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Acuicultura

Los mejilloneros temen por su futuro: «Ya son demasiados años horribles»

Intentan acelerar las descargas, pero saben que las biotoxinas pueden volver pronto

El tren de tormentas causó estragos en los viveros flotantes

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

A eso de la ocho y media de la mañana ya se realizaban descargas de mejillón en los puertos gallegos. Aprovechando la tregua entre tanto temporal, y una vez reabiertas la práctica totalidad de las bateas tras el episodio tóxico otoño-invernal, es el momento de llevar al mercado la mayor cantidad posible de producto. ¡Antes de que las biotoxinas reaparezcan con la primavera!

Y posiblemente no tarden, teniendo en cuenta la mala racha que atraviesa el sector, para el que este arranque de año está siendo tanto o más complicado que la despedida de 2025.

«Lo cierto es que llevamos ya demasiados años horribles, no solo por las toxinas y los temporales, sino también por los problemas con la cría y el mal desove», explicaban esta mañana acuicultores de O Grove, A Illa y Rianxo mientras descargaban en Vilanova de Arousa y Vilaxoán (VIlagarcía).

Descargas para industria y fresco en Vilanova, esta mañana.

Descargas para industria y fresco en Vilanova, esta mañana. / M. Méndez

Tanto en esos puertos como en Bueu, Combarro, Portonovo, A Pobra, Rianxo o Meloxo, por citar algunos, se despacha tanto mejillón para el mercado de fresco, los sacos que se destinan a las depuradoras nacionales e internacionales, como para industria, que son las barcadas (mejillón a granel en la cubierta de los barcos) adquiridas por cocederos y depuradoras.

Ya se explicó hace días en FARO que el sector afronta uno de sus peores inviernos. Borrascas como Ingrid, Joseph, Kristin o Marta parecen poner la puntilla a un sector castigado desde hace años por la escasez de mejilla, la subida de la temperatura del agua, los malos desoves, los desprendimientos y los prolongados episodios tóxicos, que en diciembre pasado daban al traste con las campañas de Italia y Navidad.

La consecuencia directa de todo ello es que los ingresos de los bateeiros son menores y, por tanto, la inversión en mantenimiento de sus viveros flotantes o adquisición de nuevos parques de cultivo también se ha visto reducida considerablemente.

Esa menor inversión en mantenimiento y renovación es la causa fundamental por la que, como se vio en los últimos días, los emparrillados se parten en dos, pierden flotadores, vigas y puntones, se van a la deriva o incluso desaparecen del mapa por completo, como ha sucedido recientemente con una batea de Sada, de la que nunca más se supo.

Construir una batea nueva de madera puede rondar los 95.000 euros, mientras que una de formex puede alcanzar los 150.000 o 175.000 euros.

Si la construcción del nuevo emparrillado no es necesaria, o no resulta asumible, quizás baste con una reparación de los daños sufridos y un reforzamiento de la estructura, bidones, cadenas, muertos y demás elementos de la misma, lo cual puede hacer necesario un desembolso de entre 10.000 y 30.000 euros, dependiendo siempre de las pérdidas sufridas.

Es decir, que visto lo visto en lo que va de año, el sector se enfrenta a pérdidas valoradas en cientos de miles de euros.

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