Entrevista | María Galiana Actriz ganadora de un Goya
«Intento, y creo que lo consigo, que cada personaje tenga su propia verdad»
Mañana sábado el Auditorio de Vilagarcía tiene una cita teatral de primer nivel. La obra «Yo solo quiero irme a Francia» cuenta con un selecto cartel de actrices encabezado por la ganadora de un Goya, María Galiana. La que fuera parte fundamental de la serie «Cuéntame cómo pasó» vuelve a ejercer de abuela en una función ineludible para todos los amantes de la escena sobre las tablas.

La actriz alaba la calidad de la obra que se representará en el Auditorio de Vilagarcía. / FdV
María Galiana, a sus 90 años, sigue haciendo de la interpretación una maestría. El privilegio de la calidad artística de la ganadora de un Goya se podrá vivir mañana sábado en Vilagarcía con la obra «Yo solo quiero irme a Francia».
¿Cómo definiría su personaje en «Yo solo quiero irme a Francia»?
Mi personaje es un poco especial, y no quiero adelantar demasiadas cosas. Naturalmente, por mi edad, soy una señora mayor y la abuela de una de las protagonistas. En escena somos cuatro mujeres: dos chicas jóvenes, Alicia Armenteros y Anna Mayo, y Nieves de Medina, a la que mi personaje crió y que es la madre de mi nieta. Mi papel es el de controladora de estas chicas, sobre todo de la que se supone que fue mi hija y, por supuesto, de mi nieta. La cuarta es una advenediza que irrumpe en esa dinámica familiar.
¿Qué le sedujo del texto para decir este papel es para mí?
La obra llegó a mí a través de una amistad. Irene Vicedo, actriz de Cuéntame que hacía de mi nieta en la serie, es íntima amiga de la autora, Elisabeth Larena. Es la primera obra que ha escrito y, cuando Irene me pidió que la leyera, me sorprendió muchísimo. La función tiene muchísimo interés. Siendo una primera producción, posee una frescura y una lozanía que me llamaron mucho la atención. Es una obra muy original, me encantó desde el principio y dije que, si se ponía en marcha, me sumaría. En aquel momento yo estaba en otra representación en el Reina Victoria y también era una obra de cuatro mujeres, muy bonita, y pensé: «me voy a lanzar». Empezamos a ensayar el 1 de septiembre y el 17 de octubre la estrenamos en Avilés. Después la hemos hecho en Carballo, en Getafe —donde fue un éxito, con grandes ovaciones— y ahora nos toca recorrer Galicia.
Tiene una larga relación con los escenarios de Galicia. ¿Cómo vive el encuentro con el público gallego?
Galicia es una autonomía muy querida para mí. El teatro se ama mucho aquí y se nota. Hay sitios muy chulos, por ejemplo en A Coruña, con muchísima actividad. Los gallegos me encantáis: sois gente con verdadero interés, y eso se percibe. Yo he sido profesora muchos años, y esa experiencia te da una sensibilidad especial para saber si hay conexión con el público, igual que con los alumnos. Se nota cuando la gente está atenta a lo que pasa en el escenario.
Sin destripar la trama, ¿qué se va a encontrar el espectador en Vilagarcía?
Se va a encontrar la historia de una familia. La función está tratada de tal manera que es un acierto extraordinario: el público atiende porque le intriga lo que allí puede estar pasando. No se exponen de antemano todas las claves. No es una narración lineal; el público va intuyendo lo que ocurre. El punto de originalidad que tanto me llamó la atención es que la obra hace pensar al espectador. Le plantea preguntas, lo obliga a buscar un sentido a lo que está viendo. Produce una llamada de atención tan grande que, en las funciones, no se oye un solo móvil. Y eso es la demostración más clara del interés y la atención que despierta.

Un momento de la representación. / FdV
Usted llegó a la interpretación tras una larga carrera como docente. ¿Qué queda de la maestra en la actriz actual?
Fueron 40 años como docente, así que queda muchísimo. La relación con la gente joven me sigue gustando; yo daba 3º de Bachillerato en el antiguo plan y esa sensación de estar rodeada de juventud me ha servido mucho. Sigo muy interesada por sus problemas y por su vida. Por otro lado, estoy muy acostumbrada a tratar con profesionales: antes docentes, ahora actores y actrices. Siempre se me nota la vena de enseñante a la hora de querer defender mi razón (ríe). Y estoy francamente contenta: hace 25 años que me jubilé y, a mis edades, poder seguir trabajando me parece espectacular. Fui actriz en la universidad, en el TEU, y luego me dediqué a la docencia, que fue mi verdadera vocación. Jamás me hubiera imaginado esta segunda vida como actriz. Mi marido, que murió en 2008, llegó a verme ya entregada a mi papel en televisión, y nos mirábamos como pensando cómo era posible que estuviera ocurriendo algo así.
La experiencia concede el privilegio de mirar con perspectiva. ¿Esa experiencia le ayuda a la hora de elegir y preparar sus trabajos?
Claro, me marca la pauta. Trabajar por trabajar, a estas alturas, no. Ya no lo necesito; no me estoy labrando un porvenir (risas). Realmente hago lo que me gusta. En 2025 he intervenido en tres películas, porque el cine me gusta y lo he ido haciendo siempre que he podido. No hago todo lo que me proponen porque sencillamente no puedo. Las actrices mayores casi todas tienen trabajo, sobre todo en las series, pero tampoco hay tanta oferta: hay muchos actores y no hay trabajo para todos, ni mucho menos.
¿Siente que siguen faltando papeles protagónicos femeninos a partir de cierta edad?
Papeles protagonistas femeninos hay muy pocos. A los guionistas no les interesan demasiado los problemas y la vida que puede rodear a una mujer. La tendencia ha sido dar el protagonismo a los hombres; los guiones están escritos pensando en personajes de sus características. No hay tradición como en otros países, Inglaterra o Estados Unidos, donde hay una producción muy diversa y mucho más espacio para las mujeres maduras y mayores. Aquí eso está empezando tímidamente, pero aún falta camino.

La ganadora de un Goya con sus compañeras de reparto en «Yo solo quiero irme a Francia». / FdV
¿Su fama ayuda o estorba a la hora de que el público vea al personaje y no a María Galiana?
Son hitos que se quedan ahí… pero yo creo que el público ve las dos cosas. Ahí entra en juego la versatilidad del actor. Yo procuro que se olviden de Herminia, y creo que lo consigo. Para construir un personaje hay que darle la vuelta por completo: de la misma manera que, para hacer a Rosa en Solas, la transformé de tal manera que casi nadie la relacionaba conmigo, intento que cada personaje tenga su propia entidad y su propia verdad.
«El teatro es jugártela con el público y salir a cara de perro»
A la hora de aceptar un trabajo audiovisual, ¿qué es lo que más pesa en su decisión?
Que sea bueno y esté bien escrito. Que el personaje tenga peso y jugo, que no sea insustancial. Tengo mucha capacidad de juicio, estoy muy acostumbrada a analizar textos y creo que tengo intuición y capacidad crítica para seleccionar lo que me interesa.
¿Prefiere la intensidad del teatro o se siente más cómoda en cine o televisión?
El cine no es cómodo: es duro, no se hace con facilidad. Hay que tener en cuenta muchísimas cosas y tener una capacidad de concentración inmediata, porque, si no, se hace mal. La televisión también es muy dura: exige una memoria muy clara, atención constante, secuencias diferentes cada día… El teatro es otra cosa: es estar con el público y jugártela cada día. Tienes que salir «a cara de perro». Cada medio tiene lo suyo. Cuando se hacen comparaciones es como en el arte: no es mejor la pintura que la música o la literatura; son expresiones distintas. En cada medio el personaje se construye de manera diferente. En cine cuenta mucho más la intensidad de la mirada, los gestos; en teatro, la energía y la presencia. Ahora estoy haciendo teatro y me dedico en cuerpo y alma a ello.
¿Qué sensación le gustaría que quedase en el público de Vilagarcía tras ver «Yo solo quiero irme a Francia»?
Me gustaría que el público saliera diciendo: «Ha merecido la pena el esfuerzo, incluso desafiar al temporal Claudia; me alegro en el alma de haber venido al teatro». Que sientan que han pasado hora y media en otra galaxia y que se van a casa con la satisfacción de haber disfrutado de una gran función y de cuatro mujeres en escena que les han hecho vivir algo especial.
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