La mortandad de mejillón avanza hacia las bateas exteriores de las rías gallegas
El agua dulce que afectaba a viveros interiores ya mata molusco en zonas con 30 metros de profundidad

Descargas de mejillón en Meloxo (O Grove). / Iñaki Abella

Hace unas semanas se alertaba en FARO DE VIGO de que el brutal descenso de la salinidad que estaba acabando con la producción de almeja y berberecho afectada también al mejillón de batea, y tanto al de talla comercial como a la cría (mejilla) encordada este mismo año.
Los mejilloneros alertaban de pérdidas cuantiosas en diversas bateas de polígonos interiores de las rías que se hacía notar, sobre todo, en los 3 o 5 primeros metros de cuerda, donde el molusco ha desaparecido por completo, en muchos casos, o está aún sujeto pero muerto e inservible, en otros.
Días después, la Organización de Productores de Mejillón de Galicia (Opmega) confirmaba esa preocupante situación y anunciaba la realización de una especie de inventario o consulta entre todos sus asociados para evaluar el verdadero alcance de las pérdidas por descenso de salinidad.
Pues bien, ahora puede decirse que la mortandad se ha extendido por los polígonos interiores, más próximos a la desembocadura de los ríos y con poca profundidad bajo las cuerda, donde el agua dulce gana la partida a la salada con mayor facilidad.

Imagen en la que se aprecia mejillón abierto en una cuerda. / FdV
Pero no solo eso, sino que las pérdidas empiezan a hacerse notar también en las bateas de la zona media y exterior de las rías, donde gracias a las corrientes se notan más los procesos de afloramiento costero y no solo hay más nutrientes, sino que el aporte de agua dulce tiene menos trascendencia.
Pero ha llovido tanto que, en el caso de Arousa, están apareciendo cuerdas repletas de mejillón muerto incluso en bateas situadas en zonas donde la ría supera los 30 metros de profundidad.
Nunca visto
«Cuando hay mucha agua dulce suele pasar esto, pero cerca de las desembocaduras de ríos –relata uno de los productores–, pero que esté muriendo el mejillón en toda la ría de Arousa, incluso en las bateas de fuera, es algo terrible y nunca visto».
Hay algunos acuicultores que dicen tener sus parques de cultivo flotantes en «zonas con 33 metros de agua» e incluso en «uno de los puntos de la ría con mayores corrientes, que no dan tiempo a que el agua dulce se detenga, y resulta que también en esas bateas se murió el mejillón».

Un cesto de mejillón, la mayor parte ya muerto. / FdV
Uno de los consultados esgrime que «hasta la semana pasada estaba todo perfecto» en las bateas «de fuera», pero ahora «está todo perdido, incluida la cría que hemos estado encordando este año».
Un conocido bateeiro de Boiro detalla que empezó a trabajar en el sector a los 13 años «y nunca vi cosa igual, y mi padre, que tiene 91, también se dedicó a esto toda su vida y tampoco recuerda nada parecido».
En su caso fue a sacar una barcada –cuando el mejillón se traslada a granel sobre la cubierta para abastecer a cocederos o conserveras– «y cuando levanté el cesto no daba crédito a lo que estaba viendo, porque el mejillón no servía absolutamente para nada».

Un bateeiro levantando una cuerda de mejillón para mostrar que la mayoría está muerto. / FdV
Y eso que la batea en la que estaba trabajando es una de las que están por fuera del polígono –con más corriente y alimento que las de dentro–, donde la profundidad supera los 30 metros.
Nunca vi cosa igual, y mi padre, que tiene 91, también se dedicó a esto toda su vida y tampoco recuerda nada parecido
«Si esto pasa aquí, en el Caramiñal E, no me quiero ni imaginar lo que está pasando dentro de la ría», lamenta este bateeiro.
«Lo que está pasando es que está todo muerto y ya hemos perdido el año», responden productores con sus emparrillados en polígonos interiores como los de Vilagarcía.

Descargas de mejillón de bateas que ya se sacudieron el episodio tóxico otoñal. / M. Méndez
«Esto es una ruina, porque esta mortandad por agua dulce llega después de años muy malos y tras haber sufrido mucho en los últimos meses», apostillan.
Se refieren así al mal desove del pasado ejercicio, la actual escasez y debilidad de la cría, los desprendimientos de producto comercial generados por el fuerte oleaje y las corrientes durante los últimos temporales.
Solo nos queda empezar de nuevo desde cero, volver a recoger cría, encordarla y esperar al año que viene
Como también a los destrozos que el tren de borrascas causó en los emparrillados y al parón provocado por el fuerte episodio tóxico registrado en Galicia entre octubre y enero.
«Estamos perdidos», concluye otro de los mejilloneros que han relatado a FARO su experiencia en los últimos días y el desánimo que impera en el conjunto del sector.
«Algunos han perdido el mejillón en los 3 o 5 primeros metros de cuerda, que ya es una tragedia, pero otros lo hemos perdido absolutamente todo, ya que además de sufrir desprendimientos, ahora vemos cuerdas completamente vacías o muertas a causa del agua dulce, por lo que solo nos queda empezar de nuevo desde cero, volver a recoger cría, encordarla y esperar al año que viene», argumentan bateeiros de O Grove y Rianxo.

La ubicación importa
A priori, los polígonos de Arousa más expuestos al descenso de la salinidad, por su ubicación en el interior de la ría y la proximidad a desembocaduras de importantes cauces fluviales, son el Vilagarcía A, provisto de 200 bateas, el Vilagarcía B, con 267 y el Pobra o Caramiñal E, con 223 viveros flotantes.
No menos complicada resulta la situación en el Pobra C, que tiene registrados 256 viveros; el Pobra D, con 80; Pobra B, con 94 y los Pobra A y G, que suman una veintena de artefactos.
Algo parecido sucede con el Cambados A (180 bateas), Cambados D (99) y Grove A (76).
En mejor situación parecen el Cambados C, al que pertenecen 256 bateas de mejillón y Caramiñal H (156).
Los polígonos más próximos a la boca de la ría y, sobre el papel, los más ricos, son los de Ribeira y Meloxo (O Grove), en este último caso con alrededor de doscientas bateas.
En la ría de Pontevedra son los polígonos de Portonovo (120 bateas) los que están más adentro. A ellos se suman los de Bueu (130 viveros) y los Cangas A y B, con un centenar de artefactos.
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