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PXOM de O Grove, pendientes de Madrid tras casi medio siglo de espera

El alcalde solicita una reunión en Costas para acelerar la tramitación y dejar el asunto en manos de la Xunta

Hace un año de su tercera aprobación provisional

Una vista del centro urbano de O Grove desde Monte da Vila.

Una vista del centro urbano de O Grove desde Monte da Vila. / Noé Parga

Manuel Méndez

Manuel Méndez

O Grove

Hace unos días, en el transcurso de una sesión plenaria de la Corporación municipal de O Grove, salía nuevamente a relucir el manido Plan Xeral de Ordenación Municipal (PXOM) por el que «suspira» la localidad y del que tanto se ha hablado desde que en 1996, hace ya tres décadas, se aprobaran las obsoletas Normas Subsidiarias de Planeamiento Municipal.

Aunque en realidad O Grove lleva esperando casi medio siglo por esta herramienta. Concretamente, desde que en 1981, siendo alcalde el ya fallecido Xaquín Álvarez Corbacho, se tomó la decisión de iniciar los trámites para conseguir un documento así.

«De hecho se intentó llevar a pleno para su aprobación inicial unos años después, y ya entonces se vivieron las dificultades políticas que caracterizan históricamente a nuestro pueblo», rememora el alcalde, José Antonio Cacabelos Rico.

Quien en el citado pleno de la semana pasada venía a decir que todo está a expensas de lo que resuelva Costas del Estado, pues resulta indispensable el informe favorable de ese organismo dependiente del Gobierno de España para seguir adelante con el proceso y encauzar la aprobación definitiva del documento urbanístico.

El mismo, por cierto, que en febrero de 2025 (ya ha pasado un año más de espera) recibía la tercera aprobación provisional por parte del pleno, dejando así el documento en manos de la Xunta para que decida si procede su aprobación definitiva una vez recibidos y analizados todos los informes sectoriales.

Entre ellos el de Costas, sobre el que ayer se pronunciaba nuevamente el regidor para recordar que en su momento el Concello remitió a la delegación provincial de ese organismo toda la información disponible.

E incluso los redactores del PXOM se desplazaron a la ciudad del Lérez para reunirse con los técnicos del ente público para analizar las discrepancias existentes en relación con algunas correcciones que había que introducir.

«Al final se llegó a un entendimiento y desde los servicios de Costas en Pontevedra se remitió informe favorable a este organismo en Madrid», sostiene el propio José Cacabelos.

Ya con los papeles en la capital de España, a los técnicos de Costas les asaltaron nuevas dudas, parece que esta vez relacionadas con algunas correcciones introducidas o por introducir, limitadas a cinco puntos concretos y vinculadas, sobre todo, a «demarcaciones de dominio público marítimo-terrestre que nosotros entendemos que quedan fuera del ámbito del PXOM», explica el alcalde.

Es por ello que desde O Grove ya se ha solicitado una reunión urgente con Costas, para que el máximo mandatario meco y los técnicos redactores del Plan Xeral puedan desplazarse cuanto antes a Madrid «para hablar sobre todo ello y aclarar todo aquello que sea necesario».

Dicho lo cual, Cacabelos confía en que Madrid emita informe favorable más pronto que tarde «para que podamos trasladar todo a la Dirección Xeral de Urbanismo de la Xunta y así pueda tramitarse el documento para encauzar su aprobación definitiva».

Llega a decir el regidor que «las sensaciones son positivas», y aunque a tenor de experiencias anteriores prefiere no hablar de plazos, menso aún teniendo en cuenta que ahora «el PXOM ya no depende de nosotros», dice confiar en «resolver todas las dudas con Costas antes de marzo».

Si esto es así «ya se podrá enviar todo a la Xunta, por lo que entre abril y mayo podrían trasladarnos las últimas correcciones a introducir en los planos, ya que siempre son inevitables algunas modificaciones menores».

Por tanto, «si todas las administraciones actuamos con la agilidad que requiere este asunto, antes del verano el PXOM tendrá que estar en manos de la Xunta para que sea el Gobierno gallego el que apruebe definitivamente el documento», que de este modo podría entrar en vigor este mismo año.

Aunque después de tres décadas de promesas y espera, diferentes aprobaciones que no llevaron a ninguna parte, movilizaciones vecinales y una notable gresca política todo lo relacionado con el PXOM de O Grove suena a «viejuno» y repetitivo, no cabe duda de que lograr ese documento parece la principal meta que debe perseguir la localidad.

Sobre todo porque está llamado a propiciar una serie de objetivos que no se lograron con las Normas Subsidiarias de Planeamiento Municipal aprobadas en 1996 para disponer de «un documento urbanístico operativo y de fácil gestión, mediante el cual se pudieran proponer las actuaciones necesarias para la dotación de infraestructuras y servicios».

Se trataba, igualmente, de «proponer las medidas y actuaciones necesarias para la protección del medio natural; proteger y potenciar los asentamientos tradicionales de población; y regular el desarrollo del núcleo capital de O Grove».

En este último caso «mediante el establecimiento de los criterios urbanísticos necesarios, en base a su adecuada articulación funcional, recuperando espacios interiores, armonizando el acoplamiento de edificaciones, dotándolo de equipamientos y servicios».

También se trataba de «potenciar los procesos urbanizadores controlados, mediante el establecimiento de convenios urbanísticos que garanticen los fines y objetivos de las actuaciones», y de establecer «áreas dotacionales estratégicas en las que poder atender a las demandas de servicios de temporada», así como «proteger el patrimonio arquitectónico, arqueológico, etnográfico y cultural, cuya destrucción injustificada, constituye un grave despilfarro social y un atentado cultural».

«Decreto Cuiña»

Todo eso se decía en 1996, y casi todo eso sigue a expensas de conseguir el ansiado PXOM, sobre el que hubo cierto acercamiento político a raíz de la aprobación entonces de las Normas Subsidiarias, cuando gobernaba el también socialista José Antonio Galiñanes Mascato, pero que desde entonces vivió una auténtica «montaña rusa».

Más aún desde que en 2002 se emitió el llamado «decreto Cuiña», mediante el cual se suspendían aquellas Normas y el PXOM se convertía en el único objetivo posible para la clase política grovense y el conjunto de la sociedad.

Lo que sucede, cabe recordar, es que el «decreto Cuiña» establecía que en el plazo de nueve meses quedaría sin efecto y debería estar listo el PXOM. Lo que el entonces conselleiro Xosé Cuiña Crespo, también fallecido, y el conjunto de los grovenses no podían imaginarse, es que aquellos nueve meses iban a convertirse en veinte años.

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