Las lluvias complican la poda y el acceso a las tierras de cultivo
El mal tiempo retrasa la preparación de las viñas y la plantación
Es tiempo de zanahorias, nabos, rábanos, espinacas, acelgas, puerros y guisantes

Dos vecinos conversan durante una poda en Igrexa (Tremoedo-Vilanova). / M. Méndez

Las incesantes lluvias están complicando en exceso las cosas en la huerta de O Salnés, tanto en su «mar de viñas» como en las tierras de cultivo de cereales y hortalizas.
En el primer caso los efectos del mal tiempo se notan en los viñedos que siguen sin podar, y que muchos viticultores ya quisieran tener preparados a estas alturas del año.
En cuanto a las «leiras», las hay totalmente anegadas y/o con el terreno tan blando que resulta del todo imposible acceder a ellas con tractor o emplear cualquier otro tipo de maquinaria.

Un terreno habitualmente dedicado al cultivo de pimientos y un invernadero. / M. Méndez
En relación con la poda, ya se había explicado en FARO DE VIGO que en muchos predios ya ha finalizado, pues en algunos casos comenzó en noviembre y en otros se ha extendido a lo largo de diciembre, a medida que los viticultores podían aprovechar los días más o menos despejados.
Pero hay aún muchas parcelas pendientes de ser sometidas a esta acción, fundamental para el ciclo de cultivo y para conseguir una buena producción a partir de agosto o septiembre.
Una operación que se realiza cuando la viña «duerme» y que, hay que insistir, sigue pendiente en numerosas propiedades, tanto adheridas a la Denominación de Origen Rías Baixas como ajenas a esta marca de calidad.

Imagen en la que se aprecia la diferencia entre un viñedo podado y otro que la tiene aún pendiente. / M. Méndez
En sus diferentes subzonas productoras puede apreciarse claramente el contraste entre las viñas ya podadas y las que no lo están.
Al igual que se observa que la sucesión de temporales han dejado el trabajo a medidas en un buen número de propiedades.
En este caso destaca la presencia de los restos de madera ya cortada tirados aún entre las cepas, mientras la hierba no deja de crecer y se apodera poco a poco de aquellos que llevan más tiempo en el suelo, a la espera de que lleguen días de buen tiempo para poder retirarlos y quemarlos.
Jornadas apacibles que los viticultores también deberán aprovechar para eliminar la vegetación que crece descontrolada bajo las parras y entre las cepas conducidas en espaldera.

Una finca de labranza totalmente anegada, en Pontearnelas. / M. Méndez
Y si los productores de vino están ansiosos, a la espera de que cesen las adversas condiciones meteorológicas actuales, qué decir de los ciudadanos que se dedican a cultivar la huerta a título particular o tienen producciones comerciales de verduras y hortalizas.
Algunos han visto como los temporales de viento y el granizo destrozaron sus invernaderos. Y otros han podido constatar que el terreno se ha vuelto tan blando e inestable –sobre todo en la orilla de los ríos– que es como si se tratara de arenas movedizas.
De ahí que la maquinaria agrícola se entierre, haciendo del todo imposible preparar el terreno hasta que mejore el tiempo y el suelo elimine parte del agua que acumula.

Un maizal impracticable en la actualidad. / M. Méndez
Es cierto que la actual no es una de las épocas del año más intensas o propicias en cuanto a cultivos en el exterior, pero aún así son muchos los que, si consiguen acceder a sus fincas y estas no están anegadas –son muchas las ahora impracticables por esta razón–, aprovechan el frío y la humedad para plantar hortalizas de raíz y hoja.
Sobre todo si se trata de especies tan resistentes a las bajas temperaturas como la zanahoria, nabo, rábano, espinaca, acelga, puerro y guisante. Además de plantarse ajos y cebollas tempranas.
Al igual que es momento, según indican algunos productores que llevan días reparando sus invernaderos, de preparar los semilleros protegidos usados para pimientos, tomates, berenjenas y calabacines.
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