Entrevista | Luis Fernández Secretario de la asociación Alcohólicos Rehabilitados de Vilagarcía (Areva)
«Existe una línea muy fina entre puedo tomar un vino y necesito tomarlo»
Con motivo de la 13ª edición de las Xornadas sobre Alcoholismo que organiza hoy en el Auditorio la asociación Alcohólicos Rehabilitados de Vilagarcía (Areva), su secretario, Luis Fernández, repasa en esta entrevista los objetivos del colectivo, la evolución de las jornadas y la realidad actual de una adicción que sigue siendo, según él, «una enfermedad silenciada y mal entendida»

Luis Fernández valora la necesidad de no pasar por alto un problema tan devastador. / FdV
El secretario de Alcohólicos Rehabilitados de Vilagarcía (AREVA) subraya la necesidad de visibilizar la enfermedad y romper los estigmas sociales. Natural de O Grove, y con una década ya vinculado a la labor social en contra de una adicción tan devastadora, Luis Fernández muestra el presente de todo lo que concierne a la labor que se realiza en pro de recuperar el control de la propia vida para no herir más a nadie ni a uno mismo.
—¿Qué suponen estas jornadas anuales que hoy se celebran en Vilagarcía para Areva?
Para nosotros son una oportunidad para dar visibilidad a la enfermedad alcohólica, aprovechando que existen asociaciones a las que cualquier persona puede acudir en busca de apoyo. Desde Areva cubrimos toda la zona de O Salnés, y nuestro objetivo principal es luchar contra el estigma. No todos los alcohólicos son personas problemáticas o marginales; también hay muchos «alcohólicos de traje». Lo importante es que quien llegue a ese extremo sepa que no está solo y puede encontrar ayuda.
—¿Cómo es la dinámica y el desarrollo de estas XIII Xornadas sobre Alcoholismo?
La dinámica es muy completa. Por la mañana tenemos tres ponencias: la del profesor Manuel Isorna, la de Víctor José Villanueva, centrada en investigación sobre adicciones, y la del psiquiatra compostelano Jesús Gómez, que aborda las distintas variables de la enfermedad desde el punto de vista clínico. Las jornadas son abiertas a todo el público y con entrada gratuita. Después del descanso para comer celebramos una mesa de testimonios, la proyección de un documental y terminamos con un taller de risoterapia, para demostrar que podemos divertirnos sin alcohol.
—¿Habéis notado un crecimiento en la participación o en el impacto social del evento?
La evolución es lenta pero positiva. Cada año se implican más asociaciones y también los familiares de las personas afectadas. Desde el año pasado hemos visto mucha gente nueva en la asociación; algunos se animaron a asistir a las jornadas, vieron cómo trabajamos y encontraron aquí apoyo y solución. En Areva no hacemos terapia individual, sino de grupo, porque creemos en el poder de compartir experiencias. Es un espacio donde nadie te juzga y puedes abrirte con sinceridad.
—¿Cuál es el perfil del alcohólico actual?
En la gente mayor hay quien quiere salir y quien no, pero la juventud es la más difícil de concienciar. Los mayores son muchos los que se resignan a normalizar unos hábitos aun a sabiendas de todo lo negativo que les genera. En cambio, a los jóvenes les cuesta entender el daño que puede causar beber todos los fines de semana. No ven el riesgo de dependencia porque consideran que lo controlan.Por otro lado, hay un repunte claro entre las mujeres. Antes era un alcoholismo más silenciado, doméstico, pero ahora vemos a muchas mujeres que beben en público y que son conscientes de que pueden tener un problema. Eso es positivo, porque empiezan a reconocer la enfermedad.
«El alcohol es droga barata, legal y accesible»
La normalización social del consumo de alcohol es otra de las cuestiones relevantes en la dificultad de la tarea que está detras de una absoluta rehabilitación.
—¿Crees que la sociedad sigue minimizando el problema del alcoholismo?
Sin duda. El alcohol es una droga legal y socialmente aceptada, y eso la hace especialmente peligrosa. Siempre hay un motivo para brindar, para celebrar o para justificar el consumo. La sociedad te felicita si dejas de fumar, pero te pregunta por qué no bebes. Es una contradicción enorme: una droga legal, barata y accesible, pero que destruye familias y vidas igual que cualquier otra.
—¿Y cuál es tu mensaje final para quienes están pasando por esta situación?
Que se puede pelear por una segunda vida. No es fácil, pero vale la pena. La recaída forma parte del proceso; lo importante es volver a levantarse y seguir intentándolo. Nunca hay que rendirse. Lo esencial es dar el primer paso y saber que hay un lugar donde nadie te juzga y donde la recuperación es posible.
«El paso más importante es reconocer el problema»
—¿Cuántas personas forman parte actualmente de AREVA y cómo se organizan las terapias?
En la asociación tenemos entre 20 y 25 usuarios activos, pero también hay muchos familiares puesto que juegan un papel clave para la recuperación. Muchos familiares desconocen que el alcoholismo es una enfermedad y no un vicio. El alcohólico no bebe para colocarse, sino para evadirse del problema. La familia no lo entiende al principio, pero cuando ve el proceso terapéutico comprende que no se trata de falta de voluntad, sino de una dependencia física y psicológica. Realizamos terapia dos veces por semana, los martes y jueves, en nuestro local de la estación de autobuses de Vilagarcía. Siempre hay alguien disponible en la oficina. Antes de entrar en el grupo, la psicóloga hace una entrevista individual para valorar la situación. El paso más importante es reconocer el problema y querer cambiar. La voluntad es la base de todo.
—¿Cuándo una persona debería reconocer que es alcohólica?
Esa es la pregunta del millón. Cuando necesitas beber todos los días. Cuando el humor y el carácter te cambian si no lo haces. Existe una línea muy fina, casi imperceptible, entre el deseo y la dependencia, entre puedo tomar un vino y necesito tomarlo. Y esa línea solo se ve cuando intentas dejar de beber. El alcohol es la puerta de entrada a cualquier adicción. La desintoxicación física es la parte fácil: en diez días el cuerpo está limpio. Lo difícil viene después, con la adicción psicológica, cuando la cabeza no deja de dar vueltas.
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