El héroe de guerra que echó raíces en Vilanova
Manuel Sánchez Fernández llegó a Vilanova en julio de 1918, para trabajar como contramaestre de puerto. Poco después, su mujer falleció. Sánchez se casó en segundas nupcias, y tuvo un hijo con su nueva esposa. Más de un siglo después, una nieta suya rescata su fascinante historia de las garras del olvido. Este sábado, día 13, presenta su libro en Vilanova, y el 19 lo hará en O Grove.

Elvira Sánchez Pérez, ayer en el puerto de Vilanova. / Noé Parga
En 1898, España sufrió uno de los mayores traumas colectivos de su historia. Tras la humillante derrota en la guerra con Estados Unidos, el país perdió Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam. Lo poco que quedaba del Imperio, se desvaneció de la noche a la mañana. Y uno de los episodios más dolorosos de esa debacle histórica fue la batalla naval de Santiago de Cuba, en la que un marino natural de Ferrol, pero que pasados los años echaría raíces en Vilanova de Arousa, tuvo un papel protagonista.
Fue Manuel Sánchez Fernández, y más de un siglo después de aquella batalla, una de sus nietas se propuso rescatar su historia de las garras del olvido. El resultado es «Las cosas que no me contaste», libro que se presenta este sábado, 13 de diciembre, en Vilanova, y el día 19 en O Grove.
«Mi abuelo era una figura muy desconocida en mi familia, pero desde siempre recuerdo que mi padre tenía una foto suya en su despacho. Nos contaban que había sido un héroe de guerra y que su nombre aparecía en las páginas de la historia de España, pero no sabíamos mucho más».
Manuel Sánchez Fernández nació en 1868 en el seno de una familia humilde de Ferrol. No podía estudiar, ya que aquel era un privilegio reservado a unos pocos, de modo que a los 15 años se matriculó en una escuela de aprendices de marineros de la Armada. A los 17 ya estaba enrolado en los buques de la, aún, arrogante flota española. Empezaba así un periplo de tres décadas que le llevaría por Guinea Ecuatorial, Puerto Rico o Filipinas.
La vida de Manuel Sánchez Fernández dio un vuelco en 1898. España se esforzaba por conservar las últimas migajas de su Imperio, mientras una potencia emergente como Estados Unidos aguardaba con impaciencia y hambre un error de España.
La Guerra Hispano- estadounidense fue un baño de realidad para España y desembocó en una profunda crisis política, social y cultural, que marcaría a fuego a la llamada «Generación del 98». La batalla naval de Santiago de Cuba marcó el inicio del fin del Imperio español, porque supuso la derrota definitiva de la Armada hispana en el Caribe. La batalla se produjo el 3 de julio, pero en la víspera ya hubo escaramuzas entre las dos flotas; y es ahí donde se produjo la gesta que cambiaría para siempre la vida de Sánchez y de su familia.
El marino estaba enrolado en el acorazado «Vizcaya», y se abalanzó sobre una granada enemiga que había caído sobre cubierta. Mientras sus compañeros le gritaban que se apartase, Manuel Sánchez se abrazó al artefacto, lo recogió y lo arrojó al mar. Salvo el barco y a decenas de compañeros de una muerte segura.
María Elvira Sánchez Pérez es una de las nietas de Manuel Sánchez. «Vilanovesa por los cuatro costados», con ella misma se define, estudió para maestra y tras ejercer brevemente en su localidad natal, en 1979 la destinaron a Tenerife. Aquello, que entonces vivió con la angustia de un destierro, marcaría después su vida, hasta el extremo de que sigue viviendo en esta isla canaria. Pero desde hace unas semanas está en Vilanova de Arousa; ha vuelto a casa para presentar el libro sobre su abuelo, una biografía que la ha ocupado durante los siete últimos años y que ha titulado «Las cosas que no me contaste. Contramaestre Sánchez Fernández, marinero laureado».
«Nunca se me había pasado por la cabeza escribir un libro con la biografía de mi abuelo, era una historia que estaba ahí, pero sobre la que apenas pensaba», recuerda ahora la autora.
Todo cambió, sin embargo, gracias a un hallazgo casual en el desván de su casa familiar, cuando revolviendo en unas cajas se encontró con un manojo de papeles viejos: aquellos documentos amarillentos eran una parte del historial de su abuelo. «En aquellos papeles se hablaba de Puerto Rico, de Guinea... de las condecoraciones que le habían dado a mi abuelo, y me di cuenta de que en realidad no sabía nada de él, de que tenía una visión muy parcial de su vida. Y fue entonces cuando pensé que tenía que contar su historia, que si no lo hacía yo quedaría perdida para siempre en el olvido».
De modo que Elvira Sánchez empezó a seguir la pista de aquel chico pobre nacido en Ferrol el mismo año que Valle Inclán y que, gracias a su trabajo y dedicación, llegaría a ser cabo primero y contramaestre, además de héroe de guerra. «Después de lo ocurrido en el acorazado Vizcaya le abrieron un juicio contradictorio para decidir si era merecedor de una condecoración por acto heroico y le concedieron una Cruz Laureada de San Fernando, que es la condecoración militar más alta que puede darse en España», relata su nieta.
Hubo más distinciones, como las medallas de África, de Melilla y del Mérito Naval, y tras más de 30 años embarcado, Manuel Sánchez Fernández fue nombrado contramaestre de puerto. Trabajó en Cadaqués, Vilagarcía, Vilanova -donde se casó en segundas nupcias y tuvo un hijo, el padre de su ahora biógrafa- y O Grove, donde falleció de forma prematura y por causas naturales en 1922.
La Cruz Laureada iba acompañada de una pensión; y gracias a ese dinero, su hijo más pequeño pudo estudiar. Fue así como el padre de Elvira Sánchez Peña se hizo abogado y él, a su vez, ayudó a su hija a ser maestra... Y, de algún modo, puso la semilla del libro que ella escribiría décadas después.
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