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Cambio de rumbo tras 30 años

La última visita al jardín que incluso sedujo a Netflix

La colección botánica de La Saleta cierra este domingo a las visitas guiadas después de 30 años siendo uno de los pazos más visitados, sobre todo por sus camelios. La propiedad prepara nuevos proyectos, pero frena el ritmo de abrir su hogar al mundo

Una de las plantas que despertó mayor expectación, por su floración, en la visita de ayer.

Una de las plantas que despertó mayor expectación, por su floración, en la visita de ayer.

Meis

El Pazo de La Saleta posee una de las colecciones botánicas privadas más importantes de España y sus dueños llevan 30 años abriéndola al mundo; abriendo también la intimidad de su casa a extraños y ahora sienten la necesidad de darle un giro radical a la forma de compartir su tesoro. Así que este domingo ofrecerán la última visita guiada.

Los eventos seguirán teniendo cabida e incluso está en camino un club de lectura muy especial, así que aún se podrán ojear algunas de sus 800 especies, pero aquello de Silvia Rodríguez Coladas adentrándote durante dos horas en la historia y las muchas particularidades de esta propiedad del siglo XVII, se acabó, y ha sido tanta la expectación que tienen lista de espera por si alguien cancela. Difícil.

La codirectora describe el futuro como un punto y aparte porque sobre la mesa tienen un proyecto de visitas, pero será «completamente diferente, para personas realmente interesadas en la historia, el arte, la botánica y la cultura en general. Con acceso al estudio de mi marido -el reputado artista plástico Víctor López-Rúa- a la biblioteca… Y como algo muy esporádico, para grupos muy reducidos y que tendrá el precio que le corresponde. A lo mejor asusta a quien lo vea, aunque no hará falta ser rico, pero es como muchas cosas, cuestión de preferencias, respetables. Como hay gente que incluso pide un crédito para viajar cuando su equipo juega fuera y yo no lo haría». Esperan que vea la luz entre finales de 2027 y 2028 y asegura que «hay demanda» para una experiencia que seguirá la filosofía del «slow life».

Los que añoren saber cómo le va a este paraíso, clientes habituales, que los hay, podrán seguir informados a través de la newsletter «La gacetilla saletina», enviada por correo electrónico.

Pero la familia necesitaba poner freno a la manera de compartirlo iniciada por la matriarca Blanca Coladas en 1996, cuando se hizo con esta parte de la propiedad -era mucho mayor-, siguiendo el legado de sus anteriores dueños, el matrimonio británico conformado por Margaret y Robert Gimson.

Ellos pusieron las primeras semillas con especies traídas de todas partes del mundo y autóctonas, destacando la camelia. De hecho, ostentó el título de Jardín de Excelencia por la Sociedad Española, pero ya no podían sostener la obligación de abrir todo el año y pidieron la baja voluntaria.

Al final, es «estresante», cuenta Rodríguez, pues su propósito no es ser un escaparate. «Se trata de nuestra casa, con nuestra intimidad, no es museo y nuestro verdadero objetivo es aumentar, enriquecer y preservar esta joya botánica», lo cual van consiguiendo, empezando por el aumento de la diversidad, pues han doblado el número de especies.

Una pisada fatal

Así que, si ya nunca fueron muy amigos de las visitas masivas, cada vez lo eran menos. Hasta el punto de que el interés mostrado por Netflix de usarla como plató para «El jardinero» le provocaba «pesadillas» a Silvia: «De solo pensar, 50 personas por aquí, con cámaras moviéndose...».

El jardín destaca por su diversidad con más de 800 especies. | IÑAKI ABELLA

El jardín destaca por su diversidad con más de 800 especies. | IÑAKI ABELLA

Puede parecer una exageración: «Entiendo que no todo el mundo sabe, pero es que a lo mejor hay una plantita que solo levanta diez centímetros del suelo y si la pisas, puedes estar perdiéndote algo maravilloso en un futuro». Así que, a pesar de la jugosa compensación económica, «respiré aliviada cuando retiraron su interés. Yo creo que de tantas pegas que le puse», comenta entre risas.

Y eso que, a pesar de vivir en un pazo, el dinero «no nos sobra», asegura, pero «son como mis hijos, así que hay cosas que no compensan». Y lo dice por la experiencia de 30 años de un pazo que está entre los más visitados.

Llevarse cosas, arrancar plantas o tocarlas son algunos de los comportamientos incívicos vividos en estas décadas a pesar de las continuas advertencias y que, por ejemplo, le costaron la vida a dos especies cuya gran belleza fue, precisamente, su perdición. No obstante, la también escritora niega que sea el motivo de su decisión porque «la grandísima mayoría respeta, sino, ya habríamos cerrado antes».

La visita al palomar tampoco será posible a partir del domingo. | IÑAKI ABELLA

La visita al palomar tampoco será posible a partir del domingo. / IÑAKI ABELLA

Y eso que algunas han sido «graves», reconoce. Pero se las llevará a la tumba porque también han sido muchas las experiencias maravillosas con quien ha sabido apreciar una belleza que hasta 2014 prácticamente solo atraía a extranjeros. Muchos de ellos siguen siendo británicos, que le han contado que este jardín, un diseño de la paisajista inglesa Brenda Colvin, está en peligro de extinción porque sus trabajos «están desapareciendo en su país, se están abandonando».

Décadas sin florecer

La familia lo vive con la misma pasión del primer día, pues además de ejemplares únicos en Galicia, nunca deja de sorprenderles con nuevos fenómenos, como esa «camellia nitidissima» que tardó más de 30 años en florecer, sin que su «padre» llegara a contemplarla. Ni esta ni otras muchas cosas, porque el británico entusiasta de la botánica solo pudo disfrutar de su jardín 15 años tras comprarlo, en 1968.

O esa camelia nacida espontáneamente, bautizada como «saleta summer» y que también florece en agosto, una fecha que no está en su genética. Rodríguez fantasea con que ha surgido afinidad con una acacia próxima que brota en ese mes: «Seguro que se tocan bajo tierra, donde hay todo un universo de raíces, hongos… Y ya se sabe que estos se comunican a través de micelios». Así que, las visitas se acaban, pero la magia de la naturaleza, no.

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