Día Internacional de los derechos de los animales | Ana Encisa Veterinaria y vocal del Colegio Oficial de Veterinarios de Pontevedra
«A veces queremos que no actúen como animales y eso también es maltrato»
En una fecha como la de hoy de tanto significado para el cuidado animal, Ana Encisa analiza la situación actual de los animales convertidos en compañeros de vida. Una de las conclusiones es que la excesiva humanización de los animales puede conducir a perjuicios que en nada ayudan a su bienestar

Encisa destaca que existe exceso de humanización animal. / FdV
La situación de los animales domésticos y sus derechos dan lugar a una profunda reflexión por parte de Ana Encisa González. La veterinaria vilagarciana desgrana algunas de las situaciones comunes en la relación humano-animal.
—El 10 de diciembre se celebra el Día Internacional de los Derechos de los Animales. ¿Cree que la sociedad es realmente consciente de lo que implica?
Creo que convivimos con tres grandes posturas: quienes intentan situarse en un punto intermedio y razonan las cosas, quienes son incapaces de empatizar con el bienestar animal y, en el otro extremo, quienes han llevado la humanización al límite, como se ve a veces en redes o en determinados contenidos audiovisuales. Yo vivo en lo que se llama una «familia multiespecie», pero tengo muy claro que la prioridad es mi hija. A veces la sociedad se está yendo al exceso: hámsters con «embarazos psicológicos», propietarios que ahora son «tutores» o «personas convivientes», diagnósticos rarísimos sacados de internet… Algunas de las situaciones derivadas de esa humanización excesiva se recogen muy bien en la serie «Animal». También pasa que «doctor Google» siempre se lo sabe todo y da pie a mucha hipocondría aplicada también a los animales.
—Cuando hablamos de derechos de los animales, ¿qué derechos básicos ve irrenunciables?
Existe una tabla de bienestar animal muy clara: alimentación adecuada, descanso, salud, posibilidad de expresar comportamientos propios de la especie y ausencia de miedo y sufrimiento innecesario. A eso hay que añadir que cada raza tiene sus propias necesidades, y muchas veces nos enamoramos solo de la estética sin preguntarnos qué necesita ese animal. Ahora están de moda, por ejemplo, los caniches color chocolate, muy pequeños, que como «hacen un pis muy pequeño» casi no salen a la calle… y sí lo necesitan. Lo que más estimula a un perro, lo que le genera serotonina buena, es salir a oler micciones y defecaciones porque tienen muchísima información para ellos. Y lo mismo pasa con perros grandes encerrados en una finca: la clave es que puedan ser perros de verdad, no adornos.
—¿Nota un cambio en la sensibilidad ciudadana hacia el bienestar animal en los últimos años?
Muchísimo. Hoy hay mascotas por todas partes y cualquier negocio pet friendly se ha convertido en un nicho de mercado importante. Los hoteles que aceptan animales son un motivo para elegir destino. Sitios como O Grove tienen una playa fantástica para ir con tu perro. Cada vez estamos más concienciados y tener un animal en casa también hace a los niños más empáticos y sensibles: es el mejor antidepresivo, y sin efectos secundarios. Un niño tímido se empodera sacando a pasear a su perro. Yo misma, desde que adopté a Moka hace un par de años, descubrí que puedes ir con tu perro a casi todas partes. El problema es que, con la nueva Ley de Bienestar Animal, ha habido retrocesos: antes podías dejar al perro atado un momento a la puerta de la farmacia o del súper y ahora no, y eso, en la práctica, complica la convivencia. Es una ley con muchos grises.
—¿Cuáles son las vulneraciones de esos derechos que se encuentra con más frecuencia?
A veces los animales vienen a cubrir huecos emocionales y nos excedemos: perros hipervestidos, que van siempre en carrito, que no pisan el suelo «para que no huelan pises y cacas»… Hay personas que incluso prefieren tener un animal de compañía antes que hijos. El número de animales de compañía, sobre todo perros y gatos, se ha disparado, también en Vilagarcía, y eso tiene una parte muy buena, pero también implica más responsabilidad y más posibilidades de hacerlo mal sin querer.
—¿Hay casos que ilustren por qué sigue siendo necesario hablar de derechos de los animales?
La cara más dura del maltrato la vi en su día en clínicas rurales, cuando llegabas por la mañana y te encontrabas cajas con cachorros abandonados. Eso afortunadamente ha disminuido, pero sigue habiendo abandonos en las puertas de las clínicas. Y continúan los casos de animales atados sin acceso a agua, sin resguardo, o castigados por comportamientos que son totalmente normales en un perro o un gato. A veces pretendemos que no actúen como animales, y eso es otra forma de maltrato.
—Muchos propietarios están convencidos de que cuidan bien a sus animales, pero quizá cometen errores sin saberlo.
En creer que sus necesidades son las mismas que las de un humano. Nosotros abrazamos, apretamos, compartimos sofá, comida… y para ellos algunas de esas cosas son un estrés o un perjuicio, por mucho cariño que haya detrás. Con toda la buena intención del mundo, podemos dañarlos. No necesitan que los tratemos como bebés eternos, necesitan que respetemos sus tiempos, sus espacios, sus rutinas.
—¿Qué prácticas «normalizadas» generan sufrimiento evitable en perros, gatos u otras especies de compañía?
La principal: no dejarles ser más perros o más gatos. Falta de ejercicio, pocas salidas, demasiado tiempo solos y, al mismo tiempo, un exceso de comida y de premios. Ahora vemos muchísimos animales obesos porque comen con nosotros en la mesa, prueban turrón, helados, restos de todo tipo… Eso, trasladado a su organismo, es una bomba de relojería que genera enfermedades que podríamos evitar.
—En fechas como la Navidad, cuando aumentan las mascotas-regalo, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a las familias?
Que un animal no se regala, radicalmente. Es muy típico regalar una tortuga, un hámster, un conejo… pero todos necesitan unos mínimos de espacio, de enriquecimiento, de atención veterinaria. No es un juguete. Para que un animal llegue a casa tiene que haber consenso y compromiso en la familia. A los niños les encanta la idea de tener un perro, pero eso implica disciplina: paseos, recogida de excrementos, gastos, tiempo. Si no hay ese compromiso, mejor no dar el paso.
—Si tuviera que resumir en una sola idea lo que le gustaría que la gente recordase este 10 de diciembre, ¿cuál sería?
Que, aunque a muchos nos encantan los animales, no a todo el mundo le gustan, y eso también hay que respetarlo y a veces se nos olvida. Cada vez que vamos con una mascota debemos ser responsables: dónde hace pis y caca, si molesta al resto, si invade espacios… La tenencia responsable también implica pensar en los demás. Tener un animal no es tener «cualquier cosa»: es asumir una vida a tu cargo.
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