Entroido
Fontecarmoa se pone el último disfraz
El Centro Cultural de Fontecarmoa despidió el Entroido a su manera. Una fiesta tradicional que, en esta ocasión, mezcló teatro, diversión, disfraces y hasta 600 orejas elaboradas con mimo desde el amanecer

Las orejas fueron protagonistas de la fiesta. | NOÉ PARGA
El Centro Cultural de Fontecarmoa volvió a despedir el Entroido a su manera, con una celebración que se ha convertido en tradición en el lugar y que se programa a propósito fuera de las fechas grandes del carnaval. La fiesta se celebró en la tarde de ayer, ya con el pulso del carnaval bajando en la calle, para que la vecindad pueda reencontrarse «sin solaparse» con las citas centrales. Y eso que la climatología alteró muchos calendarios previstos.
La cita arrancó sobre las 19.00 horas con diversión a cargo de Abázcaro Teatro, que puso en escena cuatro sainetes de formato breve: «O fotógrafo», «É unha madalena», «Sesión de cine» y «Deportistas de élite». Dos de ellos, según explicaron desde el grupo, son creaciones propias y buscan conectar con el público desde el humor. «Es la primera vez que los hacemos, esperemos que salga bien», señalaba su director, Fernando García, minutos antes de la función.

Un momento de la representación. | NOÉ PARGA
Tras las tablas llegó el turno del «alma» gastronómica del encuentro: la degustación de orejas, elaboradas desde primera hora. Bárbara Diz, presidenta de la asociación vecinal, resumía el esfuerzo: «Estamos haciendo orejas desde las 7 de la mañana. Cinco personas haciendo orejas. Fueroin diez kilos de harina para hacer sobre unas seiscientas orejas». Una receta clásica —huevo, manteca, anís y limón, azúcar y sal— con un dato que impresiona por sí solo: «sobre 100 huevos nos hicieron falta. No se le puede llorar porque hay que darle lo que te pida la masa».

El público disfrutó de los sainetes de Abázcaro. | NOÉ PARGA
Con la merienda compartida y bebida a disposición de los asistentes, la velada culminó con baile de disfraces, invitación incluida a participar caracterizado. Un final festivo para una jornada pensada, año tras año, como un carnaval más cercano y vecinal, con alrededor de un centenar de personas arropando la iniciativa.
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