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La podóloga vilagarciana Iria Somoza trata el pie zambo en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf

Recién llegada del Sáhara, la podóloga vilagarciana Iria Somoza Paz impartió en los campamentos de refugiados de Tinduf formaciones sobre el pie zambo. Toda una misión sanitaria como integrante de Equipo Nómada que refleja una mayúscula voluntariedad en hacer bien a quien más necesita de ayuda.

Iria Somoza, primera por la 
izquierda, en la entrega de 
diplomas a los sanitarios 
locales. |  Cedida

Iria Somoza, primera por la izquierda, en la entrega de diplomas a los sanitarios locales. | Cedida

Vilagarcía

La podóloga vilagarciana Iria Somoza Paz acaba de regresar de uno de esos lugares que rara vez aparecen en los mapas, pero donde la cooperación internacional marca la posibilidad de un futuro. Durante cinco días, trabajó sin descanso en los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia), donde viven cerca de 200.000 personas, para formar a personal sanitario local en el abordaje de una deformidad tan incapacitante como tratable: el pie zambo.

Somoza viajó integrada en Equipo Nómada, una asociación que nació casi por casualidad pero que se ha convertido en un proyecto muy serio. «La asociación nació después de que en 2015 y 2016 coincidiéramos en Marruecos a través de un voluntariado con otra entidad. Nos conocimos allí y salió la idea de fundar nuestro propio colectivo», recuerda. Hoy el equipo lo forman las podólogas gallegas Iria Somoza y Marta Grela Fariña, la fisioterapeuta madrileña Eva Montero, la terapeuta ocupacional Cristina Morgades –madrileña afincada en Alemania– y la enfermera asturiana Patricia Díaz, que vive en Barcelona.

El viaje de la pasada semana era la segunda fase de un proyecto iniciado en septiembre, cuando Marta Grela fue por primera vez a los campamentos para hacer un registro de casos clínicos. «Fuimos sobre todo para hacer una formación con sanitarios», explica Iria. Al curso asistieron diez enfermeros y fisioterapeutas saharauis, encargados de la atención en las distintas wilayas, los núcleos poblacionales en los que se organizan los campamentos. La base del trabajo estuvo en Rabuni, donde se encuentra el hospital nacional.

Iria Somoza durante una de las formaciones.

Iria Somoza durante una de las formaciones. / Cedida

El territorio es enorme «como la provincia de Pontevedra», compara «y la población se distribuye en zonas controladas por el Frente Polisario y las autoridades argelinas. Se accede tras atravesar Argelia y pasar un control fronterizo que da paso a las wilayas, poblados con hasta 50.000 personas».

El objetivo: dotar a esos profesionales de herramientas para diagnosticar y tratar el pie zambo, una alteración congénita que deforma el pie de los bebés y que, sin tratamiento, condiciona toda la vida. «La incidencia es igual que en todos los países: uno de cada 1.000 nacidos tiene pie zambo. Aquí ya se trata desde recién nacidos, lo que lleva a una recuperación total, pero no sucede lo mismo en otras zonas no tan desarrolladas», explica la podóloga vilagarciana.

La clave está en el tiempo. «Si al niño se le empieza a tratar antes de los 3 años se le puede aplicar la parte conservadora del método Ponseti, a base de yesos y férulas. A partir de esa edad suele ser necesario el tratamiento quirúrgico, también dentro del método Ponseti», detalla. En esta misión pudieron ver de cerca seis casos clínicos, además de revisar todos los registrados en septiembre, entre ellos una familia con tres hijos afectados por pie zambo.

Una de las patologías tratadas en los días de la podóloga vilagarciana en el Sáhara.

Una de las patologías tratadas en los días de la podóloga vilagarciana en el Sáhara. / Cedida

Equipo Nómada ya piensa en la siguiente fase: una campaña quirúrgica que tendrá lugar en Semana Santa, del 30 de marzo al 5 de abril, en la que prevén operar a diez niños en estado más grave y tratar a otros con métodos conservadores. Para poder llevarla a cabo necesitan reunir fondos. «Cada expedición tiene un coste elevado porque tenemos que comprar el material, trasladar el equipo, dejar material a los sanitarios locales…», explica Somoza. La financiación llega a través de recaudaciones, eventos solidarios yalguna subvención esporádica como la que recibieron para la campaña de Camerún en 2024 de 3.000 euros. «Ojalá pudiésemos encontrar más ayudas institucionales», reconoce.

Porque, al margen del esfuerzo económico, está el personal. «Todas las compañeras tenemos nuestro propio trabajo, pero siempre intentas participar», dice la vilagarciana. La recompensa, subraya, va mucho más allá de lo profesional: «Te da una satisfacción enorme porque son ayudas que no puedes dar en tu lugar habitual. Hay mucho trabajo detrás de esos días, pero si puedes ayudar, la satisfacción es enorme».

En un rincón del desierto argelino, entre wilayas levantadas hace más de 50 años y niños que sueñan con correr sin dolor, la experiencia de Iria Somoza y de sus compañeras demuestra que la ciencia, la formación y el compromiso pueden cambiar la vida de una persona… y, a veces, de una familia entera.

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