Achégate ao Salón! | Sandra Merino y Álex Gallego Merino
«Queremos que sientan que el concierto sucede entre todos»

Sandra Merino y Álex Gallego están ganándose su espacio en el panorama musical español. | MARÍA BENÍTEZ
¿Cómo nació Merino como proyecto común?
Álex Gallego: Como dúo desde 2019, pero nos conocíamos de antes. Llevábamos desde 2010 dando conciertos. En algún momento dijimos: esto merece nombre y dirección.
Sandra Merino: Yo, antes de Álex, cantaba en las calles de Madrid para financiar los discos y probar las canciones. Luego lo hicimos juntos: ahí aprendes a conectar de verdad.
¿Qué os dejó esa época de calle?
A.G.: Que la gente se parara a escucharte es una sensación muy chula. No hay trampa: o te creen o siguen andando. Esa honestidad la seguimos buscando.
S.M.: Te obliga a ir al núcleo. Y cuando una letra toca a alguien, lo notas en la mirada.
¿Qué os seduce del formato matinal de Achégate ao Salón!?
A.G.: Tiene esa esencia de lo cercano. Vamos con más recursos que entonces, claro, pero queremos la misma conexión total con el público, solo que en un teatro.
S.M.: En acústico se ve la esencia. Con banda suena más a disco; aquí tenemos libertades: parar, explicar, respirar, contar de dónde viene una canción.
El Salón García es un espacio muy próximo. ¿Qué buscáis que ocurra con el público?
A.G.: Que salgan un poco mejor de lo que entraron. Más aliviados, más en paz, con algo removido pero también colocado.
S.M.: Y si cantan con nosotros, maravilloso. Esa complicidad lo cambia todo.
¿Cómo adaptáis las canciones a un concierto de mediodía?
S.M.: Lo movemos respecto a la gira con banda. En acústico elegimos canciones que respiran bien y que permiten más intimidad, sin renunciar a momentos de subidón.
A.G.: Buscamos participación: que no sea «mirar», sino estar dentro; queremos que sientan que el concierto sucede entre todos.
Venís de «El Bosque» (2025) tras «Piel, Equilibrio y Humo» (2020) e «Himnos de Guerra» (2023), y el público os identifica por temas como «El Laberinto». ¿En qué punto estáis ahora?
A.G.: Yo lo llamo el final del comienzo. Cambia la etapa vital y cambia el modo de trabajar: todo se vuelve más consciente.
S.M.: Se nota que estamos en otro escalón. Da vértigo, pero es bonito: como estrenar piel nueva.
«El Bosque» se siente autobiográfico. ¿Cómo nace ese disco-recorrido?
S.M.: Fue una cronología natural. En terapia aparecieron cosas de infancia y de ahí salió «La niña», un diálogo con mi niña interior. También hay canciones muy ligadas a mi familia. Lo organicé por capítulos, como un caminito hacia un lugar seguro.
A.G.: Y lo mejor es que la gente no lo vive como «la historia de Sandra», sino como algo propio. Eso le da sentido.

El dúo acumula muy buenas críticas en su recorrido musical. / FdV
En vuestras letras hay nostalgia y esperanza. ¿Cómo lo equilibráis?
A.G.: El resumen es esperanza. «La brújula» habla de encontrar el norte.
S.M.: Incluso en lo triste asoma una salida. En producción intentamos que mande la canción; con Santos y Fluren fue fácil entrar a fondo sin caer en la postal.
¿Como es vuestro «método Merino» para componer?
S.M.: Antes nacía todo de una frase: texto, melodía y luego concepto. En «El Bosque» ya tenía títulos y un esquema de temas; me ayudó a escribir con visión previa.
A.G.: Yo soy el primer filtro. Ahora maquetamos más en casa y probamos estructuras nuevas.
Cuando una idea no funciona, ¿qué hacéis?
S.M.: Si no me emociona, la abandono. Si me remueve, la persigo hasta que se exprese como tiene que expresarse.
A.G.: A veces una idea no encaja hoy, pero sí mañana. La guardamos y, si vuelve a tener verdad, renace.
¿Cómo definiríais vuestra música, sin etiquetas complicadas?
A.G.: Tras el Mad Cool festival nos dijeron «pop de alto voltaje emocional» y nos quedamos con eso. Es directo: emoción al frente, sin miedo.
Para quien no os haya visto nunca, ¿por qué acudir a escucharos al Achégate ao Salón!?
S.M.: Si apetece un viaje hacia adentro y disfrutar de la música, aquí estamos..
A.G.: Y hacerlo a mediodía, en un teatro tan cercano, es el plan perfecto: nos vemos en Vilagarcía.
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