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La muerte de la cría sembrada agrava los problemas del marisqueo

El brutal descenso de la salinidad sigue cargándose bancos

El agua dulce también afecta a zonas que recibieron millones de unidades de almeja

El marisco sigue muriendo en las playas gallegas.

El marisco sigue muriendo en las playas gallegas. / Iñaki Abella

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

Mucho se está hablando en los últimos años del declive del marisqueo en Galicia. Mucho más a raíz del último tren de tormentas, que se ha cargado buena parte de la producción comercial y sitúa al sector en un posición incluso más delicada que en 2023, que ya había sido terrible para sus intereses.

El mayor problema es que no solo se mueren los bivalvos de talla comercial, sino también los juveniles, lo cual lastra el reclutamiento y además de poner en jaque la campaña de este año condena la de ejercicios venideros.

De ahí que, como se explicaba ayer en FARO DE VIGO, esté nuevamente sobre la mesa el estudio de modelos o planes de gestión alternativos, pues como indica el presidente de la Asociación Gallega de Comercializadores de Mariscos (Agacomar), de nada sirve sembrar mile s de unidades de semilla de almeja si el lecho marino no está preparado previamente para acogerla o si no se mantiene en buenas condiciones una vez realizada la repoblación.

Marisco muerto en la playa de Vilagarcía, ayer.

Marisco muerto en la playa de Vilagarcía, ayer. / Iñaki Abella

Esto hace que tanto comercializadores como miembros de la Asociación Gallega de Depuradores de Moluscos (Agade) insistan en la posibilidad de que sus empresas gestionen directamente zonas actualmente improductivas o que se están dejando morir muy lentamente, ya sea porque no se trabajan de forma adecuada o porque entre bajas médicas, falta de relevo generacional o pérdida de rentabilidad, cada vez hay menos mariscadores disponibles para hacerlo.

Pero también queda en el aire una pregunta en la que ayer insistían tanto Agacomar y Agade como responsables de diferentes cofradías de pescadores y agrupaciones de mariscadores: ¿De qué ha servido gastar tanto dinero durante los últimos años en sembrar cría?

Alevines muertos

Ellos mismos se responden diciendo que buena parte de esos alevines perecieron igualmente a causa de la acumulación de agua dulce que tanto daño está causando en la rías, no solo en el caso de la almeja y el berberecho, sino también en las bateas de mejillón y ostra.

Respecto a los tradicionales bivalvos, puede recordarse que hace justamente un año la Consellería do Mar sacaba a relucir unos datos concluyentes sobre su apoyo al sector marisquero. Entre ellos destacaba que desde 2010 se habían sembrado 364 millones de unidades de almeja a lo largo y ancho de casi 5 millones de metros cuadrados de bancos marisqueros repartidos por toda Galicia.

Acondicionamiento de bancos en la ría de Pontevedra, ayer.

Acondicionamiento de bancos en la ría de Pontevedra, ayer. / Rafa Vázquez

Lógicamente, en un periodo tan largo de tiempo, a mucha de esa semilla se ha sacado el máximo partido. Pero no parece que ese sea el caso de la esparcida por las rías durante el último lustro, a tenor de las mortandades generalizadas registradas tanto en 2023 como en las últimas semanas y meses.

Sin sumar todo lo sembrado en 2025, hasta abril Mar había aportado al sector 199 millones de unidades eran almeja babosa, 138 millones de alevines de japónica, más de 26 millones de individuos de almeja fina y 575.000 de almeja rubia.

Y no solo eso, sino que en el mismo periodo, desde 2010, se removieron, oxigenaron y/o descompactaron alrededor de 13 millones de metros cuadrados.

A lo que se sumaba el aporte o traslado de áridos en una superficie total de 30.452 metros cuadrados y la aprobación de proyectos de regeneración valorados en 3,2 millones de euros, desde el año 2023.

Por todo ello sacaba pecho en abril de 2025 el entonces conselleiro de Mar, Alfonso Villares, durante una siembra de 2,8 millones de unidades de babosa en la ría de Arousa, tratando de regenerar el conocido y estratégico banco marisquero de O Galiñeiro.

Proceso que se hacía acompañar de una ayuda económica de 65.000 euros concedida por la propia Consellería y el «descompactado y remoción de sustrato» en una superficie de 130.000 metros cuadrados.

De este modo, Mar quería dejar claro «el compromiso continuado de la Xunta para seguir impulsando la competitividad de la actividad marisquera», considerada «estratégica para la comunidad» y necesitada de «iniciativas con las que ahondar en la recuperación y conservación de las zonas productivas para garantizar su sostenibilidad».

Como también para «dar cumplimiento a los indicadores de la Directiva Marco como la mejora de la biodiversidad, generación de nuevos espacios para el asentamiento de especies y preservación del stock de especies comerciales como la almeja babosa».

Por estas y otras razones, parece quedar claro el apoyo de la Consellería do Mar a cofradías y agrupaciones de mariscadores para «recuperar el hábitat marino en favor de especies de interés comercial» y generar «un impacto positivo en el conjunto de la sociedad».

Lo que está en duda ahora es si todo ese apoyo ha sido suficiente para reforzar la actividad marisquera, generar empleo y beneficiar al conjunto de la economía local de cada pueblo costero.

A tenor de lo sucedido desde hace semanas, cuando no dejan de ir en aumento las quejas y lamentos por la masiva mortandad de marisco, parece que hace falta más.

Mariscadoras limpiando el interior de la ría de Pontevedra, ayer.

Mariscadoras limpiando el interior de la ría de Pontevedra, ayer. / Rafa Vázquez

Y es, llegados a este extremo, cuando cobran más peso los planteamientos de colectivos como Agacomar y Agade, junto con el de diferentes cofradías, proponiendo alternativas para los millones de metros cuadrados de superficie improductiva existentes en la comunidad.

Planteamientos que, por ejemplo, llevaban a la Federación de Cofradías de Pescadores de Pontevedra y a la Asociación Gallega de Comercializadores de Marisco a anunciar ya el pasado mes de noviembre que es necesario buscar soluciones consensuadas para «hacer frente a la alarmante situación del marisqueo» y «subsanar sus debilidades, tanto desde el punto de vista productivo como del organizativo o el administrativo».

Lo más importantes es que las cofradías y agrupaciones de marisqueo recapaciten y cambien de rumbo en lugar de estar siempre a expensas de las ayudas económicas de la Administración por ceses de actividad u otros conceptos

En aquel momento, antes del último tren de tormentas, aseguraban que «la situación es de tal gravedad que urge analizarla con detalle» y «realizar un análisis profundo del actual sistema de gestión del marisqueo que permita sentar las bases para su resiliencia».

Un mensaje en el que ayer abundaba a través de FARO el presidente de Agacomar, Abelardo Rodríguez, y que viene a coincidir con el posicionamiento de Agade durante los últimos años, desde el convencimiento de que «el modelo de gestión marisquera está agotado».

De ahí que esta entidad ya indicara hace tres meses que «el hecho de que las propias cofradías reconozcan que hay que mover ficha y hacer algo para reflotar el marisqueo, puede ser un primer paso para revertir la situación actual».

Mariscadores recogiendo la porquería que cubre sus bancos.

Mariscadores recogiendo la porquería que cubre sus bancos. / Rafa Vázquez

«Lo más importantes es que las cofradías y agrupaciones de marisqueo recapaciten y cambien de rumbo en lugar de estar siempre a expensas de las ayudas económicas de la Administración por ceses de actividad u otros conceptos, pues no hay que olvidar que la Consellería do Mar ya les da terrenos en los que trabajar, les entrega semilla de bivalvos y les brinda vigilancia y apoyo técnico, científico y tecnológico», decían los depuradores de moluscos.

Reflexiones en las que llevaba años insistiendo el presidente saliente de Agade, Tito Fariña, y que le costaron multitud de problemas y críticas, al entender parte del sector productor que la irrupción de la iniciativa privada en bancos marisqueros inservibles para tratar de recuperarlos podría suponer una amenaza para ellos.

Aunque el propio Tito Fariña siempre dejó claro que «nada más lejos de la realidad», pues de lo que se trata es de «estar todos unidos y colaborar para sacar esto adelante, ya que los mariscadores, depuradores y comercializadores nos necesitamos mutuamente».

Ya en una entrevista concedida a FARO en 2021 aludía a algunos cambios a introducir explicando: «Llevamos muchos años pidiendo a las cofradías que gestionen el libre marisqueo –actividad que prácticamente ha desaparecido desde entonces– pensando en la temporada de verano, porque de nada vale tener una superproducción de almeja y berberecho en noviembre o marzo cuando el mercado demanda esos productos entre junio y agosto».

Y concluía: «No se puede aguantar el marisco en las playas esperando a que suban las cotizaciones y arriesgándose a que lo maten los temporales o las toxinas, pues es una práctica arriesgada y quien sale perdiendo es el propio mariscador».

Todo esto, hay que insistir, planteado por el ya expresidente de Agade en 2021, antes de que el duro invierno de 2023 empeorara las cosas y diera la puntilla a buena parte de las cofradías y agrupaciones de marisqueo arousanas, a las que este 2025 parece condenar a seguir hundidas a la espera de soluciones realmente efectivas.

La mortandad en los parques de cultivo va en aumento | IÑAKI ABELLA

A medida que los propietarios de los parques de cultivo de Carril acuden a los mismos para comprobar su estado constatan que la mortandad de su afamada almeja va en aumento, como sucede en las concesiones de la agrupación de marisqueo a pie. Los bivalvos sufren mucho en esta zona por su ubicación en la desembocadura del río Ulla, ahora más caudaloso que nunca. / Iñaki Abella

Tales como «trabajar el mar», que es lo que plantean Agacomar y Agade cuando proponen «trabajar mucho de otro modo» y «regenerar las zonas improductivas, oxigenar el substrato y luchar contra los depredadores, porque año tras año la producción baja y los competidores aumentan».

Unos competidores, por cierto, sobre los que ya alertaron dichas entidades en años anteriores, resaltando que «el problema no es solo la pérdida de productividad de las rías, sino la consolidación en los mercados de producto de otros países que han sabido aprovechar el desabastecimiento padecido en Galicia».

De ahí que en la actualidad «los mercados estén totalmente copados por bivalvo foráneo», haciendo «muy difícil» que los productores gallegos puedan «recuperar el terreno perdido».

Y de ahí, también, que incluso la Federación de Cofradías de Pontevedra reconozca que «el marisqueo es un enfermo que requiere de actuaciones rápidas que, al menos, lo mantengan en pie», a la espera de soluciones más ambiciosas y avaladas científicamente que ayuden a «curarlo y fortalecerlo» cuanto antes.

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