Rural
Ana Beatriz Amoedo, viticultora de Cambados, defenderá el papel de la mujer agraria en la FAO
La agricultora cambadesa trasladará a Roma las demandas de las mujeres de O Salnés en un encuentro sobre liderazgo, justicia y futuro en el sector

La agricultora cambadesa en su finca en Castrelos. / Noé Parga
La agricultura de O Salnés tendrá representación propia esta semana en Roma. La cambadesa Ana Beatriz Amoedo, agricultora y viticultora, formará parte de la delegación que la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) traslada a la sede de la FAO –la organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura– con motivo del año internacional de las mujeres agricultoras. La cita será mañana jueves en el encuentro internacional «Mujeres rurales: liderazgo, justicia y futuro en la agricultura», concebido como un espacio de diálogo entre sociedad civil, representantes gubernamentales y profesionales del sector.
El objetivo, según el planteamiento de la organización, pasa por identificar necesidades comunes, compartir experiencias, evaluar políticas públicas y formular recomendaciones estratégicas con perspectiva de género. En ese marco, Amoedo asumirá el papel de trasladar «la voz, las preocupaciones y demandas de las mujeres gallegas» hasta un foro en el que se darán cita lideresas de la agricultura y la ganadería de España, además de participantes de distintos puntos de España y Latinoamérica. «Voy sola como representante de O Salnés, con ilusión por conocer cómo se trabaja fuera y por defender el papel de la mujer agraria», resume.
Su historia persona explica parte del discurso que pretende llevar a Roma. De formación contable, Amoedo vio como cerró su última empresa en 2011 y, ante la enfermedad de sus suegros, decidió incorporarse como profesional agraria. En Cambados trabaja una superficie cercana a los 7.000 metros cuadrados dedicada a la agricultura y a la viticultura. Primero se volcó en el viñedo y, desde 2017, amplió el proyecto con la huerta, un ámbito en el que también se ha convertido en referencia: es delegada de huerta en Unións Agrarias en la subzona de O Salnés.

Ana Beatriz Amoedo apuesta por dignificar el trabajo agrario. / Noe Parga
Desde esa posición, describe un sector con carencias organizativas y un liderazgo todavía muy masculinizado. «Aunque en la comarca existe la cooperativa Horsal, no hay una cabeza visible que luche por el agricultor en esta zona», apunta, al tiempo que explica que están impulsando una sectorial para defender el ámbito hortícola. A través de contactos previos con Fademur, fue llamada para participar en una reunión sobre la situación del sector «desde las mujeres», lo que abrió la puerta a su presencia en Roma.
Amoedo llega al encuentro con una realidad productiva muy concreta: desde hace años trabaja en agricultura ecológica, integrada en Horsal y adaptando la producción a las necesidades de grandes distribuidoras. En verano centra su actividad en judía, calabacín y calabaza, mientras que en invierno apuesta por cultivos como berza rizada, repollo y lechuga, si bien en las últimas campañas ha optado por el parón invernal. «Hay demasiada humedad y no es rentable», explica, por lo que esos meses los dedica a sembrar cereal y leguminosas para aportar nutrientes al suelo de cara al verano.
El apartado vitícola completa su día a día: trabaja para Condes de Albarei y observa como el cambio climático está alterando los equilibrios del sector. «Aumentó la producción y sobra vino», advierte, enlazando con una de las preocupaciones que quiere poner sobre la mesa: la vulnerabilidad económica del campo. «Trabajamos al céntimo. Tienes que tener vocación porque no lo haces por ganar dinero», sostiene, apuntando los márgenes estrechos, los costes de los tratamientos, «en ecológico sale el triple de caro», y el hecho de que «una mala campaña fastidia un año de ingresos». También lamenta que los seguros para huerta «no funcionan demasiado bien», lo que obliga a muchas familias a contar con un colchón de ingresos.
A esa presión se suma la dificultad para encontrar mano de obra en épocas de recolección y el impacto social de una imagen del agro que, a su juicio, sigue sin estar dignificada. «Parece que trabajar en el campo es un tabú o una mala imagen, como si solo fuese para quien no tiene dónde ir», denuncia. A la vez, detecta un movimiento incipiente de retorno a labores agrarias, aunque insiste Amoedo en que el relevo generacional avanza «muy lento» y todavía son más los agricultores que abandonas que los que se incorporan.
Con esas ideas, la cambadesa se prepara para compartir mesa con agricultoras de diferentes territorios y contextos, en un cónclave que pretende traducirse en propuestas y consensos. El encuentro, además, se alinea con la Estrategia Nacional frente al Reto Demográfico, que sitúa la equidad territorial y la igualdad de oportunidades en el centro de las políticas públicas. En el equipaje de Amoedo, además de la experiencia de campo, viaja una reivindicación: que la agricultura —y, en particular, el trabajo de las mujeres rurales— deje de ser invisible. «En el campo nunca sobran manos; se echan horas sin reloj», concluye.
Suscríbete para seguir leyendo
- La crisis del marisqueo obligará a los restaurantes a reinventar sus cartas
- El 'Nuevo Santa Irene' y el narcosubmarino: el barco hundido en O Grove, un foco de contaminación con certificados caducados
- La lamprea del Ulla por fin sube y su precio baja
- La mano de Bodegas Arzuaga empieza a notarse en Pazo de Rubianes
- Muere la artista carrilexa Mar Barral
- Rías Baixas quiere congelar la producción de uva ante el desplome del consumo
- La última visita al jardín que incluso sedujo a Netflix
- Lluvia de millones para el sector mar-industria gallego