«No hay musas en mi regreso; la enfermedad ha sido determinante»
Tras años de ausencia, Augusto Chaves vuelve a publicar con «Los cuerpos ya tocados», donde explora la poesía confesional y revisa obras bajo la madurez estilística y el mandato actual de su vida: cuidarse y mirar al futuro donde ya no está Esperanza Salnés

El cambadés Augusto Chaves Fariña presenta este viernes su nuevo poemario / Iñaki Abella
El cambadés Augusto Chaves Fariña vuelve a las librerías con «Los cuerpos ya perdidos», un recopilatorio de poemas inéditos y anteriores, desde 1993, en el que también revisa algunas creaciones a la luz de la madurez estilística ganada y el mandato actual de su vida: cuidar su salud ante la enfermedad.
Además, estrena un salto cualitativo en la labor editora de la Asociación Cen Follas, estrenando su colección poética «Cen versos» dirigida a potenciar el talento local y gallego. Está prologado por Carlos Míguez, su colega desde los tiempos de la Facultad de Hispánicas, y lo presenta este viernes, a las 20.00 horas, en la Casa da Calzada. Cuenta con la colaboración de la Concellería de Cultura de Cambados.
¿El título evoca lo que encontrará el lector?
Es el título del poemario inédito y el cuarto que compone el libro, pues también recoge los tres publicados anteriormente: «Visión interior», «La luz acaecida» y «Anatomía de la noche». Los engloba porque tiene esa connotación de ejercicio de nostalgia, de revisión del pasado, de la memoria, y representa bastante bien la visión que tengo actualmente de la poesía. El lector también encontrará novedad en poemas anteriores, sobre todo los del primer libro, porque he hecho una revisión y, en casos, ha resultado en una cosa muy diferente a lo que era.
Cualquiera diría que tocar obras anteriores es un sacrilegio.
No. La poesía es un ente vivo y como tal, muta, y también a conveniencia del autor. En el primer libro tenía 20 años y en su momento me pareció muy bien, pero ahora, con 55, no, con lo cual es bastante lícito hacer una revisión y es necesario por otra parte si no le veo la calidad suficiente para un libro como «Los cuerpos ya perdidos», donde quiero mostrar lo mejor de mi obra.
¿Nunca has dejado de escribir?
No soy muy prolífico. Ya ves, en 32 años he escrito cuatro poemarios... Es cierto que por mis relaciones personales y profesionales he escrito mucho, aunque no fuera para mí.
¿Entonces es algo proactivo, programado, o te sientas a escribir cuando te visitan las musas?
No creo en las musas. Tengo mayor o menor predisposición en función de lo que leo, cuánto... y si tengo ganas. Tengo bastante interiorizados una serie de mecanismos que me sientan a escribir cuando quiero.
Lógicamente, hay emociones que activan: un enamoramiento reciente, una ruptura... que lo hacen más fácil, pero ahora lo que realmente me ha movido es un problema grave de salud, que además me ha acercado a la poesía confesional, que nunca había explorado antes. Ha sido determinante porque me ha cambiado la vida, mi calidad de vida, y también mi percepción de la misma.
También eres muy conocido por tu extensa trayectoria al frente de la asociación Esperanza Salnés, hoy desaparecida. Mucha gente se preguntará qué ha sido de ti desde entonces.
Su cierre supuso un batacazo para mí en todos los niveles. Fueron 24 años luchando por una causa y me dolió mucho. Ver cómo niños se quedaban en casa sin terapia o teniendo que acudir sus familias a gabinetes privados con un coste de tres o cuatro veces más... Creo que nadie salió ganando.
Justamente estos días se cumplen cuatro años. ¿Aún duele?
Lo tengo superado, quedó en el pasado. Precisamente por la enfermedad he ganado otra perspectiva, ahora la vida me obliga a tener que dedicarme a preservar mi salud y a tener la mejor calidad de vida posible. También me gustaría decir que fueron Fernando Arenaz y Jose Vaamonde quienes me animaron. Probablemente, sin su ánimo y su apoyo esto no habría sido posible.
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