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El tren de borrascas genera cientos de miles de euros en pérdidas a los bateeiros gallegos

A los artefactos destrozados se suma alguno que ha desaparecido

Construir uno nuevo puede oscilar entre 90.000 y 175.000 euros

La recuperación de una de las bateas destrozadas por los últimos temporales.

La recuperación de una de las bateas destrozadas por los últimos temporales. / FdV

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

El sector mejillonero gallego afronta uno de sus peores inviernos. Borrascas como Ingrid, Joseph o Kristin parecen poner la puntilla a un sector castigado desde hace años por la escasez de mejilla, la subida de la temperatura del agua, los malos desoves, los desprendimientos y los prolongados episodios tóxicos, que en diciembre pasado daban al traste con las campañas de Italia y Navidad.

La consecuencia directa de todo ello es que los ingresos de los bateeiros son menores y, en consecuencia, la inversión en mantenimiento de sus viveros flotantes o adquisición de nuevos parques de cultivo también se ha visto reducida considerablemente.

Esa menor inversión en mantenimiento y renovación es la causa fundamental por la que, como se vio en los últimos días, los emparrillados se parten en dos, pierden flotadores, vigas y puntones, se van a la deriva o incluso desaparecen del mapa por completo, como ha sucedido recientemente con una batea de Sada, de la que nunca más se supo.

El arriesgado rescate de una batea. |  Iñaki Abella

El arriesgado rescate de una batea. | Iñaki Abella

En aquella ría (Ares-Betanzos) «no pueden salir a las bateas exteriores cuando hace muy mal tiempo, como en Arousa o Pontevedra, porque allí tienen olas de siete y ocho metros, y por tanto deben esperar a que el buen tiempo les permita acercarse a los viveros y valorar los daños», explican productores de las Rías Baixas.

«Pero ya saben que, como nosotros, han sufrido daños muy importantes, e incluso ha desaparecido una batea que no aparece por ninguna parte, ni flotadores ni nada, y que quizás esté ya en mar abierto y acabe apareciendo varada en Asturias o Navarra», manifiestan los bateeiros.

Para añadir que, «en ese caso, como sucede en las rías de Arousa, Pontevedra y Vigo, los afectados tendrán que construir una batea nueva, lo cual no resulta nada sencillo ahora que nuestro sector es tan poco rentable», reconocen.

Además, «una batea nueva de madera de las más sencillas, puede rondar los 95.000 euros, mientras que una de formex puede alcanzar los 150.000 o 175.000 euros».

Si la construcción el nuevo emparrillado no es necesaria, o no resulta asumible, quizás baste con una reparación de los daños sufridos y un reforzamiento de la estructura, bidones, cadenas, muertos y demás elementos, lo cual puede hacer necesario un desembolso de entre 10.000 y 30.000 euros, dependiendo siempre de las pérdidas sufridas.

Es decir, que visto lo visto en lo que va de año, el sector se enfrenta a pérdidas valoradas en cientos de miles de euros.

Es por todo ello que los propios bateeiros, empresas de servicios marítimos como Dragados Osmar, Hércules y Noroeste Sub y empresarios como Álvaro Otero Dios, administrador de la empresa Naval Arousa, dedicada al montaje de viveros flotantes para dar servicio a los productores de todas las rías gallegas, coinciden al decir que el momento que atraviesa el sector es «muy delicado», y el futuro de muchos, «incierto».

Bateas a la deriva en O Salnés

Iñaki Abella

«Después de todo lo que ha pasado en los últimos años, este invierno está resultando especialmente duro, y al encontrarse con muchos de los artefactos ya deteriorados o incluso semiabandonados, los daños causados por el oleaje y el viento se multiplican», argumentan en el sector.

«Es una borrasca tras otra y ya es mucho tiempo con el viento del sur trabajando duro, de ahí tantos destrozos como los que estamos presenciando y los que aún quedan por comprobar», proclaman.

Con tantos días seguidos de temporal la estructura se resiente, los materiales se fatigan y las cadenas que no están en buenas condiciones acaban partiendo, de ahí que las que ya tienen veinte años encima sean las que más sufren con la sucesión de temporales

Las fuentes consultadas abundas en ello diciendo que «el que tiene seis o siete bateas puede ir reparando y renovando, pero el que tiene una sola es incapaz de mantenerla en condiciones porque el mejillón ya no produce como antes».

Más ayudas

Por eso muchos echan de menos más ayuda económica por parte de la administración para poder renovar sus artefactos flotantes, e incluso pronostican que, «si esto sigue así, el sector acabará desapareciendo poco a poco».

Una batea destrozada por el mal tiempo.

Una batea destrozada por el mal tiempo. / FdV

En Dragados Osmar, que tuvo que actuar con intensidad en la última semana debido a la existencia de bateas partidas, otras que se fueron a la deriva y algunas que perdieron sus flotadores, apuntan que «con tantos días seguidos de temporal la estructura se resiente, los materiales se fatigan y las cadenas que no están en buenas condiciones acaban partiendo, de ahí que las que ya tienen veinte años encima sean las que más sufren con la sucesión de temporales».

Esas y muchas de las dedicadas a la ostra, que por falta de rentabilidad u otros motivos están prácticamente abandonadas en las rías, como a la espera de que los temporales las destruyan para siempre.

Ante esos problemas, detectados en las rías de Arousa, Pontevedra y Vigo, hay también quien sugiere que las bateas de segunda mano «ya no se compran porque la mayoría están muy deterioradas, de ahí que la gente trate de aguantar como buenamente puede, y cuando llega tanto mal tiempo, el que no hizo los deberes lo pierde todo».

La recuperación de uno de los artefactos a la deriva.

La recuperación de uno de los artefactos a la deriva. / FdV

En relación con esto, decir que en zonas como Aguiño, Meloxo, Palmeira, Aldán y Bueu, donde están los viveros que más ganan, «lo que hacían los bateeiros, como el mar trabaja muy duro allí, era vender o permutar al cabo de diez años para instalar bateas nuevas, por eso antes había mucho mercado de segunda mano, pero eso ahora ya no funciona y el 80% o 90% son reparaciones en el mar», esgrimen en una de las empresas de servicios marítimos.

«El mal momento del sector bateeiro hace que cada vez sean menos los que se pueden permitir una batea nueva –aclaran en otra de las empresas–; la mayoría del sector a ni siquiera puede permitirse afrontar un mantenimiento en condiciones».

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