raía, a pesar de que el país luso ya no es un santuario para las narcolanchas desde el pasado mes de noviembre, y la ría de Arousa.
La «Teia Branca» es una operación desarrollada por la Polícia Judiciária portuguesa, en colaboración con los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado español, que culminó con la intervención de 1,5 toneladas de cocaína, cinco detenidos y la desarticulación de un grupo criminal que, asentado en el Algarve, operaba en toda la geografía portuguesa, además de transportar la droga hacia España.
En esa intervención, además de la droga, se intervinieron siete narcolanchas, 22 vehículos, armas de fuego (seis AK-47, una pistola ametralladora y dos pistolas Glock) y 10 relojes de alta gama. El papel del vilanovés sería, presuntamente, el encargado del mantenimiento y reparación de las embarcaciones, fabricadas a caballo entre Portugal y Galicia.
Un desembarco frustrado en la localidad portuguesa de Peniche en 2023 acabó con varios integrantes del clan de Os Piturros en la cárcel pocos meses después. Bajo el epígrafe de «Nazaré», se detuvo a nueve personas en diciembre de 2023 vinculados a un desembarco de 2 toneladas de cocaína que se cometió en la localidad de Peniche.
En abril de ese año, varios ocupantes de una potente lancha fueron identificados por la policía portuguesa cuando se encontraban cargando gasolina. Todos ellos pudieron marcharse al no estar tipificado como delito el uso de estas embarcaciones. Sin embargo, al día siguiente se localizaría esta misma lancha en una playa de Peniche, con 300 kilogramos de cocaína en su interior y el cuerpo de un ciudadano portugués, fallecido a causa de las hélices de la narcolancha. A unos centenares de metros se encontrarían otros 1.200 kilogramos de cocaína.
Las narcolanchas también fueron el objetivo en la operación «Rebote-Ceira-Lobo», que se desarrolló en octubre de 2024 entre la ría de Arousa y Portugal, con 28 detenidos. El desarrollo de esta operación fue un ejemplo de colaboración transfronterizo entre la Guardia Civil, Policía Nacional y Polícia Judiciária que, durante dos años, siguieron la pista a una organización criminal que se dedicaba a la construcción de embarcaciones y su puesta a punto.
Las embarcaciones comenzaban a fabricarse en naves de Sanxenxo y A Illa, antes de ser trasladadas a naves industriales en Caminha, donde se finalizaban, aprovechando que el limbo legal sobre estas embarcaciones que existía en Portugal por aquel entonces. Además de la construcción, el grupo criminal también se dedicaría a la distribución de grandes cantidades de droga.
Estas son solo algunas de las operaciones conjuntas a uno y otro lado de la Raia, pero también existen fundadas sospechas de un buen número de relaciones. De hecho, la última sospecha vincula el hundimiento de un barco bateeiro en la ría de Arousa, cargado con 12.000 litros de combustible, con destino a un narcosubmarino que habría descargado la cocaína en algún punto de la costa lusa.
Alonso: «Hay que unificar la legislación entre países para frenar a los narcos»
«Es evidente que los grupos criminales comparten los mismos objetivos a un lado y el otro de la Raia, que es el de introducir la droga, y a quien la exporta le da igual desembarcar en una playa de Oporto que en una de Arousa, para ellos la península es un largo arenal en el que desembarcar su veneno, lo eligen en función de la presión policial que exista en cada momento». Quien así habla es el gerente de la Fundación Galega Contra o Narcotráfico, Fernando Alonso, al que no ha pillado de sorpresa la presencia de un arousano en Portugal ya que «son los clanes gallegos los que tienen la logística más engrasada y es corriente su presencia en Portugal sea como los responsables del alijo o en apoyo logístico».
Alonso insiste en que el paso que ha dado Portugal, de ilegalizar las embarcaciones rápidas es un golpe «muy importante para estos grupos, porque se les ha acabado la impunidad total» a lo que se suma la estrecha colaboración que mantienen «los cuerpos y fuerzas de seguridad de ambos lados de la frontera, que está siendo clave para golpear el corazón de los grupos criminales».
La ilegalización de las embarcaciones también levanta un temor en Alonso, que es que los astilleros y toda la logística acabe trasladándose a otro país, apuntando a Marruecos, ya que asume que «no van a dejar de introducir cocaína en la península para distribuir por toda Europa, por eso todos los países deberían no solo potenciar la co0laboración entre sus fuerzas y cuerpos de seguridad, sino también unificar la legislación para ser más efectivos».
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