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Tras la rotura de bateas y los desprendimientos, la mortandad por agua dulce

El descenso de la salinidad está causando estragos en las bateas de mejillón del interior de las rías

Las pérdidas alcanzan ya el 70% en los tres primeros metros de cuerda

Una batea destrozada por los temporales. | IÑAKI ABELLA

Una batea destrozada por los temporales. | IÑAKI ABELLA

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

Los peores augurios se están haciendo realidad. Los bateeiros atraviesan uno de los peores momentos de los últimos años, pues al mal desove del pasado ejercicio y a la actual escasez de mejilla (semilla) y su debilidad, no solo se sumaron los desprendimientos de producto comercial generados por el fuerte oleaje y las corrientes, sino que ahora hay que hablar también de una mortandad masiva a causa del descenso de salinidad.

Así lo destacan los productores consultados, quienes aluden a una situación especialmente grave en los polígonos bateeiros situados en las zonas interiores de las rías y/o próximas a las desembocaduras de los ríos.

Los propios mejilloneros sostienen que «en los tres primeros metros de cuerda la mortandad alcanza ya el 70%». Y se atreven a pronosticar que «será del cien por ciento en los próximos días, si las cosas no cambian».

Para más inri, en casos concretos como los polígonos de Vilagarcía y en la zona de O Chazo, hay bateas donde, por falta de calado, las cuerdas no miden los 12 metros permitidos, sino que se limitan a 9 o 10 metros.

Descargas de mejillón en Porto Meloxo (O Grove). | M. MÉNDEZ

Descargas de mejillón en Porto Meloxo (O Grove). | M. MÉNDEZ

Esto supone que «si los tres primeros metros ya están inservibles, pronto podremos hablar de una pérdida total de la campaña», proclaman los acuicultores.

Visiblemente preocupados, aclaran también que el aumento del agua dulce no solo está matando al mejillón comercial, como sucede en los bancos marisqueros con infaunales como la almeja, el berberecho, la navaja o el longueirón, sino que «en nuestro caso también se está muriendo la cría que recogimos y encordamos este mismo año», lo cual condiciona el siguiente ciclo de cultivo.

Este para muchos brutal descenso productivo propiciado por los desprendimientos y el agua dulce, tanto de molusco comercial como de mejilla, se suma a los terribles daños causados por el tren de borrascas en los artefactos flotantes.

En este sentido, FARO DE VIGO ya avanzó hace semanas que el sector afronta pérdidas de cientos de miles de euros, ya que reparar alguna de la bateas dañadas puede costar unos 20.000 euros, y construir una nueva quizás no baje de los 95.000.

Es por ello que desde el sector creen necesario «que la Administración establezca una línea de ayudas para poder afrontar la actual crisis, ya sea mediante compensaciones económicas, como se hace con los mariscadores, o contribuyendo a renovar los viveros afectados».

Quienes así opinan sostienen que «el mejillón de Galicia afronta un momento delicado, por eso antes de seguir invirtiendo en campañas de promoción hay que consolidar la producción; de nada sirve publicitar un producto que no llega para abastecer los mercados».

Más cuerdas

Hablando de líneas de colaboración, cabe significar que, para compensar las pérdidas o el parón registrado en la actividad extractiva a causa del último episodio tóxico, la Consellería do Mar autorizó la colocación de 100 cuerdas más de las 500 ya autorizadas para preengorde, engorde o para colgar sacos de mejillón estocado –de reparqueo– en las bateas de los polígonos Grove C2 y Grove C4.

La misma autorización, que una vez reabiertos las bateas solo tiene validez de un mes, se hace extensiva a las bateas de los polígonos Bueu A1, A2 y B.

Como en el caso anterior, dejando claro que en esas 100 cuerdas extra «solo se puede encordar mejillón procedente de la propia batea o estocado en sacos».

Esas cuerdas –también de 12 metros- deben estar claramente identificadas mediante una marca de color verde de, al menos, 30 centímetros de longitud en su parte superior. Además, el número de sacos por cuerda no excederá de 25, y cada uno de ellos puede contener un máximo de 10 kilos de mejillón.

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