Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La mortandad de marisco parece inevitable en la ría

La baja salinidad actual «puede considerarse alarmante», esgrime el presidente de Parquistas de Carril

Cree que «quizás lo mejor ahora sea no tocar los parques y no mover el marisco»

Marisqueo a pie en Vilaxoán, ayer.

Marisqueo a pie en Vilaxoán, ayer. / Iñaki Abella

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

El sector marisquero lleva tanto tiempo quejándose de la pérdida de productividad en sus bancos que a estas alturas quizás poco marisco quede. Pero sea la cantidad que sea, y tanto si es comercial como juvenil, más pronto que tarde la ría de Arousa puede seguir los pasos de Muros-Noia y verse afectada por un episodio generalizado de mortandad derivado de la acumulación de agua dulce y el consiguiente descenso de la salinidad.

Incluso mariscadoras que llevan años diciendo tener arruinadas sus autorizaciones empiezan a decir que las últimas lluvias pueden matar su marisco, como si no hubiera muerto ya.

Lo mismo temen, en este caso con mayor justificación, los mariscadores de a pie y a flote, así como los parquistas de Carril, que sí llevan tiempo trabajando y mimando sus bancos para tratar de recuperar al menos una parte de su esplendor de antaño.

Una caja de almeja en la lonja de Vilaxoán, ayer.

Una caja de almeja en la lonja de Vilaxoán, ayer. / Iñaki Abella

Unos y otros, tanto los que se quejan incluso antes de que ocurra, para así empezara a perfilar las futuras «riadas de ayudas públicas», como los que cruzan los dedos para que su intenso trabajo no naufrague en el agua dulce, saben que la salinidad de la ría «está por los suelos». ¡Y bajando!

La media en la superficie de la ría se sitúa generalmente entre 34 y 34,8 Unidades Prácticas de Salinidad (UPS), un método estándar de medición basado en la capacidad del agua para conducir la electricidad en relación con una solución de cloruro de potasio.

Existe lo que se conoce como variación vertical, pues la salinidad tiende a aumentar con la profundidad, siendo mayor en el fondo que en la superficie debido a la estratificación del agua.

Tanto en superficie como en las profundidades, la salinidad disminuye como consecuencia de las fuertes lluvias, debido al aumento de caudal de ríos como el Ulla y Umia, que en invierno no dejan de aportar agua dulce, de ahí que aumente durante los meses de verano o como consecuencia de los afloramientos costeros, que es como se conoce el proceso natural mediante el que las aguas más saladas y frías del océano entran en la ría y propician la abundancia de nutrientes que explica su riqueza.

Aclarado esto, y partiendo de que prácticamente hasta los 10 metros de profundidad la salinidad oscila, como se decía antes, entre 34 y 34,8 PSU, hay que destacar que el miércoles, durante la bajamar, había 4 en la punta del muelle de Carril, mientras que en pleamar era de 11. Parámetros que incluso eran inferiores en los parques de cultivo carrilexos.

La estación oceanográfica de Cortegada (Vilagarcía), que no siempre parece funcionar bien, según los propios parquistas, registraba ayer solo 0,665 a un metro de profundidad y 1,174, a tres metros, confirmando un índice de salinidad máxima de 4,425 y de 8,176, respectivamente, en la jornada del miércoles.

Quizás lo mejor ahora sea no tocar los parques y no mover el marisco -argumenta-, porque si la almeja tiene debilidad, una vez que se levanta ya le cuesta volver a enterrarse

José Luis Villanueva Vicente

— Presidente de la OPP-89 Parquistas de Carril

La media en diciembre había sido de 21,01 y de 26,765, situándose las máximas en algo más de 34, es decir, muy por encima de los niveles de salinidad actuales.

«Un descenso de la salinidad hasta 25 o 30, como ya sucedió otras veces, es algo soportable en invierno, en condiciones normales y si no se extiende durante muchos días; como lo es tener 35 en verano, aunque en la desembocadura del Ulla esos índices de salinidad son siempre inferiores», explica José Luis Villanueva, presidente de la Organización de Productores Parquistas de Carril (OPP-89).

Pero «bajar de 22 o 23 es preocupante, porque la almeja es de agua salada, no de agua dulce, y que caiga hasta 4, como sucedió el miércoles, puede considerarse alarmante», añade este parquista.

Venta de almeja en la lonja de Vilaxoán, donde ya factura Parquistas de Carril.

Venta de almeja en la lonja de Vilaxoán, donde ya factura Parquistas de Carril. / Iñaki Abella

Para apostillar que «las previsiones no son buenas, sino todo lo contrario, y de hecho, si persiste esta situación, estaremos ante un problema extremadamente grave».

A su juicio, «hay que estar muy pendientes y saber qué hacer, porque no es lo mismo que se muera todo el marisco que perder solo una parte de la producción».

Lo que ocurre es que no hay una fórmula mágica. «Quizás lo mejor ahora sea no tocar los parques y no mover el marisco -argumenta-, porque si la almeja tiene debilidad, una vez que se levanta ya le cuesta volver a enterrarse, y eso suponiendo que el agua esté relativamente bien de salinidad, porque si al abrirse para intentar enterrarse de nuevo detecta agua dulce, lo que hace es cerrarse inmediatamente para protegerse y se queda en la superficie, por lo que estará a merced de los depredadores».

El marisqueo se convirtió en un refugio de vagos, aprovechados y estómagos agradecidos que cobran sin trabajar mientras otros se esfuerzan y pagan

José Luis Villanueva

Pero eso de no de no tocar el marisco es algo que ya depende de cada productor y del tamaño de los bivalvos, «pues si ya está en talla comercial a lo mejor es preferible sacar ahora al mercado toda la producción posible en lugar de arriesgarse a perderla», aclara Villanueva.

Sin embargo, si la almeja es pequeña y no sirve para comercializar, «no hay nada que hacer, salvo que se tenga una zona de salinidad estable en la que resembrar, pero eso en Carril no existe, y tampoco se puede extraer todo el marisco en dos o tres días».

Convencido de que «el marisqueo se convirtió en un refugio de vagos, aprovechados y estómagos agradecidos que cobran sin trabajar mientras otros se esfuerzan y pagan», el presidente de Parquistas de Carril ironiza diciendo que «la mortandad de marisco puede ser preocupante para muchos de nosotros, pero algunos están deseando que se produzca para así seguir percibiendo ayudas de la Xunta».

Una mariscadora en O Preguntoiro (Vilaxoán).

Una mariscadora en O Preguntoiro (Vilaxoán). / Iñaki Abella

Dicho lo cual apostilla que esos últimos que «van a tener suerte, porque las previsiones son malísimas para el sector», sobre todo ahora que llegan las llamadas «mareas muertas».

«Mareas muertas»

Respecto a esto, explicar que las «mareas vivas» de días pasados ayudaron a renovar el agua de la ría introduciendo la salada y eliminando la dulce, lo cual contribuyó a salvar la situación reduciendo el impacto del gran caudal del Ulla y el Umia. Pero las «mareas muertas» ya no conllevan ese aporte de sal, por lo que se hará notar mucho más el fluvial.

Tanto es así que de mantenerse la situación actual «vamos a enfrentarnos a un periodo crítico, con un aumento de agua dulce que, agravado por las mareas muertas, hará que la mortandad de marisco sea inevitable», espetan los parquistas.

Los mismos, por cierto, que ya despachan producto en la lonja de Vilaxoán, de nuevo llamada a beneficiarse del conflicto que mantienen la cofradía de Carril y la OPP-89. Aunque por ahora son cantidades muy pequeñas de bivalvo, dado que la mayoría de los acuicultores, conscientes de la debilidad que empieza a arrastra la almeja, prefieren no tocar sus parques en las condiciones actuales.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents