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Actividad física en auge en la ciudad

El gimnasio se convierte en el rincón preferido de los vilagarcianos

En Vilagarcía se constata un gusto por el deporte cada vez más extendido. El claro ejemplo de esta tendencia al alza es el número de gimnasios y centros de entrenamiento personal con el que cuenta la ciudad en los últimos tiempos. Un nicho de negocio que cuenta con la garantía de una cultura de la salud muy latente.

Eduardo Abásolo, gerente del Master Gym Fitness, es un perfecto conocedor de la evolución de los gimnasios en la ciudad. | FIRMA

Eduardo Abásolo, gerente del Master Gym Fitness, es un perfecto conocedor de la evolución de los gimnasios en la ciudad. | FIRMA

Vilagarcía

Vilagarcía se ha llenado de mancuernas, esterillas y balones medicinales. En pocos años, la ciudad ha pasado de tener un puñado de salas de musculación «de toda la vida» a convivir con una oferta diversa de gimnasios, boxes de entrenamiento funcional y estudios de preparación individual. Nunca antes hubo tantas opciones para sudar bajo techo, reflejo local de una tendencia global: el cuerpo como proyecto, ya sea por salud, estética o rendimiento. En la calle se habla de ponerse en forma como antes se hablaba del tiempo.

Una de las voces con más perspectiva es la de Eduardo Abásolo, gerente desde hace cerca de cuatro décadas del Master Gym Fitness. Natural del País Vasco, recuerda que cuando llegó a Vilagarcía «no había cultura de gimnasio. Nada que ver con lo de ahora. La gente hacía deporte en clubes, pero salvo actividades como el aeróbic, poca cultura de gimnasio había». En su memoria, el mapa del entrenamiento cabía en una mano: «Empezó un coreano en el Benjay, y después estábamos Crespo, Serra y yo. Y trabajábamos todos bien, pero lo justito».

El cambio no se explica por una sola causa, pero muchos sitúan la pandemia como punto de inflexión. Las rutinas en casa guiadas por redes sociales y la idea de que «hay que moverse» para sentirse mejor pudieron sembrar un hábito que, con los centros abiertos, se trasladó a espacios equipados y con asesoramiento. La prevención —de la espalda al colesterol— empuja a perfiles que antes no pisaban un gimnasio.

Lo llamativo es que la multiplicación de negocios no se traduce, al menos por ahora, en una guerra abierta por el cliente. Abásolo sostiene que el sector ha encontrado equilibrio: «Todos los gimnasios vamos tirando, no nos hacemos daño uno a otro». La explicación está en la segmentación: hay quien busca máquinas, quien prefiere clases dirigidas, quien quiere fuerza con técnica o quien solo rinde si alguien le espera a una hora fija. Ahí entran con fuerza los entrenadores personales, un formato que gana adeptos por su capacidad de motivar a quienes tienen poca constancia o miedo a lesionarse. El compromiso con una persona concreta reduce la tentación de abandonar y ayuda a fijar objetivos realistas. El mensaje, sin embargo, viene con advertencia: cuidarse sí, obsesionarse no.

El Urban Gym, en el barrio de O Piñeiriño, ha sido el último gimnasio en abrir sus puertas. | IÑAKI AEÑA

El Urban Gym, en el barrio de O Piñeiriño, ha sido el último gimnasio en abrir sus puertas. | IÑAKI AEÑA

También ha cambiado el público. Los responsables coinciden en que hay más juventud y más mujeres entrenando. Y, sobre todo, una evolución de los objetivos: «Ahora son muchas las mujeres, independientemente de la edad, que hacen pesas cuando antes era muy raro ver a una mujer haciendo ejercicios de fuerza». La normalización del trabajo de fuerza —no solo «ponerse grande», sino ganar salud— ha transformado la imagen de las salas.

La técnica es la otra gran palabra. La influencia de las redes sociales multiplica ideas... y riesgos. Imitar rutinas virales sin supervisión puede traducirse en lesiones por cargas mal elegidas o gestos incorrectos. De ahí que muchos centros insistan en programar bien y progresar con cabeza, aprendiendo a ejecutar antes de subir kilos.

En este nuevo ecosistema conviven grandes espacios y propuestas específicas. Urban Gym, en O Piñeiriño, prepara una zona para el entrenamiento de hyrox ante el aumento de practicantes de modalidades que mezclan resistencia, fuerza y velocidad con el estímulo de la competición. Su responsable, Borja González, destaca la acogida desde la apertura, en una liga de metros cuadrados donde también compite Wonder Fitness.

A su alrededor, la oferta se diversifica con Arousa Pádel (con zona de musculación), Evofit, Gimnasio Olimpic, Luft, Old Metal Crossfit, la Piscina Municipal o Suma. Y, en el terreno del entrenamiento individual, ganan visibilidad propuestas como Alex Tubío Salud y Rendimiento, Buenaforma, Orixe, Psinutrain o WaveFit.

Más que una moda pasajera, el crecimiento habla de una ciudad que ha incorporado el entrenamiento a su rutina. El reto ahora no es solo abrir puertas, sino mantener criterio: técnica, hábitos sostenibles y salud por delante de lo que muestre el espejo.

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