La madrugadora poda del viñedo alcanza su ecuador
El suelo de buena parte de los viñedos está repleto de madera ya cortada, a la espera de su eliminación
En otras parcelas ya se quema, salpicando el rural de densas columnas de humo
La operación continuará hasta febrero

La poda del viñedo alcanza su ecuador. / M. Méndez

En la Denominación de Origen Rías Baixas explican que, por lo general, el período de poda del viñedo comienza «en el momento en que caen las hojas, normalmente a mediados de diciembre», y se prolonga hasta que empiezan a salir los primeros brotes, «entre finales de febrero y principios de marzo».
Pero no todos los ciclos de cultivo son iguales, pues la variabilidad de las condiciones meteorológicas a lo largo de cada temporada y las alteraciones derivadas del cambio climático pueden introducir modificaciones en cada añada.
De ahí, por ejemplo, que la vendimia tradicional pueda adelantarse a agosto, en lugar de esperar a mediados de septiembre u octubre, como sucedió en la actual.
Y de ahí, también, que incluso la denominada «vendimia tardía», que aprovecha los racimos con botritis (podredumbre) noble de la vid llegue a desarrollarse en octubre, un mes antes de lo habitual.

Miembros de la bodega Casa da Barca atando las cepas. / FdV
Con la poda sucede lo mismo, dependiendo siempre del sistema de conducción de la vid, la variedad de uva de que se trate, el tipo de suelo, la orientación de los predios y otros factores.
Sea cuál sea la razón, de lo que no cabe duda es de que esta tarea esencial que se lleva a cabo cuando la viña duerme se está adelantando en el tiempo respecto a otros años.
Tanto es así que muchos viñedos están podados desde noviembre, mientras que otra buena cantidad de parcelas se sometieron a esta operación en las primeras semanas del mes en curso.
Es por ello que, cuando restan aún un par de meses para darla por finiquitada, puede decirse que la poda ha alcanzado su ecuador en la DO Rías Baixas, donde este fin de semana ha experimentado un importante arreón, aprovechando los viticultores la ausencia de lluvias.
Se notaba, por ejemplo, en la cantidad de columnas de humo que podían observarse oteando el horizonte en las diferentes subzonas productoras de Rías Baixas, siendo esas hogueras la consecuencia directa de la quema de los rastrojos acumulados en las fincas.

Restos de madera acumulados en el suelo. / M. Méndez
Son numerosas las viñas ya podadas e incluso atadas, como también las que presentan aún tirada sobre el suelo una ingente cantidad de madera cortada, a la espera de ser eliminada más pronto que tarde.
«Ahora que ha mejorado el tiempo estamos quemando los restos de poda, porque si bien ya la completamos hace semanas, las intensas lluvias impidieron que pudiéramos deshacernos de ellos», explicaba esta mañana uno de los viticultores consultados bajo los viñedos de Val do Salnés mientras azuzaba el fuego.
«Nosotros ya hemos completado la poda en muchas de parcelas y ya estamos parreando las primeras», explicaban desde la bodega Casa da Barca al aludir al proceso de atado de las ramas.
Lo cierto es que basta un recorrido entre viñedos –experiencia enoturística que gana adeptos cada temporada gracias a la Ruta do Viño Rías Baixas – para comprobar cómo se ha intensificado la poda y lo avanzado que está este proceso en el que se reduce la parte vegetativa de la cepa.

Un viticultor trabajando en el viñedo, esta mañana. / M. Méndez
Ese, el de «buscar un equilibrio en la planta entre la capacidad que tiene de crecer y la de producir», es uno de los principales objetivos de la poda, tal y como indica Rías Baixas, citando al técnico de campo de Joaquín Martínez.
En el caso de los emparrados, que es el sistema tradicional –hay otros– de esta DO, «estamos ajustando la poda a entre 50.000 y 70.000 yemas por hectárea, que en un viñedo adulto y equilibrado, es el rango de yemas recomendable para alcanzar una cosecha de entre 8.000 y 10.000 kilos», esgrime el citado técnico.
Otra de las metas perseguidas con la poda es «desvigorizar la vid», teniendo muy presente que «la cepa es una planta trepadora a la que hay que dar forma y estructura para que se adapte a la superficie que queremos cultivar».
Es un trabajo tan arduo como minucioso, ya que es necesario conservar las yemas más fértiles para que exista un «equilibrio entre cantidad de hoja y fruto».
Dicho de otro modo, que la poda facilita y enriquece el cultivo, además de servir para prevenir enfermedades de la madera, de ahí que resulte «especialmente interesante calcular bien el tiempo de poda en zonas con riesgo de heladas, adelantando o atrasando la brotación en función de los intereses», remarca Martínez.

Enfrascados en el marcado y atado
El proceso artesanal y manual de la poda que mantiene ocupados a los viticultores comienza con el «marcado», empleando una tijera de dos manos para eliminar las ramas secundarias y dejar únicamente las varas de fructificación, que son las más próximas al tronco de la vid.
Así lo detalla la DO Rías Baixas cuando, citando a los técnicos de campo, señala que lo recomendable es «dejar una vara de producción de unas 8 yemas, que serán las que nos garanticen la cosecha».
En estos primeros cortes deben mantenerse las ramificaciones que servirán para «diseñar una estructura y distribución ordenada de la vid durante su etapa de crecimiento».
La segunda fase de la poda se centra en el bajado de la madera, que consiste retirar las ramificaciones cortadas, dejando solo las varas de fructificación y, con tijera de mano, limpiar de nietos y yemas dobles.
La tercera fase del proceso es el atado, que antiguamente se llevaba a cabo con mimbre –aún se hace– y que cede cada vez más protagonismo a las máquinas eléctricas, que sujetan la planta colocando tiras de alambre recubiertas de un plástico biodegradable que desaparece al cabo de entre 3 y 9 meses.
La DO detalla que «el objetivo del atado es disponer las varas de producción de modo que queden separadas y ordenadas, favoreciendo tanto la ventilación como la correcta iluminación de los brotes y racimos, al tiempo que protegemos la viña de posibles roturas en caso de temporales y fuertes vientos».
Es así, con los mimos que el viticultor da a sus plantas en invierno, cómo se encauza la consecución de «una uva de la máxima calidad» en la siguiente cosecha.
Suscríbete para seguir leyendo
- El día en que A Cañiza pasará a llamarse a A Caniza y Cangas incorpora «apellido»: entra en vigor el nuevo Nomenclátor de Galicia
- El naval vigués crece en el Mediterráneo con el elevador de barcos para yates «más grande del mundo»
- Un servicio de bus gratuito llega mañana con 20 líneas diarias y más de 30 paradas
- El otro tesoro bajo Rande: los marineros de la vieira de Cangas rescatan platos antiguos en sus rastros
- Cárcel por insultar a su ex: «Hai que ter peito para acostarse contigo»
- El Celta dispondrá tras la reforma del estadio de unos 15.000 metros cuadrados para explotar otros usos y multiplicar sus ingresos
- Herida grave una niña de 10 años tras precipitarse desde el balcón de su casa en Vigo
- Iturmendi, una ferretería con más de 80 años que vendió las primeras lavadoras de Vigo