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Langostas de A Guarda y lacones de Valga contra la peste

Los valgueses desafían a la lluvia para rendir homenaje a la Candelaria

Celebran la tradicional procesión de los lacones

Recuerdan los tiempos de la peste, cuando realizaban ofrendas a los santos para que no muriera más ganado.

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Valga

En el siglo XIX la peste acabó con buena parte del ganado y los vecinos decidieron pedir la mediación de los santos, para lo cual optaron por realizar todo tipo de ofrendas. Así nació la tradicional Procesión de los Lacones, que se lleva a cabo en el Ayuntamiento de Valga cada 2 de febrero, día de la Candelaria.

Hoy se repitió la escena, aunque las incesantes lluvias deslucieron el desfile por las aldeas de la parroquia de Cordeiro y fue preciso realizar parte del recorrido en coche, portando los jamones y a los santos dentro de una furgoneta.

Eso sí, realizando las paradas de costumbre en las diferentes aldeas y, en algunos tramos, portando los lacones y las imágenes a pie, como mandan los cánones.

La sorpresa llegó en la iglesia parroquial una vez finalizada la procesión, pues a los jamones se sumaban como ofrenda unas langostas, una rosca y botellas de vino ofrecidas a los santos por un vecino llegado desde A Guarda.

En algunos trayectos los lacones y los
santos viajaron en furgoneta,
debido a la lluvia. |  Noé Parga

Un mujer trata de subir uno de los cestos a la cabeza. / Noé Parga

Finalmente fueron catorce las patas de cerdo curadas reunidas por los vecinos –dos de ellas aportadas por el Concello– y subastadas en la no menos tradicional Poxa dos Lacóns, en la que se cotizaron a entre 40 y 70 euros la pieza, obteniéndose una recaudación total de 790 euros.

Todo comenzaba tras la misa oficiada a las diez de la mañana en la capilla de San Paio, en la aldea de Vilar, donde se bendijeron las velas y de la que salieron los santos –también estaban San Roque y San Antonio– los romeros y los gaiteros.

En las paradas de Vilar y Moldes la tormenta impidió que los santos pudieran salir a pasear y, o bien se quedaron dentro del coche, con las puertas abiertas, o se refugiaron en un galpón.

Un momento de la procesión por las aldeas
de la parroquia de Cordeiro, ayer. |  Noé Parga

Un momento de la procesión por las aldeas de la parroquia de Cordeiro. / Noé Parga

Eso sí, sin que dejaran de sonar las gaitas y con el correspondiente lanzamiento de bombas de palenque anunciando la presencia de la comitiva.

Aprovechando una tregua meteorológica posterior, ya a la altura del lugar de As Eiras, San Paio, San Antón y San Roque dejaron el maletero de la furgo para seguir a pie. Mejor dicho, sobre los hombros de los porteadores que los llevaron hasta las paradas de Outeiro, Ferreirós y Beiro.

Junto a ellos, desafiando al mal tiempo, los vecinos, tanto los que llevaban los lacones sobre sus cabezas como aquellos otros –de todas las edades– que sin perder el paraguas de vista quisieron acompañarlos en este entrañable recorrido por el rural valgués.

Los vecinos reponiendo
fuerzas en una de las
paradas del recorrido.
|  Noé Parga

Los vecinos reponiendo fuerzas en una de las paradas del recorrido. / Noé Parga

Todo terminó con la llegada a la iglesia de Cordeiro, donde los romeros procesionaron alrededor del templo antes de que el cura párroco, Arturo Lores, oficiara la misa solemne previa a las esperadas «poxas».

De este modo la asociación cultural y vecinal de Vilarello, organizadora del evento, completaba otra exitosa edición de la fiesta de la Candelaria. Y los santos completaban, a su vez, el viaje de regreso a la iglesia parroquial, de la que habían salido hacia la capilla de Vilar el día de San Paio.

Una vez más quedó de manifiesto que hay un buen número de ciudadanos valgueses firmemente dispuestos a mantener viva una de las tradiciones más arraigadas y llamativas de la localidad.

Y lo mejor de todo es que el relevo generacional parece garantizado, por lo que quizás haya Procesión dos Lacóns por mucho tiempo.

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