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Distinciones

Los oros mundialistas de Diego Romero, Tono Campos y Ramón Ferro, reconocidos con el Laurel Olímpico

Los palistas arousanos Tono Campos, Diego Romero y Ramón Ferro ya cuentan en sus vitrinas con el galardón que se debe a un mínimo de tres títulos mundiales en su deporte

Tono Campos y Diego Romero, uniformados, el pasado sábado en Gijón con el galardón obtenido.

Tono Campos y Diego Romero, uniformados, el pasado sábado en Gijón con el galardón obtenido. / CEDIDA

Arousa

El auditorio del Palacio de Congresos de Gijón se convirtió el pasado sábado en una postal muy poco habitual para el piragüismo de maratón: tres palistas arousanos subiendo al escenario para recibir el Laurel Olímpico, la distinción con la que el Comité Olímpico Español reconoce trayectorias deportivas de primer nivel.

Diego Romero y Tono Campos, ambos en las filas del Breogán de O Grove, y el isleño Ramón Ferro, del Náutico O Muiño de Ribadumia, pero ya retirado de la alta competición, pusieron rostro a una especialidad tan exigente como invisibilizada por el gran público: la misma que les ha dado títulos, medallas y, ahora, un sello institucional que los emparenta con la élite del deporte español.

El Laurel no es un premio simbólico sin letra pequeña. El reglamento de distinciones del COE fija que puede concederse, entre otros supuestos, a deportistas —olímpicos o no— que se hayan proclamado un mínimo de tres veces campeones del mundo (o equivalente) en categoría absoluta. Y ahí aparece la paradoja que repiten los protagonistas: el maratón no es disciplina olímpica, pero el palmarés que se construye temporada tras temporada, a base de horas de agua y resistencia mental, termina encontrando su sitio en el escaparate.

La entrega se enmarcó en la XL Gala Nacional del Piragüismo impulsada por la Real Federación Española de Piragüismo, celebrada en Gijón tras el parón que dejó sin gala al piragüismo nacional desde 2023. En el caso de Romero y Campos, el nombramiento era conocido desde entonces, pero faltaba la foto, el aplauso y el ritual de la entrega. Campos decidió subrayarlo a su manera: acudió acompañado por su familia y vestido con el uniforme de la Policía Nacional «para reconocer el apoyo» recibido para poder competir, al igual hizo Diego Romero uniformado de guardia civil.

Diego Romero, ayer en Casa Real junto a Felipe VI. | CEDIDA

Diego Romero, ayer en Casa Real junto a Felipe VI. | CEDIDA

Romero, por su parte, aterrizó en Asturias con el fin de semana ya cargado de símbolos. Ayer mismo estuvo en la Casa Real para asistir a una recepción del Felipe VI a deportistas de alto nivel vinculados a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Civil, cuerpo en el que milita el palista. Desde esa doble condición —deportista y servidor público— reivindica la dimensión de un premio que entiende como «reconocimiento a una trayectoria excepcional». Su biografía también es la de la ría: vive en Boiro, nació en Cuntis, creció en Catoira y pasó etapas en Vilagarcía de Arousa y en O Grove. En el agua, la cifra es la que manda: siete títulos mundiales, cinco en C2 —uno de ellos junto a Óscar Graña— y dos individuales en short race, además de un amplio historial de medallas internacionales, con la espina de que «el reconocimiento sería mucho mayor» si la distancia fuese olímpica.

Ese mismo argumento lo comparte Tono Campos, veterano de 40 años y sinónimo de regularidad en la canoa. La primera medalla internacional la sitúa en 2007, con 22 años, un bronce en Hungría, cuando el salto de júnior a sénior —sin categoría sub-23— obligaba a competir «a pecho descubierto». La continuidad se convirtió en su seña: desde 2009 hasta 2024 encadenó medalla de forma ininterrumpida, antes de un 2025 condicionado por la planificación y por la ausencia de su compañero en el C2, formándose en la academia de la Benemérita. En su recuento personal aparecen 47 metales internacionales y un balance mundialista que retrata una carrera larguísima: 10 oros, 10 platas y 6 bronces, a los que hay que sumar otros diez oros en campeonatos de Europa.

Ramón Ferro, ayer en A Illa.

Ramón Ferro, ayer en A Illa. / Noe Parga

El tercer Laurel, el de Ramón Ferro, tuvo un tono distinto: el de quien mira atrás con serenidad y con la satisfacción del trabajo hecho. Tricampeón del mundo en C2 maratón en 2010, 2012 y 2013, también junto a Óscar Graña, acumuló 21 medallas en Europeos y Mundiales y cerró su último gran capítulo internacional en 2017 con una plata en Sudáfrica. Desde entonces vive un «semirretiro» activo: compite a nivel aficionado y, sobre todo, ayuda a sostener el día a día del Club Náutico O Muiño, en Ribadumia, donde sigue entrenando en el río Umia y ejerciendo de espejo para quienes empiezan. Antes, su pala pasó por el Piragüismo Illa de Arousa y por el Kayak Tudense.

La foto final en Gijón resume más que una entrega: tres carreras sostenidas durante años en una disciplina sin escaparate olímpico, pero con un nivel competitivo que obliga a ganarse cada temporada. El Laurel Olímpico solo lo certifica. El respeto del deporte, ese, ya lo tenían desde hace tiempo.

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