Jiu Jitsu, el deporte que transforma el miedo en acomodo físico y emocional
El jiu jitsu femenino se ha convertido en un deporte al alza en Galicia. En ello tiene mucho que ver la vilagarciana Fátima Diz quien personaliza que no hay mejor defensa que el método y la voluntad ante las adversidades. Un deporte convertido en puerta de entrada al empoderamiento de la mujer.

Fátima Diz forma parte del grupo de entrenamiento Mulleres en Loita con integrantes de toda Galicia. | FdV
Hace escasas fechas, en el pabellón vigués de As Travesas, Fátima Diz subió al tatami de la Kimura Cup como invitada del colectivo Mulleres en Loita y participar en un combate contra la campeona canaria Vicky Isidro. Cuando el público aún estaba acomodándose a la tensión del arranque, el combate ya tenía dueña. Dos minutos. Una llave. Una rendición.
«Le hice una llave de jiu jitsu y la sometí», cuenta la vilagarciana con esa calma que solo se aprende en un lugar donde todo sucede muy cerca del cuerpo: el agarre, el equilibrio, el miedo, la decisión. Detrás de esa acción —tan breve en tiempo como definitiva en resultado— hay una historia que no se mide en asaltos, sino en años. Y quizá por eso el jurado de la competición la distinguió con el cinturón BMS, reservado para quien, más allá de ganar, deja huella.
La escena tiene algo de postal: la deportista de 45 años, la rival de 21, la grada pendiente de un movimiento que lo cambia todo. Pero el corazón del relato no está solo en el gesto técnico que cierra la pelea. Está en lo que ocurre cuando termina el combate y empieza lo importante: lo que esa victoria dice de una mujer que ha convertido la disciplina en refugio, y el refugio en proyecto compartido.
En Vilagarcía, muy cerca de la estación de tren, hay un local donde el suelo no es suelo: es tatami. Allí entrena y enseña Fátima Diz en el Dojo Berserkers, un espacio en el que caben varias artes marciales —capoeira, muay thai, MMA— bajo la supervisión del maestro João Paulo Alves Amorin, pero donde hay una práctica que está tirando de todo como un imán: el jiu jitsu. Y especialmente, el jiu jitsu entre mujeres.
La explicación de Diz es directa y desmonta mitos: «No va de golpeos. Va de sujeciones, inmovilizaciones, bloqueos. Es técnica para reducir a la persona con la que compites o a quien intenta agredirte». Es decir: un idioma hecho de control, paciencia y lectura del cuerpo ajeno. Un deporte que, para muchas, no es tanto «aprender a pelear» como aprender a no paralizarse.
El auge femenino en este arte marcial no es casualidad. Tiene que ver con el boca a boca, con la sensación de comunidad y con algo más profundo: el deseo de sentirse segura sin pedir permiso. De esa corriente han nacido redes como Mulleres en Loita, un movimiento que une a practicantes para entrenar juntas, organizar iniciativas y hacerse visibles sin necesidad de ponerse medallas.
Diz lo resume con una frase que suena a verdad de gimnasio: «Muchas mujeres no se atreven a dar el primer paso… pero las que se animan no dan un paso atrás». Porque lo difícil no es el primer derribo ni la primera caída: lo difícil es cruzar la puerta el día uno. Después, el cuerpo se acostumbra a levantarse.

Fátima Diz junto a sus compañeros en Dojo Berserkers. / Cedida
En el caso de Fátima Diz ese día uno llegó marcado por una herida que no se olvida. «Sufrí una agresión física hace 15 años», relata. A partir de ahí, su atracción por su deporte encontró efectos terapéuticos: «me dio una resiliencia que no encontré a través de terapia. El jiu jitsu me sacó muchos miedos y me ayudó a sentirme más segura».
Su energía sobrepasa las fronteras de su propia ciudad. No duda a la hora de recorrer Galicia con el grupo de trabajo Mulleres en Loita, gestionado por la directiva encabezada por María José Raja, fundadora del colectivo, para realizar entrenamientos y acciones sociales. Una de las más recientes en las que participó Fátima Diz fue un taller de defensa personal en Nigrán para colaborar con «Una cura para Mauri», pero ya con con su equipo Núcleo Equipos de Lutas, una iniciativa solidaria que busca recaudar fondos para investigar la enfermedad degenerativa de Alexander.
En Vilagarcía cada vez son mas las mujeres que encuentran acomodo físico y emocional en el jiu jitsu. Un grupo de trabajo, que va en aumento, y que muestra que el deporte tiene muchas victorias que no se contabilizan en medallas ni en reconocimientos externos, porque no hay mejor victoria que la que se gana a uno mismo.
La Kimura Cup le dejó a Fátima Diz una victoria rápida y un cinturón. Pero lo que de verdad se quedó en As Travesas fue otra cosa: la imagen de una deportista que compite con la precisión de quien ha aprendido a transformar el miedo en un método que dirige a la felicidad.
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