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El episodio tóxico, inusual en diciembre, asfixia la campaña navideña del mejillón

Las bateas gallegas suelen estar operativas el último mes del año, pero la mayoría siguen cerradas

Aún quedan 30 polígonos clausurados debido a la lenta remisión de la toxina diarreica (DSP)

La actividad en los polígonos abiertos es intensa.

La actividad en los polígonos abiertos es intensa. / Marta G. Brea

Manuel Méndez

Manuel Méndez

Arousa

Galicia sigue sometida a uno de los episodios tóxicos más importantes que se recuerdan. Hay que remontarse a 2020 para ver tantas bateas cerradas en pleno mes de diciembre y, en consecuencia, para ver tan amenazada la campaña navideña del mejillón.

Es cierto que esta mañana el Instituto Tecnológico para el Control del Medio Marino de Galicia (Intecmar) permitió reabrir dos polígonos en Arousa, el Pobra E2 y el Cambados D, otros dos en Muros–Noia y dos más en la ría de Vigo: Cangas E y Redondela A.

Pero también lo es que esto supone disponer de únicamente 21 polígonos aptos para la extracción en toda Galicia, donde hay otros treinta que siguen soportando los efectos de las toxinas lipofílicas del género diarreico (DSP).

Como ya se explicó hace días en FARO DE VIGO, la sucesión de temporales y las fuertes corrientes que generan, tanto pueden propiciar la entrada frenética de células tóxicas en las rías como dilatar la eliminación de las ya existentes en su interior.

Un camión con mejillón de las rías de Vigo, Pontevedra y Arousa enviado a Francia. |  M. Méndez

Un camión con mejillón de las rías de Vigo, Pontevedra y Arousa enviado a Francia. / M. Méndez

De ahí la persistencia de este episodio iniciado a mediados de octubre, que llegó a cerrar la práctica totalidad de las bateas de la comunidad, que consiguió desabastecer los mercados y que se está diluyendo mucho más lentamente de lo que suele ser habitual.

Por eso siguen cerradas absolutamente todas las bateas de los ocho polígonos existentes en la ría de Pontevedra, las de Baiona y dos de los cuatro polígonos localizados en Muros-Noia.

Tampoco se permite extraer mejillón en seis de los doce de la ría viguesa, como son el Cangas F, Cangas G, Cangas H, Cangas C, Cangas D y Vigo A.

En cuanto a la de Arousa, continúan temporalmente clausurados los Ribeira B y C, los Pobra H, G y B, los Cambados B y C –tanto el Norte como el Sur–, el Grove A y los cuatro de Meloxo: Grove C1, C2, C3 y C4.

La extracción, en consecuencia, está permitida –al menos los estaba hasta la tarde de ayer– en los dos de Ares-Betanzos, el Muros A, Noia A y, en lo que a Vigo respecta, los dos polígonos antes citados y los Redondela B, C, D y E.

En aguas arousanas, que es donde se ubican 2.300 de las 3.300 bateas gallegas, puede recogerse mejillón en los viveros flotantes de los polígonos antes citados y en los Pobra A, C y D, los Vilagarcía A, B1 y B2 y en los Cambados A2 y A1.

Como se decía al principio de esta información, no es habitual que el episodio tóxico otoñal suela prolongarse hasta diciembre. Cierto es que se repite cada año, como sucede con el primaveral, pero este tipo de fenómenos naturales acostumbran a limitarse a los meses de septiembre, octubre o noviembre, y casi nunca durante todo el trimestre.

El año pasado, por ejemplo, el único polígono bateeiro cerrado en diciembre era el Muros C. El episodio tóxico se había limitado en el conjunto de la comunidad a unas semanas puntuales de octubre y noviembre. Salvo en la ría de Pontevedra, que es siempre la más castigada y también sufrió los cierres en abril, mayo, agosto y septiembre.

Lo mismo que le sucedió en 2023, cuando se cerraron polígonos en esta ría, Vigo y Muros-Noia llegado el otoño. Pero aquel año ni una sola batea gallega estuvo inoperativa en diciembre.

Tampoco en 2022, cuando el episodio tóxico de primavera afectó a las rías pontevedresa y viguesa, junto con algunas bateas de O Grove, entre abril y mayo.

La mayor parte de las bateas gallegas siguen cerradas a causa del episodio tóxico otoñal.

La mayor parte de las bateas gallegas siguen cerradas a causa del episodio tóxico otoñal. / Marta G. Brea

El de otoño sí castigó a la mayoría de los polígonos mejilloneros entre julio y octubre, con cierres puntuales en noviembre, pero, hay que insistir, de nuevo con absolutamente todas las bateas disponibles en diciembre.

En 2021 sí se registraron cierres durante el último mes, en aquella ocasión solo con el Muros C y parte de la ría de Vigo como zonas damnificadas, permaneciendo sorprendentemente «limpia» la de Pontevedra, que ya había estado cerrada durante prácticamente todo el año.

Así pues, cabe insistir, la situación actual únicamente se asemeja –en lo que al último lustro se refiere–, a lo sucedido en 2020, cuando las bateas apenas abrieron unos días de enero y agosto en la ría de Pontevedra, limitándose las aperturas de la ría de Vigo a enero, julio y agosto.

Pero en diciembre de aquel año estuvieron inoperativas tanto en esas rías como la de Muros-Noia y los polígonos de O Grove, Cambados y Ribeira.

En resumen, que el sector mejillonero afronta un proceso tan natural e inofensivo para el consumidor como frustrante para los productores, que muy a su pesar mantienen buena parte de sus viveros cargados de un molusco comercial que no pueden llevar al mercado hasta que las biotoxinas bajen el ritmo, arriesgándose a perderlo todo a causa de los desprendimientos que pueden generar los temporales de este otoño-invierno.

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