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Una lluvia de cascotes sin fin en Cambados: «Hay 20 trozos en mi patio»

El Concello impone otra multa y evalúa una nueva solución ante el hartazgo vecinal

La cambadesa Marina Otero ante algunos de los muchos trozos caídos en su patio. |  Noé Parga

La cambadesa Marina Otero ante algunos de los muchos trozos caídos en su patio. | Noé Parga / Noé Parga

Cambados

No es casualidad que Marina Otero viva a la sombra del antiguo edificio de Establecimientos Otero. Fue la niña que vio levantar este imperio del comercio en Cambados y hoy es la mujer que más sufre la falta de conservación por parte de su propietario desde hace siete años, la inmobiliaria Solvia. Forma parte del grupo de vecinos con propiedades en las inmediaciones que llevan años viendo como llueven los cascotes y exigiendo una solución más efectiva, porque las multas coercitivas que el Concello le ha impuesto le parecen «una burla. ¿Qué le importan mil euros a un banco?», clamaba ayer esta afectada en referencia al Sabadell.

Su caso es quizás el más sangrante, como demuestran las grandes chapas agolpadas en el patio interior de su vivienda. Da justo a una de las fachadas más problemáticas del inmueble de cuatro plantas ubicado en pleno corazón de la localidad, en la avenida de Galicia. «Hay como 20 trozos del revestimiento y no tengo quién me los quite, así que los voy apartando, pero tengo todo hecho un asco. Son grandes, algunos miden más de un metro y aunque no son muy gordos, estoy segura de que si te pillan, te abren la cabeza».

El Concello acumula un buen número de escritos presentados por los afectados y lleva tiempo presionando. De hecho, el alcalde, Samuel Lago, anunciaba hace unos días que ya iban a por la segunda sanción para hacer cumplir al propietario con un requerimiento que fue abierto con anterioridad, pero al que hizo caso omiso. Y es que la necesidad de fijar los elementos de la fachada está documentada por los técnicos municipales.

El concejal de Obras e Servizos, José Ramón Abal Varela, también ha decidido tomar cartas en el asunto y cree que, aunque se trata de una propiedad privada, con la autoridad municipal por delante, podrían intervenir porque «supone un grave problema de seguridad pública», explicaba ayer, recordando el tremendo susto vivido tras el último temporal, cuando una terraza desprendida voló varios metros sin que, por suerte, golpeara a nadie.

«No se mataron porque dios me iluminó»

Así las cosas, hoy tenía previsto acercarse para ver las posibilidades de actuar, por lo menos para retirar las chapas laterales que parecen, de momento, lo más urgente y que no necesitan mucho para desprenderse. «No hace falta que sea un día de temporal. Nosotros, en cuanto hay un poco de viento, ya no salimos al patio porque es un peligro. Este verano no se mataron los cinco hijos de unos conocidos que estaban de visita porque dios me iluminó y los mandé para adentro en seguida. Al cuarto de hora cayó una gran plancha», rememoraba ayer Otero.

Más resto de la fachada tras desprenderse sobre el patio de esta afectada.

Más resto de la fachada tras desprenderse sobre el patio de esta afectada. / Noé Parga

Otros residentes señalan los posibles peligros de estos materiales, pues se trata de un revestimiento, y también están cansados de quejarse por el anidamiento de palomas, que está descontrolado, pues no fue posible entrar en la campaña de trampeo municipal realizada recientemente.

«Todos dicen lo mismo, que no se puede hacer nada», indicaba la cambadesa, con cierta resignación y relatando que ha acudido a los bomberos, a la Policía Local e incluso pilló a una patrulla de la Guardia Civil por la calle y les invitó a entrar para ver los estropicios.

Cuenta que llegó a plantearse interponer una denuncia, pero lo descartó ante el temor de verse atrapada en años de pleitos y gastos sin un final exitoso. «Hasta que ocurra una desgracia», añade. Una frase repetida por otros afectados que ante el silencio de Solvia vienen reclamando que la administración local actúe de manera subsidiaria, pasándole luego el coste de los trabajos y ante el miedo de que acabe sobre un peatón.

Sin embargo, el regidor argumenta que los servicios jurídicos desaconsejan esta alternativa como primera opción porque se trata de un «proceso muy completo y de larga duración. Hay que redactar un proyecto técnico, licitarlo, notificar previamente a la propiedad, con sus plazos de contestación… Si no queda más remedio tendremos que hacerlo, pero creemos que puede ser más efectivo seguir presionando. Tampoco tenemos el poder absoluto».

Lago también se siente frustrado y, de hecho, llegó a plantarse en una oficina de la entidad para intentar hablar de manera directa con algún responsable tras meses de esta relación casi epistolar, pero no obtuvo ninguna novedad.

Para Marina también hay una carga sentimental, le da «pena» ver como un edificio tan portentoso y con tanto significado para Cambados acaba así. Hace justo una década que el pujante negocio no fue capaz de sobreponerse a la crisis inmobiliaria y se vino abajo. Su precio de venta no deja de bajar y hoy es una ganga de 600.000 euros, pero las trabas urbanísticas espantan a los interesados, así que parece condenado a seguir así.

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