Trump y la tasa de alcohol condicionan la prometedora cosecha de albariño
Rías Baixas espera pulverizar su récord, pero después habrá que vender el vino
UUAA plantea aumentar el rendimiento por hectárea, pero hay bodegas que se niegan

Un viñedo a tope de racimos, ayer. / Pedro Mina

Las propicias condiciones meteorológicas registradas en primavera y el arranque del verano dieron pie a una excelente floración en el viñedo, y la ausencia de grandes plagas o enfermedades hizo que el cuajado resultara tan positivo como lo están siendo los actuales procesos de cerramiento del racimo e inicio del envero, a las puertas ya de la maduración de la uva.
Con este panorama, los viticultores saben que este año, como se dice de manera coloquial, «haberá viño ata nas silveiras». Sobre todo si el tiempo no se estropea en exceso de aquí a finales de agosto y principios de septiembre, cuando empezará a recogerse el fruto.
Dicho de otro modo, que en la Denominación de Origen Rías Baixas se espera una vendimia de récord, superando incluso los históricos 44,3 millones de kilos obtenidos en el año 2023 y los 42 millones del pasado ejercicio.
Lo cierto es que se ve tanta uva y tanto racimo sano en la viña que algunos agentes implicados en el ciclo de cultivo proponen ampliar el rendimiento autorizado por hectárea, que es de 12.000 kilos para la variedad albariña. Es decir, sugieren que pueda recogerse aún más uva de la que ya se espera.
El problema, tanto si se hace como si no, está en las crecientes dudas que asaltan a los mercados y a los bodegueros, derivadas tanto del juego arancelario del presidente estadounidense, Donald Trump, como de las cada vez más exigentes normas de circulación, que limitan el consumo de alcohol al volante.
Se vende menos
En este caso hay que decir que reducir la tasa de alcohol lleva parejo un descenso de la venta de vino, y ese es otro de los handicaps que las bodegas tienen muy presentes.
De ahí que algunas se nieguen rotundamente a ampliar el rendimiento y ya comunicaran a sus proveedores que van a limitarse a los 12.000 kilos por hectárea, pues en caso de ampliarlo temen no tener después dónde colocar el vino, sobre todo si se alcanzan o incluso superan los 48 o 49 millones de kilos de uva.

Una parra con los racimos bien desarrollados. / Pedro Mina
Será el día 29 cuando el pleno del Consello Regulador de la DO Rías Baixas se pronuncie a este respecto, toda vez que se tratará una propuesta de la organización sindical Unións Agrarias (UUAA) para «incrementar los límites de producción hasta un máximo del 25%, como ya se hizo en el año 2011».
En aquel ejercicio se rozaron los 42 millones de kilos de uva, lo cual supuso 10 millones más que un año antes y 24 millones más que en la vendimia de 2012.
Considera UU AA que «muchos viticultores están detectando fincas con elevadas producciones que superan el límite de rendimiento por hectárea establecido y presentan parámetros de calidad óptimos».
Caída de precios
Aduce Manuel Dopazo, vocal de UU AA en el Consello Regulador, que «de confirmarse estas previsiones, muchos de esos viticultores superarán el rendimiento establecido en el reglamento de la DO, fijado en 12.000 kilos por hectárea, por lo que pueden aparecer compradores sin escrúpulos que pretendan hacer negocio con esa uva ‘en B’, lo cual causaría un grave perjuicio a los viticultores, debido al bajo precio de la uva, a las bodegas, a causa de la competencia desleal, y al conjunto del sector, por la mala imagen que se generaría».
De ahí que el sindicato apele al artículo 9.2 del Reglamento de la DO Rías Baixas, el cual establece «que los límites de producción podrán ser modificados en determinadas campañas por el Consello Regulador».
Oidio, viento, mildiu y botritis
A la espera de ver qué sucede en el pleno, hay que decir que la recta final de la campaña está siendo tan tranquila como lo fue su primera mitad. Hay que hablar por ello de calma ante ataques de mildiu u otros patógenos, pero siempre manteniendo la guardia alta, para evitar sorpresas. Incide en ello la EFA, donde explican que «no se puede descuidar la vigilancia».
Aunque también son conscientes sus técnicos de que «los diferentes modelos meteorológicos para los próximos días indican una elevada estabilidad climática, con vientos secos del norte o del nordeste y temperaturas muy altas, lo cual reducirá el riesgo de mildiu».
El único inconveniente en estos momentos, quizás, radica en esos vientos, ya que pueden llegar a condicionar la aplicación de tratamientos fitosanitarios.
Luminosidad reducida
Unos tratamientos que quizás sean necesarios para combatir el oidio, sobre todo si se registran condiciones de luminosidad reducida –nieblas o nubes–, ya que es así como mejor se siente este patógeno.
A la espera de ver cómo evoluciona el tiempo, la EFA insiste en pedir que se vigilen las viñas, ya que una infección por oidio puede «provocar la rotura de la piel de los granos y favorecer ataques de botritis y otras podredumbres secundarias».

Viñedos en Val do Salnés, ayer. / Pedro Mina
Hablando de botritis, la EFA recuerda que este patógeno oportunista encuentra su caldo de cultivo en las heridas y lesiones de los racimos, de ahí la importancia de que sigan estando tan sanos como hasta ahora.
Parece que así seguirán, pues las previsiones de tiempo seco para próximos días permiten augurar que, como sucede con la black-rot, este hongo permanecerá controlado. Al menos hasta que llegue el estadio crítico de la maduración.
Las variedades tintas empiezan a pintar
En relación con esto, decir que los técnicos de la Estación Fitopatológica de Areeiro (EFA) han podido confirmar que «poco a poco, la viña entra en la etapa de maduración».
Lo hace con el inicio del pintado, en las variedades tintas, y los primeros brillos de algunos granos de variedades blancas, sobre todo en fincas tempranas y si están expuestos a sol.
Se supera así la fase de cerramiento del racimo, que es cuando se fortalece la estructura del raspón y los granos van acomodándose a la vez que crecen.
Y se entra en el inicio del envero, cuando se generan los pigmentos que caracterizan a cada variedad de uva, de ahí que los racimos vayan coloreándose grano a grano.
Pronto llegará el pleno envero, con los racimos ya perfectamente formados y las uvas con semillas desarrolladas y mostrando su color y particularidades, al tiempo que se recubren de pruina, la capa cerosa que se encuentra de forma natural en la superficie de las uvas y se presenta como un recubrimiento blanco y polvoriento que las protege de insectos, rayos UV y lluvia, además de albergar las levaduras que propician la fermentación del vino.
El siguiente estadio fenológico, en apenas un mes, será el de maduración, es decir, cuando las uvas adquieran la madurez idónea según el criterio de los viticultores y enólogos para proceder a la vendimia, cuando los racimos han reducido su acidez y adquirido sus aromas singulares y los azúcares suficientes.
En definitiva, que la viña está en la fase decisiva de su desarrollo y las uvas ya lucen en las plantas, de ahí que «los pájaros empiecen a alimentarse de los granos debido a su contenido en azúcar», apuntan en la EFA.
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